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martes, 09 de febrero de 2010
Dejen que Evo Morales gobierne PDF Imprimir E-Mail
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MaloBueno 
escrito por Luis de Velasco   
lunes, 09 de enero de 2006

Ha sido mucho el espacio —hablado y escrito— que los medios de comunicación en nuestro país han dedicado a la reciente visita de Evo Morales, presidente electo boliviano. Algunos de ellos han acreditado un gran desconocimiento de la historia y la realidad actual de ese país y otros han mostrado un cierto reflejo racista, de bondadoso paternalismo o, incluso, de desprecio hacia alguien que no es blanquito, que “no es uno de los nuestros” y que va a presidir su país y que, además, tiene la desfachatez de presentarse, incluso al ser recibido por el Rey, vestido con un jersey. Otros, como el corresponsal en Madrid del New York Times, han hablado de “frío recibimiento” (hay que preguntarse qué entenderá por recibimiento caluroso).

Bolivia es un país, sin salida al mar, con más de un setenta y cinco por ciento de población indígena, con una renta por habitante inferior a la décima parte de la española y con más de dos tercios de la población viviendo en la pobreza. Es el país más pobre de América del Sur. No es exagerado afirmar que una gran parte de su población indígena vive como en tiempos de la conquista y de la colonia y que esos más de quinientos años de humillación, marginación y desprecio se han concretado ahora en la victoria electoral irreprochable —hasta para Estados Unidos, a pesar de sus esfuerzos en contra— de uno de los suyos que va encarar una tarea de enorme complejidad y dificultad porque, además, no tiene mayoría en el legislativo.

Bolivia ha sido un país tradicionalmente dominado por unas pocas familias oligárquicas —la denominada “Rosca”— y unos partidos y políticos corruptos
—hoy barridos— y que ha aplicado, con sonoros fracasos, toda clase de recetas neoliberales dentro del llamado “Consenso de Washington”. País de larga tradición de lucha popular y sindical, con importantes reservas de gas y con la clara división territorial, étnica y económica entre el Oriente, donde esta Santa Cruz de la Sierra, y el resto del país, división agudizada en los últimos tiempos. País productor de hoja de coca, consumo ancestral de los indígenas. Éste va a ser uno de los caballos de batalla con la Administración Bush, que tiene siempre la amenaza de la “descertificación” como elemento de chantaje y que, como todas las administraciones de ese país, olvida que el tema del consumo de droga es no tanto de oferta como de demanda.

Así, los principales problemas de Morales van a ser con la Administración norteamericana que, desde años atrás, ya le manifestó su clara hostilidad. Inmediatamente después de su victoria, el Departamento de Estado calificó la situación como “potencialmente nuestra peor pesadilla”, y la Sra. Rice declaró que “el problema central es si gobernará democráticamente” (sería interesante que esta misma Administración aplicara ese criterio a grandes amigos y aliados como, entre otros, Egipto, Pakistán, Marruecos, Uzbekistán, Kazajstán o Arabia Saudí). Las declaraciones de Morales en algún medio, calificando a Bush de “terrorista” y a la guerra contra Iraq de “terrorismo de Estado”, pueden no ser políticamente correctas en un presidente electo, pero lo cierto es que millones de personas, incluso en Estados Unidos, estarán de acuerdo con las mismas.

La visita a Madrid de Morales le ha servido para modular declaraciones sobre el tema de las inversiones extranjeras en su país. Morales, que sin duda es persona inteligente y con una larga trayectoria sindical y política, sabe perfectamente que políticas como las aplicadas por Allende en Chile en los setenta de expropiación de los recursos naturales y de enfrentamiento frontal con los poderes económicos foráneos se acabaron con el bombardeo de La Moneda por los golpistas y que la globalización de la economía, especialmente en las inversiones y los flujos financieros, ha extendido el certificado de defunción para esos proyectos que hoy ya no existen en ninguna parte, ni siquiera en Bolivia. Claro que entre esas políticas y lo que tradicionalmente se ha denominado como el “saqueo imperialista” o, dicho de otra manera, la obtención por parte de inversiones extranjeras de rentabilidades increíbles, existe un punto intermedio y es el que Morales parece que va intentar alcanzar. Objetivo: lo dejó entrever cuando afirmó no querer dueños sino socios. Procedimiento: renegociación de contratos con mayores impuestos y regalías y participaciones conjuntas en el capital, o sea, método Chávez. Es una magnífica oportunidad para que las grandes empresas españolas con inversiones en ese país demuestren que la cacareada “responsabilidad social corporativa” es algo más que obras de caridad y palabrería para la galería.

Tiempos difíciles y convulsionados, una vez más y es una constante en su agitada historia, se abren para la sufrida población boliviana. Más que las palabras, dejemos que sean los hechos los que hablen. En esos hechos, lo que decida la Administración norteamericana será, una vez más en ese continente, decisivo aunque, afortunadamente, la época de sus “soluciones”, vía golpes de Estado, parece haber pasado a la historia. Aunque nunca se sabe.

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