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martes, 09 de febrero de 2010
La corrupta Pascua Lama PDF Imprimir E-Mail
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escrito por Antonia Fortt   
viernes, 30 de diciembre de 2005

La Corema de la III Región pronto debe decidir si el proyecto Pascua Lama califica ambientalmente o si envía nuevas preguntas a la minera Barrick Gold, una compañía que desde su llegada a Chile ha mantenido oscuras y tensas relaciones con la ciudadanía y el gobierno.

Cinco años atrás, la minera Barrick no declaró en la línea de base del Estudio de Impacto Ambiental la existencia de 3 glaciares -Toro I, Toro II y Esperanza-  en el área de influencia del proyecto Pascua Lama. Fue uno de los agricultores del Valle del Huasco el que notó esta situación y obligó a la minera y a su vez a la COREMA a exigir la presentación de un plan de manejo de glaciares dado que estos no podían ser intervenidos al encontrarse en una región altamente dependiente de las aguas cordilleranas.

En abril del 2005 Barrick Gold presentó un Plan de Manejo de Glaciares débilmente argumentado y con claras faltas de información, extrapolaciones de datos fuera de lugar y afirmaciones sin sustento científico. Ante esta burla, la Corema en el segundo informe consolidado de aclaraciones señala que: “el proyecto no es capaz de sustentar que no afectará de manera adversa y significativa la cantidad y calidad de los recursos naturales renovables, en especial el agua. No es posible acreditar la normativa ambiental, y faltan antecedentes”.

Dos meses después Barrick Gold firmó un Protocolo de Acuerdo con algunos directores de la Junta de Vigilancia del Valle del Huasco ofreciéndoles 60 millones de dólares si el proyecto se aprueba, y $200.000 millones de pesos para contestar juntos las preguntas hechas por la Conama al mencionado plan. Este protocolo no fue firmado por uno de los directores, Mauricio Perelló, pues no creyó en las promesas de sustentabilidad de la minera.

Esto no sólo se trata de una injusticia a los demás regantes del valle, a quienes no se les informó en su momento del protocolo, sino una clara falta de ética al proceso de evaluación que se enmarca en la Ley 19.300 de Bases del Medio Ambiente, dado que en este caso los regantes deben involucrarse en el proceso de participación ciudadana y no en las respuestas a la Corema, que corresponde a la minera.

Luego, Barrick Gold y los pocos regantes del protocolo, contratan “expertos extranjeros” para estudiar dicho plan. Una de las conclusiones de tan prestigiosos científicos es cambiar la clasificación de los glaciares, ahora se trata de “reservorios de hielo”, por lo que la minera ya no tendría como obstáculo el tema de trasladar los glaciares a su gusto.

Finalmente, hace unas semanas el Protocolo de Acuerdo, con el fin de ser validado por el resto de los regantes, es presentado a todos los miembros de la Junta de Vigilancia y es aprobado. ¿Las razones? La votación no es hecha de tal manera que una persona es un voto, sino que una persona tiene la cantidad de votos equivalente a la cantidad de acciones que posee en la Junta, por lo tanto, sólo 6 personas de más de 100 regantes tenían el 93% de los votos y eso bastó para que el protocolo se aprobara.

Esta historia no termina y seguramente seguiremos con sorpresas de toda índole hasta que Barrick Gold logre desarrollar su tan preciado proyecto de oro. En un valle que sólo conoce de agricultura y donde recién comienza un turismo rural, de aprobarse este proyecto el ecosistema y sus habitantes serán aplastados una vez más, ya que en este país los intereses económicos priman por sobre los intereses de las personas que viven en él.

 

ANTONIA FORTT, INGENIERO CIVIL AMBIENTAL

OCEANA, OFICINA PARA AMÉRICA LATINA Y ANTÁRTICA

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