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Zeus, el gran cretino, decretó que el joven virgen, Sebastián, se enamorara de la primera imagen o persona que viera. Sebastián Narciso vio reflejado en el lago Caburga su abundante y canosa cabellera y, al instante, quedó prendado de sí mismo: soy el más bello y el mejor del curso, luego, el mejor profesor de la universidad de Harvard; soy el único hijo de empleado público que, en menos de lo que canta un gallo, me he convertido en millonario y, además, soy mucho más profundo que Jacques Maritain.
Los cretinolandeses, además de olvidadizos, son incapaces de distinguir una cosa de otra: el papá de Narciso, don Pepe, era un empleado de alta categoría, un cuadro profesional en la CORFO, y un embajador; nada tiene que ver con el papá de Cantinflas, quien era solamente un cartero, que vivía con un bajísimo sueldo fiscal y las propinas de los receptores de cartas. No sé por qué Narciso y la gordita Michelle insisten en resaltar sus méritos académicos que a nadie le interesa en este país de ignorantes y cretinos: ¿a quién le importa que Michelle hable cinco idiomas? ¿A quién puede interesarle que Narciso haya terminado con honores en Harvard y que juegue con las cifras? Todo esto no es, ni más ni menos, que narcisismo. La única fuente de placer, en el período de Daniel López Pinochet, era la especulación y el dinero: ¿quién tiene más cartas de crédito? ¿Quién compra el auto último modelo? ¿Quién tiene la casa más grande y protegida? ¿Quién compra más baratas las empresas fiscales? ¿Quién estafa mejor al prójimo? ¿Quién crea mejores cutufas? Narciso era un genio en el juego financiero: sabía con precisión la empresa que iba a dar mayor rentabilidad, cuándo era más oportuno vender las acciones, cuál de ellas iba a ser comida por los buitres extranjeros, cuál y cuándo se iban a fusionar. Total, las empresas que se transan en la Bolsa son muy pocas y pertenecen a dos tres millonarios, el perfecto monopolio. Narciso era, de lejos, el mejor inversionista chileno: su consejo financiero era muy superior al de John Thomas North, el rey del salitre; sólo mucho después, a pesar de la complicidad de la Concertación, el Congreso norteamericano descubrió que un tal Daniel López era el mejor de los narcisos financistas chilenos, el único mago que es capaz de asegurar una rentabilidad del 30% anuales, es decir, 300% en diez años y 3.000% en un siglo. Sólo los amargados y pesimistas no le creen. Narciso Piñera no era adepto a Daniel López. Incluso, le gustaba el arribista Eduardo Frei Montalva; asistía, con su padre, a las manifestaciones del NO en el teatro Caupolicán y después de almuerzo se dedicaba a atesorar acciones de empresas privatizadas. En Cretinolandia las cosas cambiaron radicalmente: de seres despreciables y explotadores, los empresarios pasaron a ser los santos modernos; incluso, se sabe que hay un proceso de beatificación de un empresario chileno. Narciso encabeza una creación de la Concertación llamada derecha liberal; Narciso Piñera es adorado por los derechistas conversos, Boeninger y el guatón Correa; en el fondo, da lo mismo. Nadie se explica, hasta ahora, por qué Narciso no dio el paso a la Democracia Cristiana de derecha. A lo mejor, hubiera sido su líder indiscutido. ¿Por qué Narciso seguía soportando al huaso medio fascista Onofre Jarpa o al pinochetista Cardemil o al siútico del negro Romero? Nadie quería a Narciso, pues sabían que era un traidor y, con razón, odiado por el financista Daniel López Pinochet. Narciso, impulsado por el amor a sí mismo, conspiraba con el sacristán jesuita Pedro Pablo Díaz para poner en ridículo a la fierecilla domada Evelyn Mattei; como Cretinolandia es repugnante, no faltaron agentes militares secretos que grabaron su conversación con el sacristán, en la cual tramaba dejar en ridículo, como una tontuela cualquiera, a la rubia Evelyn; ahí se manifestó, públicamente, su concepción machista de la mujer: son sólo un útero o un adorno. Los niños beatos del Sagrado Corazón de Jesús fueron creciendo, en votación, cada vez más y hegemonizaron la derecha. Renovación Nacional era, apenas, una montonera dividida y carente de líderes: Narciso era un problema para los angelitos de la UDI, cuando quería entrar a Jerusalén, el guatón Moreira incitaba a la chusma a tirarle piedras: ahí va el capitán Veneno, que ridículo se ve montado en burro; el Cristo de Elqui, Pablo Longueira, gritaba: arrepentíos, Satanas está entre nosotros; el arcángel Lavín, en esos tiempos poderoso, expulsó del paraíso a Narciso, pero este no es un hombre común y corriente: se dedicó a atesorar más riquezas durante un tiempo cuando, súbitamente, sonaron las trompetas y los diablillos de RN lo ungieron candidato presidencial. Narciso no cabía en amor por sí: nada de transacción, mi candidatura va hasta el fin y seré dueño de Chile. Narciso no quería a nadie, sólo podía tirarle la cola, de tiempo en tiempo, a su gatita preferida, Carmen Ibáñez, y obligar a tocar la campana, a su paso, al beato Pedro Pablo Díaz; como los reyes orientales, la rubia floridana, Lily Pérez, le tendía una alfombra de flores a su paso. Narciso le ganó, en primera vuelta, al arcángel Lavín, quien tuvo que humillarse y apoyarlo por el triunfo de Michelle. La verdad es que la mayoría de los udiosos están de vacaciones y no piensan votar por el traidor Narciso; en el fondo de su alma siguen adorando a Daniel López Pinochet. Pero como son habitantes de Hipocritalandia, jamás lo dirán para no perder algunos carneros que, siendo pobres, les gusta votar por los ricos, pues creen que los millones les serán transferidos por obra y gracia del Espíritu Santo; tampoco faltan los guillotinados que adoran a su verdugo. Narciso sabe muy bien que en cinco días no va a poder conquistar al estrato de mujeres pobladoras, mayores de cuarenta años, que votaron por el arcángel Lavín porque les ofrecía bienes como lentes, canastas familiares, y otros. Narciso es frío, es racional, calculador, sabe de cifras, pero no de sentimientos ni de emociones. De los famosos indecisos poco se puede decir: en general, votan por el más fuerte en las encuestas de opinión. Como Narciso Piñera es inteligente, no ha invertido ni un peso en una campaña que sabe perdedora, la única apuesta válida es si es el 5% o el 3% de diferencia respecto a Michelle Bachelet, es decir, entre 350.000 y 150.000, respectivamente. A la UDI no le conviene que Narciso logre una alta votación, pues se convertiría en el líder de la derecha y no habría ninguna posibilidad para el Cristo de Palo Longueira, en 2009. Como este panorama se está aclarando cada día más, ayudado por los diarios de derecha como La Tercera que, a siete días publica una encuesta que distancia a Bachelet de Piñera por 11 puntos, solamente remontable si el segundo conquista a todos los que no responden, anulan su voto o están indecisos. Está claro que la actual composición del cuadro político está pegada con moco y, es seguro, que algún día se va a caer, pero prever el porvenir no es tarea de un columista. Rafael Luis Gumucio Rivas Powered by AkoComment 2.0! |