Inicio
jueves, 02 de septiembre de 2010
La educación, ese gran afrodisíaco PDF Imprimir E-Mail
Calificación usuario: / 0
MaloBueno 
escrito por Margarita Labarca Goddard   
martes, 08 de julio de 2008
Don Sebastián Piñera dijo hace unos días: “Después de semanas de paros, piedras, violencia, encapuchados y bombas molotov, quiero aprovechar de dar una simple recomendación de sentido común: si queremos de verdad mejorar la calidad de nuestra educación, ¡los profesores a enseñar y los alumnos a estudiar!”.  Y yo le agregaría: y zapatero a tus zapatos y empresario a tus empresas y almacenero a tu almacén.

Porque ya me imagino a Luis XVI diciéndole a los “sans-culottes”, con el mismo sentido común: “los reyes a sus palacios y el populacho a sus chozas”. Y todo solucionado. No habría existido la Revolución Francesa ni la educación gratuita, por lo cual en Chile no habría piedras ni violencia de encapuchados (ni de carabineros) Ya ven, amigos míos, cómo una frasecita inteligente dicha en el momento oportuno, puede cambiar la historia.

La educación nunca ha sido gratuita, lo que tenemos que hacer es ver cómo pagarla, dice un economista de mucho prestigio.

Vaya, ¡descubrió la pólvora! Eso es lo que me gusta de los economistas, de repente hacen unos descubrimientos de pólvora que tiembla la tierra (no por la explosión sino por lo sorprendente del descubrimiento).

En todos los países del mundo la educación tiene un costo. ¿Acaso no hay que pagarles a los profesores, no hay que construir aulas, no hay que comprar tiza o lo que ahora haga las veces de tiza?

Tampoco la salud es gratuita, ni la previsión social, ni el agua, ni siquiera el aire, porque hay que gastar bastante para mantenerlo relativamente limpio. Aunque podría decirse que el sol y la lluvia son gratuitos, pero hasta por ahí no más, hasta por ahí no más. Porque si uno quiere tomar una buena asoleada, tendrá que escapar de la contaminación y hacer un viajecito a la playa. La lluvia todavía diría yo que es gratuita, pero es tan esquiva, que hay que hacer represas para juntarla. Y las represas y los canales son caros. Otras veces se desborda y provoca inundaciones carísimas. Ya ven, nada es gratis, y menos en esta época de negociantes (o de tenderos, como decía mi abuela)

No, amigos: educación “gratuita” quiere decir que los usuarios no la pagan, no quiere decir que el Estado no deba invertir en ella. Decir que la educación nunca ha sido gratis es una buena frase para un artículo, lo que encuentro muy razonable, porque de otro modo nadie los lee. Si yo titulara éste “La educación en Chile”, estoy segura de que muy pocos lo leerían. En cambio si le pongo “La educación no sirve para nada” o “Sin ninguna educación se puede llegar muy lejos: vea el ejemplo de Philip Thompson”, muchos más lo leerán. En fin, que se podrían buscar muchos títulos para atraer la atención del lector, incluso alguno como este de “La educación, ese gran afrodisíaco”, que siempre son un exitazo, aunque después el artículo no tenga nada que ver con el título.

Pero bueno, volviendo al caso, todos sabemos que la educación y otros servicios le cuestan dinero al Estado, ¿acaso creemos que las cosas llueven del cielo? Nada de eso; Dios no nos proveyó de servicios gratuitos, desgraciadamente.

Entonces diremos que estamos de acuerdo en que la educación cuesta, pero que debe ser gratuita. Así de simple, porque antes, mucho antes de ahora, en tiempos que para los jóvenes y para los economistas deben ser muy remotos, la educación pública era gratuita en Chile y los colegios particulares –que eran muy pocos- no tenían subvenciones y no se venía el mundo abajo. Y la educación sigue siendo gratuita en muchísimos países y tampoco pasa nada. Yo estudié en la Universidad de Chile y nunca pagué un centavo, y las otras universidades también eran gratuitas, como la Católica y la de Concepción.  Había muy pocas, porque a nadie se le había ocurrido todavía que la educación podía ser un gran negocio.  Los estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que cuenta con cientos de miles de alumnos y ha sido calificada como la mejor de Latinoamérica, tampoco pagan un centavo, y México no es ningún país socialista ni nada que se le parezca.

La educación pública debe ser excelente y masiva y la tiene que dar el Estado y pagarla el gobierno. Y a los colegios privados el Estado no les debe dar subvenciones, porque los negocios particulares se tienen que rascar con sus uñas Y si no, ¿dónde queda el libre mercado y la ley de la oferta y la demanda? Seamos consecuentes, señores, o creemos en el libre mercado o no creemos en él. Porque las verdaderas y auténticas teorías de Milton Friedman consisten en que el estado se retire de todo, y que deje en libertad a los ciudadanos para hacer sus negocios, entre ellos la educación, porque estos ciudadanos son mucho más eficientes y honestos que el Estado. Por lo tanto, nada de subvenciones, que estaríamos traicionando al gran Friedman. 

La educación pública en Chile es otra cosa: de ella el Estado aún no se ha retirado totalmente, aunque para allá va, para allá va, y mientras tanto tiene que financiarla.

Y otra cosa que no me gusta de esto que dice algunos economistas, es que tenemos que ver cómo pagarla. ¿Por qué tenemos que ver cómo pagarla? Si no nos dejan opinar sobre cómo debe ser la educación, ¿por qué tendríamos que decir cómo pagarla? Para eso está el gobierno. Para eso elegimos un gobierno de izquierda –bueno, de centro-izquierda, pero como Bachelet es socialista…-  para que fuera viendo cómo financiar los servicios, la educación, entre otros, con el presupuesto público, y cómo aumentar el presupuesto público cobrándoles a los ricos lo que deben pagar. Sencillo, ¿verdad?

Pero, señores, ahora todo hay que consensarlo. Ningún gobierno puede hacer nada si no está de acuerdo con la oposición, porque según dicen, no tienen mayoría parlamentaria, no hay manera de sacar leyes con los puros votos del gobierno.  Entonces, para qué se hacen elecciones entre listas separadas, me pregunto yo. Mejor hagan una sola lista, y ya está. Se ahorrarían los gastos de campaña.

En tiempos de Salvador Allende tampoco había mayoría parlamentaria. ¿No lo sabían, jóvenes y menos jóvenes que no vivieron esa época? Pues no, no había mayoría parlamentaria No se podía dictar ninguna ley nueva ni cambiar ninguna de las antiguas.  ¿Y entonces no se pudo hacer nada? Claro que se pudo, y vaya que se hicieron cosas, muchas cosas, todo el mundo lo sabe y lo reconoce ahora. ¿Cómo? Pues con voluntad, con decisión, con terquedad, con cojones, con el apoyo del pueblo. En fin, como debe trabajar un gobierno de izquierda ¿no?

Entonces, concluyamos que desde la Revolución Francesa la educación ha sido gratuita y que no por eso se ha derrumbado el mundo, y que la manera de costearla que la busque el gobierno  -claro, siempre que no se la cobre a los estudiantes- que para eso tiene suficientes economistas y funcionarios bien pagados a fin de que puedan encontrar la plata. Porque que la hay, la hay. O debería haberla. Eso también lo sabe todo el mundo; no crean que porque han liquidado a toda la prensa de izquierda vivimos en la luna.

MARGARITA LABARCA GODDARD
Comentarios
Añadir nuevo Buscar
Escribir comentario
Nombre:
Email:
 
Título:
 

3.26 Copyright (C) 2008 Compojoom.com / Copyright (C) 2007 Alain Georgette / Copyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved."

 
Comparte con:
Delicious
Furl it!
Spurl
NewsVine
Digg
YahooMyWeb
Información sobre el procedimiento de arbitraje

Discursos y textos de Salvador Allende
Fondo de ayuda a las víctimas del alzamiento de bienes y blanqueo de capitales


Medio asociado

La Jornada