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Durante mis estudios de Derecho en la Universidad de Chile (1947-1951), y mi participación en las actividades de la Federación de Estudiantes de Chile (FECh) y la Confederación de Estudiantes Universitarios de Chile, tuve el privilegio de conocer y establecer lazos de amistad con una brillante generación de jóvenes de la Falange Nacional, con los cuales debatí públicamente temas de actualidad nacional e internacional desde la perspectiva de la izquierda marxista.
Más tarde, esos jóvenes ocuparon cargos muy relevantes en los destinos de nuestro país y han conservado siempre, no obstante los matices y diferencias políticas e ideológicas que los han sigularizado, una trayectoria ética ejemplar. Esos “falangistas”, sus continuadores y discípulos participaron en forma destacada en todos los grandes procesos democráticos y las profundas transformaciones económicosociales –como la Reforma Agraria y la Nacionalización del Cobre-, motores del progreso experimentado por Chile en el siglo XX. En esos años, los falangistas universitarios tenían como fuente de inspiración filosófica al “padre Hurtado”, un sacerdote estigmatizado como “cura rojo” por los conservadores y sectores poderosos de la jerarquía católica, como el Obispo Salinas, que logró excluir al sacerdote de la Acción Católica de Jóvenes. En el plano político, Frei, Tomic y Leighton eran los líderes indiscutidos de los falangistas universitarios, que eran buenos alumnos, muy elocuentes, combativos y con un alto grado de formación ideológica. Recuerdo, entre muchos otros, a Andrés Aylwin, Narciso Irureta e Ignacio Alvarado de la “U”; a Julio Silva Solar y Jacques Chonchol de la U.C. y Alberto Jerez de la “U” de Valparaíso. En 1948, gobernaba Gabriel González Videla, elegido por una coalición en la que el P.Comunista jugó un papel decisivo. Ese Presidente “laico” y “ultraizquierdista”, con carnet del P.Radical, pero “comunista de corazón”, protagonizó una burda traición política que culminó con la aprobación Ley de Defensa Permanente de la Democracia (Ley “maldita”). Por delitos “ideológicos” miles de chilenos fueron borrados de los registros electorales, perdieron su calidad de ciudadanos y sus puestos de trabajo. Muchos dirigentes sindicales y políticos fueron enviados al campo de concentración de Pisagua En medio de esa represión, los falangistas universitarios solidarizaron con los estudiantes comunistas y jamás permitieron que en las universidades se aplicara la Ley “maldita”. La derecha, incapaz de enfrentarse en el plano ideológico con esa generación de universitarios que más tarde se convirtieron en profesionales de prestigio, en intelectuales muy lúcidos y destacados parlamentarios o ministros de Estado, los motejaba de “tontos útiles de los comunistas”. Puedo dar testimonio objetivo de que los universitarios falangistas en sus polémicas con los universitarios comunistas mantuvieron siempre una posición de principios: jamás dejaron de manifestar su repudio a la explotación de los trabajadores por el sistema capitalista, pero tuvieron la lucidez de condenar a la burocracia staliniana por su política totalitaria y su régimen capitalista de Estado. Con distintos matices, nuestros “adversarios” falangistas comprendieron, ya en esa época, que la democracia es una conquista histórica irrenunciable de las fuerzas progresistas, y que no es lo mismo la socialización de los medios de producción que su estatización en poder de una burocracia que controlaba el aparato del Estado y se apropiaba de la plusvalía producida por los trabajadores. Durante la dictadura “cívico-militar” más sanguinaria y corrupta de nuestra historia, los “falangistas”- junto a otros valientes abogados de “derechos humanos” - asumieron la defensa del pueblo, en particular de los campesinos ejecutados y desaparecidos por el “delito” de haber impulsado la Ley de Reforma Agraria. Casi todos esos “falangistas” fueron perseguidos, exiliados y relegados. Los que lograron permanecer aquí, como Andrés Aylwin y Roberto Garretón, continuaron jugándose la vida en defensa de los “prisioneros de guerra”, cualquiera fuese su ideología o credo religioso. He descrito muy someramente la trayectoria de estos chilenos, auténticos HUMANISTAS CRISTIANOS o HUMANISTAS “a secas”. ¡Cuán demagógica, hipócrita y sectaria es la campaña publicitaria de los dueños del Poder Económico y Mediático, que han creado una de las sociedades más desiguales, excluyentes y discriminadoras del planeta y que, ansiosos de controlar también el Poder Político, tapan su desnudez ideológica con el manto ajeno del “humanismo cristiano”!
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