Domingo, 22 de Enero 2017

Crisis Sistémica

Privatizar, privatizar y privatizar

Publicado el 26 Diciembre 2010
Escrito por Marcos Roitman Rosenmann

wall-streetHace ya tres décadas que el capitalismo muestra su verdadera cara. Nunca ha sido un sistema integrador. Tampoco un orden social compatible con la democracia, ni siquiera la representativa. Cuando ha podido, querido y necesitado, la burguesía se ha saltado y violado sus propias normas. Los ejemplos son muchos. Su mano ha estado siempre en los golpes de Estado contra gobiernos progresistas, de izquierda, nacionalistas y antimperialista. No hace falta insistir en ello. Los ejemplos históricos se pueden extraer de los cinco continentes. Pero tampoco, si hace falta, renuncia a patrocinar fraudes electorales cuando es menester. Igualmente se adhiere a las prácticas corruptas si en ello les va la bolsa. Asimismo prefieren el tráfico de influencias al juego limpio cuando se trata de aumentar sus ganancias. Y si alguien osa mostrar su desacuerdo, y señalar que juegan con las cartas marcadas, es perseguido hasta su total destrucción.

Casas de latrocinio, venta de armas, trata de blancas, esclavitud infantil, comercio de órganos humanos, nada escapa a su voracidad. Negar dichas verdades como si se tratasen de problemas ajenos al capitalismo les quita el sueño. Cada día es más difícil ocultar lo evidente. Una realidad de hambre, miseria, desigualdad y muerte son los buques insignias del capitalismo. Para evitar su total descrédito se ha montado un aparato publicitario multimedia. Su función es divulgar y propagar los beneficios de la economía de mercado a como dé lugar. Su fuerza y triunfo parcial, radica en el control cuasi omnímodo de la radio, la televisión, las editoriales, las revistas, los periódicos regionales y, desde luego, la red. Su coraza consta de varias capas. Cuando se logra traspasar una, aparece otra y otra y así sucesivamente. Su objetivo es no dejar al descubierto su cuerpo mal oliente y moribundo. En cuanto los ataques generan fisuras en la armadura, saltan las alarmas. La censura se impone como un mecanismo de control de la información. Y si no logra evitar su resquebrajamiento, siempre hay un plan B. Se presiona y mete el miedo. La formula la conocemos. No olvidemos que en Colombia, México, Honduras o Rusia, ser periodista es profesión de alto riesgo. Son cientos de ellos quienes han perdido la vida cuando trataban de informar y romper el cerco de la mentira dominante. Aunque no siempre es necesario llegar a tal extremo. Amenazar con el despido, el ostracismo, en ocasiones, es suficiente. Otra técnica empleada es la difamación. De la noche a la mañana periodistas considerados un ejemplo para su comunidad sufren campañas donde se les presenta como verdaderos monstruos. Ludópatas, alcohólicos, drogadictos, maltratadores y corruptos. Pero esto suma y sigue. Los documentos filtrados a Wikileaks dejan al descubierto cómo se las gastan el imperialismo y sus aliados. En este juego no hay reglas. Siempre es posible caer más bajo con tal de salvar al capitalismo. ¿Qué otro sentido tiene acusar a su fundador, Julian Assange, de violación? No sólo inhabilitarlo y sembrar la duda sobre su honorabilidad, además de que las autoridades suecas terminen, si se produce la extradición desde Gran Bretaña, hacer una carambola y que Assange acabe con sus huesos en una cárcel de alta seguridad en Estados Unidos. Aunque tampoco podemos descartar su asesinato pedido por los sectores más conservadores del establishment estadunidense.

  

 

Este argumento, de la externalización, se acompaña de una la palabra mágica que se ha convertido en una droga para economistas, sociólogos, periodistas y políticos de medio pelo, sean conservadores, liberales o socialdemócratas. Su enunciación les produce alegría y les hace sentirse pletóricos de fuerza. Nada más pronunciarla tres veces son abducidos hasta perder el sentido común y la decencia: privatizar, privatizar y privatizar.

 
 
 
En tiempos de crisis, el capitalismo redobla sus esfuerzos para vendernos la moto. Por cierto, una moto desgastada y lista para ser vendida como chatarra. Aún así no quieren dar su brazo a torcer. Sus seguidores deben fidelidad al guión. Ha llegado la hora de certificar la muerte del Estado del bienestar y por ende del sector público. Hay que crear más mercado, más desregulación, más apertura financiera y comercial y mucha, mucha liberalización. El Estado, argumentan, ha sido un pésimo gestor, no entiende de competitividad ni de beneficios. No funciona acorde a las leyes de la oferta y la demanda. Suele dilapidar capital social y humano. Hay que adelgazar su estructura y transformarlo. Es imprescindible tomar, de una vez y para siempre, el toro por los cuernos. La decisión no se puede retrasar más. Llegados a este punto el argumento es simple. Externalizar. No hacen falta hospitales públicos, el gasto de inversión es elevadísimo, mejor es crear clínicas privadas con médicos y personal sanitario que cobran sueldos de miseria. Igualmente, la educación pública ha sido un fracaso, entonces mejor apoyar la iniciativa privada donde se enseñan valores humanos acordes con la tolerancia. Basta observar la disciplina en los colegios y centros administrados por religiosos. Rezan todos los días, les enseñan a no pecar, a ser obedientes y temerosos de Dios. Sea Ala, Buda o Jehová.
 

Wikileaks: el miedo y la vergüenza del Imperio

Publicado el 20 Diciembre 2010
Escrito por Maciek Wisniewski
Lo peor – escribía Emile Cioran – es el miedo a la vergüenza. Después de los más de 250 mil cables diplomáticos estadounidenses publicados por Wikileaks, los comentaristas en todo el mundo subrayaban que los EE.UU. han sido ‘avergonzados’, ‘humillados’, hasta ‘puestos de rodillas’; a menudo, añadían, que en Washington reinaba furia y miedo.
 
Es sin embargo de dudar sí los EE.UU. han sentido realmente alguna vez el cioraniano ‘miedo a la vergüenza’: la manera en que siempre han llevado a cabo la política en su ‘patio trasero’ lo contradice; y es de dudar también que hoy tuvieran alguno de estos sentimientos por separado.

Quizás los únicos avergonzados ahora son los que pensaban que la diplomacia y la política se hacen de manera más sutil; los que creían que – parafraseando a Bismarck – las salchichas se hacen de la carne de la primera calidad. Pero mirando desde la perspectiva de Realpolitik – que no necesariamente significa una mirada ‘desde las cimas del cinismo’ – las revelaciones de Wikileaks tienen una ambigua capacidad de sembrar miedo tanto en Washington, como en las capitales de sus adversarios, cosa que puede ser aprovechada por los EE.UU.

Por ejemplo. Ya que la parte fuerte del paquete está dedicada a Irán, que según la diplomacia estadounidense ‘ya casi tiene una bomba atómica’ y que ‘dispone de cohetes capaces de alcanzar a la Europa Occidental’, esta filtración parece hacerle llegar a la opinión pública mundial un mensaje quasi-catoniano: ‘Teherán tiene que ser bombardeado’. Este efecto ha sido reforzado de hecho por la prensa estadounidense que después de haber consultado a la Casa Blanca censuró los cables que ponían en duda la sola existencia de aquellos cohetes.

La lectura de los mensajes de las embajadas estadounidenses en América Latina deja una impresión parecida: gracias a estos leaks los EE.UU. logran posicionar indirectamente frente a la opinión pública temas que más les interesan y que ya desde hace tiempo intentaban, con mayor o menor éxito, filtrar: las notas diplomáticas ‘revelan’, por ejemplo, que los Estados Unidos están ‘preocupados por las actividades de las células terroristas en la región de la Triple Frontera entre Brasil, Argentina y Paraguay’, o por ‘los profundos nexos entre Venezuela, Cuba e Irán’, y que hasta ‘se preocuparon’ por la salud mental de Cristina Fernández de Kirchner. A pesar de que es sabido que lo que verdaderamente le preocupa a Washington en la Triple Frontera son la biodiversidad y los enormes recursos de agua, después de haber traducido estas ‘revelaciones’ al lenguaje mediático tenemos otras informaciones. Que ‘allí está Al-Qaeda’, que ‘Venezuela está siendo gobernada por espías cubanos’, que en las minas de uranio venezolanas en vez de mineros trabajan ‘expertos iraníes’ y que ‘la presidenta de Argentina es una loca’.

Los pocos cables ‘latinoamericanos’ que dejan al rey desnudo (o semi-desnudo), como el que demuestra un desconocimiento completo de la política interna de Bolivia o el que contiene análisis de la embajada en Tegucigalpa que apunta a una ilegalidad total del golpe de estado en Honduras (que suponía una constitucionalidad y que Washington luego legalizó de facto), se quedan insoportablemente cortos: ¿de verás no hay nada más que ‘revelar’ acerca de la complicidad de los EE.UU. en aquel coup d’état?

Todo eso no quiere decir que uno tiene que ser paranoico, como si recién saliera de una función de Ghost Writer, última película de Roman Polański que narra las manipulaciones de los servicios secretos estadounidenses. Difícilmente es creer que todo eso pudo haber sido filtrado por los mismos EE.UU. Eso quiere decir que para leer las filtraciones de Wikileaks se necesitan sujetos políticos independientes, con fuertes convicciones éticas, para resaltar su verdadero contenido; si no, el modo de su lectura nos será sugerido por los EE.UU. y sus apologetas. 

El desacuerdo y el disenso – cómo nos enseñó Antonio Gramsci – son elementos críticos en la creación de la hegemonía. Y qué mejor ocasión para disentir un poco del Imperio, que leyendo estas espectaculares revelaciones, para que luego todo siga igual.

Lo peor, en este sentido, sería si las filtraciones de Wikileaks le ayudarían a Estados Unidos a preservar su dominio imperial, ejerciendo por ejemplo sus presiones geopolíticas.

Solo de nosotros depende si ellos sentirán un verdadero miedo y una verdadera vergüenza, la que deberían sentir.
* Periodista polaco
 

En marcha a un mundo posimperial

Publicado el 20 Diciembre 2010
Escrito por Iván Auger
Hace pocos días comenzaron a publicarse más de 250.000 cables reservados y confidenciales del Ministerio de exteriores de los EE.UU..  Según la historia extraoficial, el origen de esta megafiltración sería un joven soldado raso, asignado a un batallón de inteligencia desplegado en Iraq, que entró a su trabajo con un disco compacto de Lady Gaga, copió un archivo y lo traspasó para su difusión a wikileaks.org, ONG informática cuyo objetivo es la transparencia de los gobiernos y de las corporaciones multinacionales.
 
Al respecto hay que tener presente que tienen acceso directo o indirecto a esos documentos entre 800 mil y tres millones de funcionarios norteamericanos,  una reacción a la compartimentación de la información reservada del gobierno a la que se atribuye en parte el éxito a los atentados terroristas a las torres gemelas de Nueva York y al Pentágono el 2001. Lo que, no obstante, relativiza los secretos. 

Esta megafuga, como era de esperarse, produjo múltiples reaciones.

Para muchos carece de importancia, se trata de cosas que conocíamos o suponíamos, más chismes y copuchas. O, a lo menos, no serían tan trascendentales, no hay documentos ultrasecretos, para cambiar nuestras opiniones sobre la política mundial ni para dañar de manera irreparable a los implicados ni a las relaciones internacionales.

Otros sostienen que puede ser una maniobra de servicios de inteligencia, como la
CIA, para crear conflictos en regiones donde los EE.UU. pierden influencia, p.ej., en América del Sur, o el Mossad, para demostrar que Irán también es un peligro para los estados suníes de la península arábiga y bajar el perfil al conflicto con los palestinos.

Para admiradores extranjeros de los EE.UU., el texto de los cables demuestra que el discurso de la política exterior de ese país coincide con su práctica y, si alguien queda mal parado, son algunos de los gobiernos que mencionan los diplomáticos norteamericanos.

Para los realistas en política internacional, los que piensan que los países sólo tienen intereses que defender, no misiones, en el mundo caótico que describió Hobbes,  los cables prueban que los diplomáticos estadoundenses cumplen con su deber.

Para Robert Gates, el Ministro de defensa de EE.UU., considerado el realista de la administración Obama, y quien se formó en la CIA durante la guerra fría, no en la política, si bien algunos telegramas son torpes y su gobierno se encontrará en una situación embarazosa en algunas partes del mundo, las consecuencias para la diplomacia norteamericana serán relativamente modestas.

La reacción de la clase política estadounidnse fue, sin embargo, de furia. Para Hillary Clinton se trata de un atentado en contra de la comunidad internacional. Para el gobierno francés, la víctima es la soberanía de los Estados. A los que participan en la fuga y su difusión se los acusa en EE.UU. de terroristas, piratas, espías o traidores. Y se exige que la supuesta larga mano de la justicia estadounidense caiga sobre esos delincuentes, cualquiera fuera su nacionalidad y lugar en que se encuentren. Y así comenzó la primera guerra informática mundial, que fue precedida por una fría entre China y Google, este último con el  respaldo indirecto de Washington.

De los cables hasta ahora publicados destaca la manifiesta declinación del poder norteamericano y la porfía de Washington en mantener la hegemonía en un mundo que dejó de controlar.

Las pruebas son múltiples  La escasa participación de tropas europeas de la OTAN en sus guerras asimétricas en el Oriente medio. La incapacidad de controlar la situación en Pakistán, un país nuclear, en que tiene gran influencia el islam radical. La creciente independencia de América Latina, y no solamente de los países bolivarianos. La rebeldía de Israel, que continúa con la construcción de asentamientos en tierras palestinas ocupadas. La negativa de los potentados de la península árabiga a cortar el flujo de donaciones a grupos islámicos fundamentalistas. La corrupción de Karzai. Turquía, miembro de la OTAN, "con su peligroso Ministro de exteriores", según uno de lo cables filtrados. La falta de apoyo a sus proposiciones en el G 20, incluso de países donde tiene bases militares. Etc., etc..   

Todo ello a pesar de que, como lo indican los documentos filtrados, la administración Obama intenta dialogar, con aliados, neutrales e incluso adversarios declarados, lo que no ocurrió con Bush. Sin embargo, la actual administración no abandonó el garrote, la presión con la amenaza del uso de la fuerza, aunque cada día es menos creible después de Iraq y Afganistán.

La guerra informática, que es consecuencia de la fuga, es la mayor confrontación hasta el día de hoy entre el orden establecido y la cultura que nace de las tecnologías de la infomación y las comunicaciones. Y como todas las guerras del presente, no terminará con la rendición incondicional  de quien parece más débil, los internautas de la transparencia que enfrentan nada menos que a Washington.

Los gobiernos deberán olvidarse de los secretos de Estado si quieren utilizar métodos modernos de comunicación o de archivo. Cualquiera traza que se deje en internet o en discos duros puede hacerse pública por piratas informáticos, computomaníacos o funcionarios indignados por la hipocrecía del gobierno o de la empresa en que trabajan.

La otra alternativa es cerrar internet, pero como lo descubrió Beijing en su conflicto con Google, es una fascinante arma de doble filo, incontrolable, pero también lo es para los terceros. Por lo demás, una vez que se desarrolla una tecnología es imposile volverla a encerrar en la  lámpara mágica que es el ingenio humano, como ocurrió con la nuclear.

Lo mismo ocurrirá con las grandes empresas multinacionales, se rumorea que la próxima filtración que difundirá wikileak.org es sobre transacciones financieras.

La filtración en comento es, a la vez, una confirmación y la aparición de un nuevo actor en la marcha hacia un mundo posimperial o, si se prefiere, multipolar. Cierto es que del debilitamiento de EE.UU. se habla desde la implosión de Wall Street. Ahora todos somos socialistas, fue una de las portadas de Newsweek el año recién pasado. La irrupción como potencia política de ONG informáticas, con su propio proyecto de modernos Robin Hood, es la gran novedad de este incidente.
 

Controversias sobre la justicia climática

Publicado el 20 Diciembre 2010
Escrito por Joan Martínez Alier
La energía no puede reciclarse y, por tanto, incluso una economía que no creciera y que use combustibles fósiles, necesitaría suministros frescos que vengan de las fronteras de la extracción. Lo mismo se aplica a los materiales que en la práctica se reciclan solamente en parte (como el cobre, el aluminio, el acero, el papel), no más de 40 o 60 por ciento.
 
Si la economía crece, la búsqueda de fuentes de energía y materiales es aún mayor. Hay una acumulación de beneficios y de capital por la desposesión (como dijo David Harvey en 2003) o una raubwirtschaft (una expresión de geógrafos de hace 100 años) y hay también acumulación mediante la contaminación con lo que queremos decir que los beneficios capitalistas aumentan por la posibilidad de echar a la atmósfera, al agua o a los suelos, sin pagar nada o pagando poco, los residuos producidos. Que el precio de la contaminación sea bajo o nulo no indica un fallo del mercado sino un éxito (provisional) en transferir los costos sociales a la gente pobre y a las futuras generaciones. Eso es evidente en el caso de los gases con efecto invernadero. Por eso hay protestas bajo el nombre de justicia climática.

No son solamente los activistas de la justicia climática tan visibles en Cancún sino también bastantes gobiernos de países relativamente pobres, quienes reclaman la deuda ecológica, una idea que nació en América Latina entre las organizaciones de justicia ambiental en 1991. Estados Unidos (EU), la Unión Europea (UE) y Japón no reconocen esta deuda, pero en Copenhague, en diciembre de 2009, por lo menos 20 presidentes de Estado o de gobierno mencionaron explícitamente la deuda ecológica (o deuda climática). Algunos incluso usaron la palabra reparación (de daños).

En Cancún estuvieron más calmados, pero también se habló de la deuda ecológica desde algunos púlpitos gubernamentales. Pablo Solón, el embajador de Bolivia en la ONU, que ha tenido una posición valiente en Cancún, ya dijo en Copenhague el año pasado que “admitir responsabilidad por el cambio climático sin tomar las acciones necesarias para hacerle frente, es como si alguien le pone fuego a tu casa y después se niega a pagarla. Aunque el fuego se hubiera iniciado sin querer, los países industrializados, con su inacción política, han continuado echando gasolina al fuego.

No tiene justificación alguna que países como Bolivia tengan ahora que pagar esa crisis climática, lo que implica una enorme carga sobre nuestros recursos limitados para proteger a nuestra gente de esta crisis causado por los ricos y por su sobreconsumo. Nuestros glaciares están en regresión, las fuentes de agua se secan. ¿Quién debe hacer frente a eso? A nosotros nos parece justo que el contaminador pague, y no los pobres. No estamos aquí asignando culpabilidad sino solamente responsabilidad. Como dicen en EU, si lo rompes, lo pagas.

El trasfondo al discurso de Pablo Solón en Copenhague, hace un año, fue la declaración de Todd Stern (como principal negociador de EU) en una conferencia de prensa el 10 de diciembre del 2009. Reconocemos absolutamente nuestro papel histórico en poner las emisiones en la atmósfera, allá arriba. Pero el sentido de culpa o tener que pagar reparaciones, eso lo rechazo categóricamente (www.climate-justice-now.org/bolivia-responds-to-us-on-climate-debt-if-you-break-it-you-buy-it/).
A esta controversia se añadió inesperadamente el economista Jagdish Bhagwati, profesor de Columbia University en Nueva York, en un artículo en el Financial Times del 22 de febrero de 2010. Sin conocer aparentemente ni la literatura activista (www.deudaecológica.org) ni la académica, sobre el tema desde 1991, Bhagwati escribió que EU al enfrentarse a problemas de contaminación, tras el escándalo de Love Canal, creó en 1980 la legislación llamada Superfondo (la ley se llama oficialmente Cercla) que exige que la compañía responsable elimine los residuos tóxicos. Esta legislación sobre daños y perjuicios implica una responsabilidad estricta en el sentido legal, de manera que la responsabilidad existe aunque no se supiera entonces que los materiales vertidos eran tóxicos, como en el caso de las emisiones de dióxido de carbono hasta hace poco tiempo. Además, las personas perjudicadas pueden presentar sus propias demandas. En cambio, Todd Stern, el principal negociador estadunidense, rechazando esta tradición legal interna de EU en lo que respecta a casos de contaminación en su propio territorio, niega cualquiera obligación legal y cualquier pago por las emisiones pasadas. Evidentemente, EU debe dar marcha atrás en este punto.

Todos los países ricos deben aceptar sus pasivos ambientales, en proporción a su parte de emisiones históricas de dióxido de carbono como las contabiliza el Panel Internacional de Cambio Climático. El pago será según la responsabilidad por daños y perjuicios, por tanto esos fondos de ninguna manera pueden contarse como parte de la habitual ayuda al desarrollo, eso sería indignante. No le vas a quitar la pensión a un anciano que gana un pleito por daños y perjuicios”. Así escribió Jagdish Bhagwati.

En la UE, la Environmental Liability Directive (que se traduce como Directiva de Pasivos Ambientales, donde pasivo ambiental es sinónimo de deuda ecológica) fue promulgada en abril de 2004 aunque no todos los miembros de la unión la han transferido aun a su legislación interna. Esta legislación se supone que es para aplicación interna en la UE, no se aplica a la deuda climática (por lo menos mientras ningún juez diga lo contrario), y requiere que los estados exijan a las compañías que paguen los daños causados, incluida la restauración del ambiente cuando sea factible. En el caso del derrame de barros rojos de la producción de alúmina en Hungría en octubre de 2010, un experto de una compañía de seguros declaró que si por casualidad, extingues una oscura especie de mariposa que sólo existía en ese lugar concreto, ¿cómo vas a decir lo que vale en dinero? (Financial Times, 14 de octubre de 2010, Toxic slugde tests Brussels pollution law). Resulta muy difícil exigir la responsabilidad legal de las compañías europeas por sus pasivos socio-ambientales en el extranjero (aunque la Shell está ahora en juicio en Holanda por daños hechos en el delta del Níger). Más difícil aún es conseguir que se reconozca la deuda ecológica de EU y de la UE por los daños causados y por los costos que hace falta pagar ahora para prevenir los efectos del cambio climático a causa de las emisiones (históricas y actuales) desproporcionadas de esos países.

Sin embargo, el reclamo de compensaciones por la deuda climática se hace sentir en la calle, en los foros alternativos, 20 años después de la conferencia de Río de Janeiro de 1992. Y también se escucha a veces en las salas donde se reúnen las delegaciones oficiales. Así en Copenhague en diciembre de 2009, el entonces canciller de Ecuador, el doctor Fander Falconí, señaló que los países pobres eran como fumadores pasivos, y preguntó por qué no se aplicaba el principio de que el contaminador paga, reclamando la deuda histórica por cambio climático.

Existen cálculos al respecto. La economista de la India, Jyoti Parikh, publicó un cálculo en 1995 en que cifraba la deuda climática en 75 mil millones de dólares al año de los países del Norte a los del Sur. Vean que el Fondo Verde prometido en Cancún es de esa cantidad como un fondo, no como un pago anual, y no es un pago de deuda sino una contribución para adaptación, incluso tal vez en forma de créditos.

Parikh calculó el importe viendo lo que se ahorraban los países ricos al no realizar las necesarias reducciones de las emisiones. Srinivasan y otros autores, incluido el economista ecológico de Berkeley, Richard Norgaard, cuantificaron en unos 2 millones de millones de dólares (2008) la deuda ecológica acumulada del Norte al Sur, la mayor parte a cuenta de la deuda climática. Ese cálculo se publicó en los Proceedings of the National Academy of Sciences, indicando la credibilidad académica del concepto de deuda ecológica. Hay otros libros y artículos en revistas científicas sobre este tema.

La deuda ecológica es un concepto nacido entre activistas que ahora llega a las publicaciones académicas y tal vez llegue a las políticas públicas, sorteando amenazas y sobornos como los que los negociadores de EU han prodigado, según explica Wikileaks.

* Joan Martínez Alier es catedrático de Economía e Historia Económica de la Universidad Autónoma de Barcelona
 

Cancún: la crisis sistémica, inevitable ahora o después

Publicado el 20 Diciembre 2010
Escrito por Rómulo Pardo Silva
El sistema capitalista se muere, la conferencia para el cambio climático tenía dos posibilidades: detener el calentamiento global iniciando de inmediato la crisis económica, social, política; o seguir aumentando la temperatura para retrasar los estallidos y conservar el orden capitalista
 
Los países desarrollados se niegan a reducir la emisión de co2 fijando porcentajes y fechas. Tampoco a determinar con claridad su financiamiento para los paliativos del cambio de clima que provocaron en los países pobres. Actúan fríamente contra la vida y el planeta y es necesario decir a los pueblos por qué.

-Los pueblos del sur nunca les han interesado y su explotación ha originado en buena parte su consumismo.
 

-El crecimiento económico que necesitan los capitalistas es imposible si se reduce la combustión de petróleo, gas y carbón. Las energías limpias por largo años no podrán suplir a las sucias y los estudios indican que el consumo de combustibles fósiles irá en aumento hasta el 2030.
 

Con frecuencia se calla que una menor cantidad de energía significa cierre de empresas, cesantía, disminución de la producción de alimentos, limitación de viajes terrestres, marítimos y aéreos, freno al turismo y al comercio internacional, caída del consumo, aumento de la pobreza. Es decir caos mundial.
 

Esa desestabilizadora crisis tendrá que ocurrir, en última instancia por la sobreexplotación de los recursos naturales, pero se puede posponer, como han resuelto los poderes corporativos.
 

Las potencias entienden que el colapso estructural del sistema los golpeará muy fuerte aunque tienen medios tecnológicos, capitales, fuerzas militares para manejarlo. Pero saben también que los daños catastróficos en el mundo en desarrollo les permitirán expansionarse a tierras semivacías. Su presupuesto anual de la USA-OTAN es sin duda una inversión pensada principalmente para el futuro.   
 

De continuar las actuales condiciones los países pobres serán las víctimas de la dictadura global genocida de los desarrollados. .
 

Es tarea de los socialistas de futuro y los progresistas advertirlo y crear e impulsar una propuesta política del sur. Hay que dar una batalla ideológica para difundir que en algún momento habrá un violento cambio de civilización y que el modelo solidario sustentable se basa en el consumo racional acorde con los recursos finitos del planeta.   
 

La tarea política es más que exigir a ciegas menos co2 en el aire. Hay que asumir que esa medida vital tendrá costos enormes; y explicar que los hechos son parte del proceso hacia un poscapitalismo que puede ser peor que el hoy, o, si se lucha con éxito, la realización de la sociedad global justa.  
 

El futuro está abierto, pero hoy marcha en contra de la mayoría.       
 

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Rómulo Pardo Silva
www.malpublicados.blogspot.com
 

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