Martes, 26 de Septiembre 2017

Paraisos flotantes en el desarrollo del sistema capitalista mundial*

Publicado el 02 Septiembre 2017
Escrito por Manuel Acuña Asenjo

Nos remitimos, en esta materia, a otros trabajos nuestros en donde hemos caracterizado la actual fase que recorre el sistema capitalista mundial como de ‘expansión’[1]. Esta nueva fase se abriría en la última década del siglo pasado, más exactamente, entre el año 1990 y el 2000; no tenemos época de término propuesta para la misma.

 

 

Basamos esa afirmación en la aparición y propagación en esos años de dos extraordinarios instrumentos de trabajo —a saber, la herramienta universal, computadora u ordenador, y la red mundial denominada INTERNET— que han facilitado el libre flujo del capital por todas las regiones del planeta. No insistiremos al respecto.

 

EL CAPITAL Y EL CONCEPTO DE LIBERTAD

Si bien es cierto que en la historia de los diversos modos de producción las sociedades humanas aparecen separándose constantemente, no es menos cierto que esa tendencia alcanza niveles superiores en el modo de producción capitalista (MPK) en donde vemos que un segmento humano se separa del otro para imponerse sobre él y dar origen a dos clases sociales que son compradores y vendedores de fuerza de trabajo.

En la llamada ‘rotación del capital’, que es la fase del desarrollo del proceso productivo, esta segmentación vuelve a producirse.  Las clases que se organizaran para dar nacimiento al modo de producción capitalista se dividen, nuevamente, de acuerdo a las fases que recorre el proceso de elaboración de un bien. Aparecen, así, productores de bienes materiales, mercaderes que ofrecen mercancías y cuidadores de dinero o prestamistas; y al otro lado de ellos, vendiéndose por horas, los trabajadores de la producción, del comercio y quienes sirven a los prestamistas. En lenguaje moderno, industriales, comerciantes y banqueros con sus respectivos vendedores de fuerza o capacidad de trabajo.

Pero el sistema capitalista aporta un actor más que es el capital, engendro específico, sui generis, producto a la vez que relación social, trabajo objetivado, valor que se valoriza. El capital es un concepto. Y es, además, desde el punto de vista semiótico, una categoría, vale decir, una palabra dotada de significado conceptual.

En efecto,

 

“[…] a diferencia de otros conceptos, el de ‘capital’ es esencialmente dinámico. Y es que, contrariamente a las creencias corrientes, el capital no es dinero; tampoco un conjunto de depósitos bancarios, fortuna personal o algo que se le parezca. Mucho menos, medios de producción. El capital es, en primer lugar, una relación social y, simultáneamente, un valor como lo es la belleza, la bondad, la amabilidad, la justicia, la libertad, la igualdad. No existe en parte alguna que no sea nuestra cabeza. Es un concepto ideológico, una elaboración de la mente a la manera del dinero, que tampoco existe en la naturaleza sino tan sólo en nuestras creencias y convicciones. A diferencia del resto de los valores, que se mantienen estáticos, el capital es un valor que se valoriza, un valor que crece constantemente, que se acrecienta a sí mismo y jamás deja de aumentar. Puede realizar ese milagro de incrementarse permanentemente porque se establece sobre la base de otra construcción teórica ―como lo es el dinero―, sin la participación de la cual todo proceso de acumulación sería ilusorio. El dinero permite la realización de operaciones matemáticas pues sólo se expresa numéricamente; es una medida a la manera del metro, del litro, del kilogramo y facilita, consecuentemente, el cálculo del capital”.

 

El capital presenta, además, un rasgo muy propio: se trata de un producto que se manifiesta como dotado de vida propia, que parece individuarse, es decir, hacerse cada vez más él mismo e independizarse de toda traba e impedimento que limite su libre actuar. Este rasgo lo hemos descrito en otra parte de la siguiente manera:

 

“Desde siglos inmemoriales, desde que apareciese sobre la tierra, el capital lucha por alcanzar cada vez mayores espacios de libertad. El capital es una creación esencialmente libertaria; es un sujeto en sí y para sí, no para los demás. Por eso busca romper los vínculos familiares que lo ligan a su parturienta, que es el obrero; por lo mismo busca sacudirse la dependencia que lo une al capitalista, propietario suyo. Y a las leyes de la rotación que lo aprisionan. No por otra circunstancia multiplica su apariencia y, como Dios, se vuelve trinidad (capital industrial, bancario y comercial) trocándose en tres personas distintas y una entidad total. Pero su transmutación, por excelencia, es ser capital bancario pues, en tal calidad, se liga al dinero y vive como factor reproductor de sí mismo, expresándose en números y cifras que dan cuenta de su constante acrecentamiento: como capital bancario es producción, banca y comercio a la vez. Y, sin embargo, no es libre totalmente. Necesita disociarse, efectuar una nueva separación, abrirse e independizarse más aún, huir del control de sus propietarios cuya pasividad, a menudo, le resulta mortal”.

 

Esta esencia libertaria del capital —que nos hace recordar aquel poema de Leonidas Andrejev, ese poeta ruso capaz de llevar el concepto de libertad a un paroxismo tal que enmudece (“libertad es hacer aquello que incluso Dios rechaza”)—, se transmite al capitalista, al acumulador de valores, al avaro que busca más para sí y para los suyos como único fin de su existencia.

 

¿ANARCOCAPITALISMO?

Ese concepto de libertad como contrario a lo que el capitalista quisiera hacer o realizar lo expresó  brillantemente hace algunos años el billonario Peter Thiel[2] cuando consultado acerca de la libertad indicó:

 

“La libertad no es compatible con la democracia”.

 

No por otro motivo se acercó a él entre 2005 y 2008 el nieto de Milton Friedman, Patri Friedman, un sujeto conocido por sus tendencias extremas, a fin de plantearle un proyecto para la instalación de islas artificiales en el mar abierto como  refugio ideal para las comunidades libertarias. Un autor (Adam Frucci) asevera haber escuchado a Friedman decir, al respecto:

 

"La cuestión no es sólo crear un sistema político o un tipo de sistema, sino hacer un producto clave para la creación de nuevos países, a fin de que los lotes de los diferentes grupos intenten muchas cosas diferentes, y todos podamos aprender de ello"[3].

 

Patri Friedman, nacido en 1976, ex ingeniero asociado a Google, tiene curiosas concepciones acerca del capital cuya independencia valora en toda su extensión y es, hoy —gracias al apoyo que consiguiera de Thiel—, fundador de la organización ‘Seasteading Institute’, una organización que, bajo el lema ‘La mitad de la superficie del globo no pertenece a ningún Estado’, planea construir ciudades flotantes que podrán regirse por sus propias reglas y elegir sus propios gobernantes. No por algo ha expresado, en un libro que escribiera junto con uno de sus ejecutivos:

 

“No promovemos ninguna ideología o política particular. Queremos ofrecer una plataforma para que otros intenten las nuevas formas de vivir juntos que los hagan más felices. Algunos colonos pueden querer ensayar una renta básica universal, otros pueden preferir las soluciones del mercado libre. Algunos pueden confiar en la democracia directa electrónica, otros podrán entregar la Administración pública a burócratas, otros podrán usar servicios hechos a la medida del consumidor, o cualquier mezcla de todo eso”[4].

 

Se les ha denominado ‘anarcocapitalistas’ aunque, en verdad, la denominación no es exacta pues, si bien es cierto son contrarios a cualquier limitación al desarrollo del capital y rechazan toda dirección impuesta en ese sentido, no es menos cierto que constituyen una variante del capital bancario (financiero) que busca establecer una región del planeta donde pueda gozarse de esa seguridad.

 

POSIBILIDAD DE CONSTRUIR ISLAS EN MEDIO DEL MAR

La idea de construir islas en medio del mar no es descabellada. Más, aún: no es tarea difícil pues, hoy, existen los medios tecnológicos para hacerlo. El proyecto se realiza a través del uso de una técnica similar a la empleada para la construcción de las plataformas petroleras que se instalan en el mar. La construcción de islas puede realizarse por medio de unir plataformas similares a aquellas que hemos indicado.

En el caso específico de Artisanípolis, ciudad proyecto creado por los ingenieros de Silicon Valley de acuerdo a las instrucciones dadas por el ‘Seasteading Institute’,  para ser instalada en uno de los lugares de la Polinesia francesa, se ha dicho que dicha estructura

 

“[…] consistirá en un conjunto de plataformas flotantes sobre la superficie del agua. Cada una de ellas podrá moverse por barcos remolcadores hacia diferentes lugares y unirse entre sí para crear enormes formaciones sobre el mar[5].

 

China, desde hace varios años ha estado construyendo islas flotantes en el sector de las islas Spratly, conjunto de atolones, arrecifes y bancos de arenas cuyo dominio lo ejerce conjuntamente con Vietnam, Filipinas y Taiwán.  Y, a pesar que los trabajos realizados por el país asiático no son similares a los que se emplean para la realización del proyecto del ‘Seasteading Institute’, dicha nación impide que se sobrevuele las construcciones que realiza en ese lugar[6] e, incluso, ha tenido disputas con USA, especialmente en 2015 cuandoel USS Lassen, un destructor de misiles guiados, rompió el límite de 12 millas náuticas (22,2 km) que China reclama alrededor de las islas Subi y Mischief en el archipiélago Spratly[7]. La forma que China ha empleado  para levantar esas construcciones —una de ellas cuenta con una pista de aterrizaje de más de 3 mil metros de longitud— ha sido a través de utilizar los arrecifes sumergidos y los atolones

 

“[…] con un proyecto masivo de dragado que comenzó a fines de 2013”[8].

 

La idea de construir islas artificiales en el mar no es nueva. Pedro Serrano, arquitecto de la Universidad Federico Santa María, decía que en Hong Kong existen, desde hace cientos de años, pequeñas ciudades flotantes como, también, en algunas costas africanas.

 

“Venecia es una ciudad que casi flota, y los uros del Titicaca aún flotan sobre aldeas de totora […] hoy tenemos en el mundo la tecnología para hacer ciudades flotantes, que además pueden viajar. Por lo tanto, no solo son factibles, sino que cada vez en mayor escala. Es posible diseñar islas de un tamaño tal que resulten inalteradas por tormentas y oleajes gigantes, las que podrían albergar millones de habitantes”[9].

 

Pero esta idea no es compartida enteramente por los académicos de nuestro país. Para Felipe Link, investigador del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Católica, la realización de semejantes proyectos no es fácil.

 

“Esto se trata más bien de ciencia ficción y no veo que sea necesario tener ciudades flotantes, aunque sí sean factibles […] En el caso hipotético de que se implementaran, el problema estaría en quién iría a vivir ahí. Se trataría de una especie de aislamiento programado donde los mismos habitantes tendrían que afrontar el desafío de lidiar con las dinámicas urbanas –con los límites físicos de una isla– y de determinar cómo sería el intercambio con el exterior […]”[10]

 

Para Sebastián Bianchi, director de la Escuela de Arquitectura del Campus Creativo UNAB, la idea es aún prematura.

 

“Podría tratarse de pequeñas extensiones urbanas artificiales dedicadas al ocio, como hoteles […] Pero también hay que entender que un asentamiento flotante significa desplazar de alguna manera a la ciudad –que por concepto se funda– y hacerla nómada. El agua cerca de los asentamientos ha tenido funciones defensivas o de comercio, pero ¿qué pasaría si puedo desplazarme siempre hacia condiciones climáticas más favorables o reabastecerme en cualquier puerto?”[11]

 

Escepticismo o no, lo cierto es que los proyectos existen y se están llevando a cabo. La isla artificial piloto que proyecta  instalar en la Polinesia francesa el ‘Seasteading Institute’ podría comenzar a construirse en dos años más, es decir, en 2019, de acuerdo con una información de prensa.

 

“El gobierno de la Polinesia Francesa firmó un acuerdo con el Instituto Seasteading para iniciar las obras en sólo dos años”[12]

 

EL ‘SEASTEADING INSTITUTE’

El ‘Seasteading Institute’ es una organización creada en 2008 por Wayne Gramlich, empresario de Silicon Valley (California, USA), y Patri Friedman a quien ya nos hemos referido en otra parte de este trabajo. Tiene su sede en California y un sitio en Internet en donde se pueden examinar sus objetivos y proyectos. Su nombre proviene de dos vocablos ingleses (sea, que es ‘mar’ en castellano; y ‘stead’ que es colonizar); una traducción más o menos fiel de ‘Seasteading Institute’ sería ‘Instituto para la Colonización del Mar’. Pero, en realidad, su nombre tiene otro origen histórico y es que Wayne Gramlich había escrito un trabajo suyo sobre el tema de la colonización marítima bajo el nombre de ‘Seasteading: Homesteading in high sea’, trabajo que impresionó vivamente a Friedman quien decidió contactarlo para conversar con él acerca de sus proyectos. El resultado fue que, más tarde, ambos establecieron contacto con Peter Thiel (cofundador de PayPal) quien aportó la suma de 1,7 millones de dólares para el proyecto. Compenetrado en el proyecto, Thiel escribió, más adelante, un trabajo al que puso por título ‘La educación de un libertario’ en donde desarrolla las ideas acerca de la libertad de poder acumular.

El Instituto, que ha pasado ya cinco años diseñando proyectos de islas artificiales en mar abierto, está dirigido hoy por Randolph Hencken, en el carácter de director ejecutivo.

Puede decirse, a grandes rasgos, que el proyecto consiste en

 

“[…] crear viviendas sostenibles en aguas internacionales”[13].

 

Hace algún tiempo, otro de los ejecutivos del Instituto llamado Joe Quirk, en colaboración con Patri Friedman, escribió un libro en donde se condensan todas las ideas que han dado existencia y continuidad al proyecto. El libro, que lleva por título ‘Seasteading’ (‘Colonización marítima’), contiene en su portada algunas ideas centrales en el carácter subtítulo:

 

“How floating nations will restore the environment, enrich the poor, cure the sick and liberate humanity from politicians”[14].

 

El libro comienza interrogándose si acaso la humanidad hizo bien al construir las ciudades en la tierra cuando pudo hacerlo en el mar, para luego soltar la pregunta que se formulan hoy muchas personas:

 

“¿Está Ud. harto de los políticos?”

 

Puesto que la respuesta parece obvia, Quirk y Friedman responden con decisión:

 

“¡Entonces, organice su propio país!”

 

Entre las ideas que plantea el Instituto pueden verse algunas como las que se indican a continuación:

 

“Las primeras ciudades flotantes tendrán pisos, oficinas y parques en un clima de pequeño pueblo. Habrá escuelas, tiendas, restoranes, clínicas […]”

 

Sus habitantes podrán ser, entre otros,

 

“[…] biólogos marinos, ingenieros náuticos, granjeros acuáticos, abogados marítimos, investigadores médicos, personal de seguridad, inversores, ambientalistas, artistas […]”[15]

 

LO QUE PRETENDEN LOS ORGANIZADORES DEL PROYECTO

No cabe la menor duda que los organizadores de este mega proyecto están intentando alzarse por sobre los poderes que gobiernan la tierra en busca de mayores espacios de libertad; en palabras más simples: el mundo que existe sobre la tierra les ha quedado chico, necesitan emigrar. Ante ellos, el mar se extiende como un inmenso territorio que se hace necesario poblar.

Pero tras este sentimiento de libertad a través del cual estos individuos buscan trascender se oculta una suerte de oxímoron. Porque tratan de interpretar en forma colectiva una forma exacerbada de individualismo: se trata de anhelos personales que se interpretan colectivamente. Como si todos mis apetitos personales fuesen la tónica de toda una humanidad. Hay, entonces, una afirmación revestida de negación (o lo contrario) como si se tratara de la deslumbrante oscuridad a la que hacen referencia algunos poetas. Porque es un hecho que los organizadores de este mega proyecto pretenden escapar de las reglas que asfixia a gran parte de los capitalistas cuyas ansias de acumulación no conocen límites. El capital es un valor que se valoriza; si así no lo fuera dejaría de ser tal. Induce, en consecuencia, a la avaricia, a la acumulación incesante. Es, por consiguiente, la avaricia lo que necesita de libertad. Como la libertad que exige el zorro cuando ingresa al gallinero.

No es casualidad que los organizadores de este mega proyecto hayan señalado a propósito de lo mismo que la mitad de la superficie del globo no pertenece a Estado alguno y que las ciudades flotantes tendrían por misión administrarse a sí mismas según lo señalen sus propios organizadores. Y que todo ello puede hacerse, en un principio, como una simple experimentación social. Pero con una limitación: los habitantes deben poseer algún dinero. La residencia no es para quien quiera ni para cualquiera.

Como lo expresa con acierto Martín Caparrós:

 

“Aquí, la perfección consiste en escapar de los Gobiernos y las leyes y los impuestos del mundo conocido: las ciudades flotantes serán, si acaso, barrios cerrados por el mar, más cerrados que ninguno: cerrados a cualquier contacto, a cualquier migración, a cualquier intervención ajena. El ideal de yo para mí mismo porque yo sí que puedo se realizará en esas islas flotantes más que en cualquier otro lugar[16].

 

En efecto, la realización del proyecto permite suponer que los dueños del capital muestran un comportamiento similar al que adoptan las clases dominantes en las grandes ciudades, es decir, la huída permanente de quienes les han permitido acumular las riquezas que poseen, la separación constante del conjunto social al que pertenecen, la construcción de viviendas para ellos, sus familias y amigos, cada vez más lejanas de los miembros de la sociedad de la cual forman parte. Con la diferencia que, ahora, lo hacen dirigiéndose al mar. No resulta aventurado suponer que,  probablemente, en algún futuro no muy lejano, empezarán a hacerlo hacia el espacio. Los proyectos de colonización de la Luna, de Marte y de otros cuerpos celestes similares no parecen sino entenderse en esa dirección: como si intentasen la permanente huida de quienes producen el plusvalor. Como si la acumulación ininterrumpida fuese una misión divina asignada a ellos para arrancar de quienes la han producido y, de esa manera, acercarse cada vez más a los dioses ancestrales.

 

IMPORTANCIA DE RECORDAR LA ESENCIA DEL DINERO Y DEL CAPITAL

Sin embargo, huir de las ciudades y de su regulación normativa, huir hacia el mar y flotar sobre las más profundas simas marinas, huir hacia islas artificiales convertidas en focos de acumulación dineraria, hacia esa avaricia sublime que opera sin impedimentos y es llevada a límites cada vez más monstruosos, puede ofrecer algunas dificultades.

La primera de ellas es la naturaleza del dinero que, de una u otra manera, abolida la convertibilidad que lo vinculaba al oro, depende hoy de la autoridad del Estado y de su regulación con otras monedas.

Un estado que se organice al margen de los demás Estados y declare independizarse de los demás, SIEMPRE va depender del dinero y éste del resto de los Estados. Aún cuando se intente hacer valer monedas virtuales (como el ‘bitcoin’ u otros experimentos similares). Va a ocurrir con todas aquellas formas dinerarias que parecían desarrollarse en las postrimerías del siglo 20 como lo fueron los LETS (Local Exchange Trade Systems y otras) que jamás pudieron desarrollarse por su extrema dependencia de otras monedas.

La segunda dificultad es la extraordinaria dependencia que el capital mantiene respecto del dinero: el capital SIEMPRE se va a acumular gracias a la existencia del dinero y NUNCA podrá existir sin él. No hay acumulación posible sin dinero y no hay capital posible sin acumulación. Es decir, podrán acumularse bienes físicos o materiales que, más tarde, han de cambiarse por otros bienes mediante el trueque, pero jamás podrá existir acumulación capitalista, es decir, acumulación numeraria o dineraria que es la típica de este sistema y no otra, reservada más bien para modos de producción precapitalistas.

Por consiguiente, la liberación del capital jamás será posible en estas circunstancias, de lo cual se desprende una consecuencia, esta vez, favorable a la acumulación: una isla en donde pueda organizarse una comunidad de personas ricas con gran capital podrá establecerse, sin lugar a dudas; pero esa comunidad jamás podrá romper los nexos con el resto de la comunidad humana pues estará constantemente dependiendo de los flujos de capital que le permiten hacer su voluntad. Pero esos flujos no provendrán sino de la comunidad que existe en los países establecidos en tierra firme. Podrán los habitantes de esas islas gobernarse a sí mismos y, también, gobernar a la humanidad en su conjunto, pero siempre van a depender del trabajo objetivado que se realiza en otros confines, del trabajo que realiza el humilde obrero cogiendo los frutos de la tierra para que los gocen otras personas, o del científico capaz de idear una máquina para desalinizar el agua de mar que van a beber los habitantes de esas islas artificiales.

 

LAS ZONAS ECONÓMICAS ESPECIALES

El proyecto del ‘Seasteading Institute’ no podría entenderse sin lo que ha pasado a denominarse ‘Zonas Económicas Especiales’ ZEE (o ‘Special Economic Zone’ SEZ), regiones geográficas que gozarían de un tratamiento legislativo especial orientadas a facilitar el flujo a una economía de libre mercado limitada, a menudo, por las leyes de un Estado o nación. Se trata, en el fondo, de establecer zonas donde no rija la legislación normal sino franquicias especiales para el desarrollo del capital.

 

“Las Zonas Económicas Especiales es un proyecto que avanza a nivel mundial. La intención es crear zonas geográficas en donde operan una normatividad diferente a la del resto de un país, y su objetivo es brindar condiciones provechosas para la inversión de capital privado. Mediante leyes especiales precariza aún más las condiciones de trabajo, evita impuestos, opera con normas ambientales diferentes y recibe un tratamiento de apoyo especial por parte del Estado”[17].

 

Algunos de esos países en donde las ‘Zonas Económicas Especiales’ han podido establecerse han sido latinoamericanos como México y Panamá. Son polos que atraen capitales y pueden hasta ser considerados por los economistas como ‘fuente de inversión extranjera’. Algunas de esas zonas se les denomina ‘Zonas de Libre Comercio’ ZLC (‘Free Trade Zones’ FTZ); Estados Industrales EI (‘Industrials States’ IS)¸ ‘Zonas Libres’ ZL (‘Free Zones’ FZ); etc. No son resistidas por los sectores sociales pues se establecen en las regiones de mayor pobreza cuyo nivel de vida se eleva al entrar la población local a servir a los nuevos dueños de esas tierras. Por lo menos, así ha ocurrido en México donde la instalación de esas zonas cuenta con el apoyo total de la Asociación de Bancos de México ABM. Según un periódico español:

 

“En días recientes se ha sumado al proyecto la Asociación de Bancos de México (ABM). El plan del gobierno es establecer un “clúster de servicios” que atienda de manera integral las necesidades de los empresarios que inviertan con condiciones degradantes para los trabajadores y los recursos naturales de los lugares donde se lleguen a establecer estas ZEE. Los banqueros se han comprometido a diseñar servicios financieros y programas de crédito adecuados a los intereses del capital que llegue a invertir en el proyecto”

“La Ley Federal de ZEE señala que éstas se establecerán en alguno de los 10 estados con mayor pobreza del país. Lugares donde la inversión extranjera aún no se ha instalado de manera generalizada. Las primeras ZEE aprobadas se establecerán en los estados de Chiapas, Guerrero, Michoacán, Oaxaca, Veracruz y Yucatán”[18].

 

Una de las más activas propagadoras de este tipo de zonas es, en la actualidad, Lotta Moberg, ex oficial de las Fuerzas Suecas de Defensa durante el conflicto en Kosovo, y agregada militar del Ministerio Sueco de Extranjería en Rusia. Por estudios académicos no se queda, pues son esos excelentes institutos los mejores instrumentos para entregar especialistas dedicados al desarrollo y preservación del sistema capitalista: estudió economía en las Universidades de Lund y Uppsala, en Don College de Australia, es Philosophie Doctor PhD en la Universidad de George Mason y cuenta con un copioso álbum curricular. Ha escrito el libro que pareciera ser la Biblia de las Zonas Económicas Especiales, intitulado ‘The Political Economy of the Special Economic Zones: Concentrating Economic Development’. No debe sorprender que haya recibido calurosas felicitaciones de otros economistas y académicos por su trabajo.

 

CONCLUSIÓN

La Revolución Capitalista sigue su curso, no ha terminado ni, tampoco, afronta una crisis terminal. Menos, aún, el sistema mismo, que goza de buena salud y se activa día a día. Muestra un vigor pavoroso. Y una capacidad de transformación y adecuación que asombra. Recuerda la advertencia de Leon Gieco cuando indicaba que es ‘un monstruo grande y pisa fuerte’, calificación que se hace necesario tener permanentemente presente. Pues se trata del adversario que tenemos por delante. El sistema capitalista mundial continúa, pues, su irrefrenable paso por la historia. Y no va a detenerse en tanto alguien o algo se cruce en su camino, lo desafíe, enfrente y derrote. Porque, el destino de aquel no es diferente al que Thomas Kuhn señalara para los paradigmas: ninguno termina si no existe otro que lo desplaza y se sitúa en su lugar[19]. Pero aquella es una misión que requiere de un sujeto que lo haga, de un sujeto social que tome en consideración su rol histórico, trace un plan, lo convierta en estrategia y actúa para la consecución de ese fin propuesto. Y esa es una tarea pendiente.

 

Santiago, septiembre de 2017.

 

*A mi buen amigo Juan Alfonso Ramírez, que me alertó oportunamente acerca de este fenómeno.

 

 


[1]Acuña, Manuel: “Notas sobre las protestas en las naciones árabes”, documento de abril de 2011. Este es uno de los muchos documentos escritos al respecto.

[2]Peter Andreas Thiel, empresario norteamericano, filántropo, fue asesor y amigo del actual presidente de USA Donald Trump antes de ser elegido, y aportó para su campaña la suma de 1,5 millones de dólares.  Muchos se sorprendieron cuando no apareció en la lista de las personas que trabajarían con él en la Casa Blanca. Es fundador de la empresa PayPal Fund y ha hecho excelentes negocios junto a Luke Nosek y Kent Howery, conocidos empresarios estadounidenses, desde 1999.

[3]Caparrós, Martin: “Las ciudades flotantes”, ‘El País Semanal’, versión digital, 06 de julio de 2017.

[4]Caparrós, Martin: Art. citado en (3).

[5]Redacción: “Artisanípolis: el futurista plan de Silicon Valley para construir una ciudad flotante en la Polinesia Francesa”, BBC, 6 de enero de 2017.

[6]Redacción: “La amenazante advertencia de China a la BBC para que no sobrevuele sus islas artificiales”, BBC, 15 de diciembre 2015.

[7]Redacción: “El enojo de China por el barco de guerra de EEUU que se acercó a sus islas artificiales”, BBC, versión digital, 27 de octubre de 2015.

[8]Redacción: Art. citado en (7).

[9]Guzmán H., Lorena: “El mundo ya se prepara para las ciudades flotantes”, ‘La Nación, versión digital, 16 de abril de 2014.

[10]Guzmán H. Lorena: Art. citado en (9).

[11]Guzmán H. Lorena: Art. citado en (9).

[12]Redacción: “Diseñaron una espectacular ciudad flotante en aguas del Pacífico”, INFOBAE, 17 de enero de 2017.

[13]Redacción: Art. citado en (6).

[14]El título del libro, en castellano, podría ser: “Colonización marítima: cómo las naciones flotantes salvarán el medio ambiente, enriquecerán a los pobres, curarán a los enfermos y liberarán a la humanidad de los políticos”.

[15]Caparrós, Martín: Art. citado en (3).

[16]Caparrós, Martín: Art. citado en (3).

[17]Bagundo, Gabriel: “Bancos, empresarios y burócratas sindicales se suman a las Zonas Económicas Especiales”, ‘Izquierda Diario’, versión digital, 17 de julio de 2017.

[18]Bagundo, Gabriel: Art.citado en (17).

[19]Véase, al respecto, la obra de Thomas Kuhn “La estructura de las revoluciones científicas”. Existen varias versiones en castellano.

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