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Italia: Bienvenidos de nuevo a la Alemania de Weimar

Publicado el 11 Junio 2018
Escrito por Wolfgang Münchau (*)

Los acontecimientos de Italia durante la semana pasada, como los que han tenido lugar en el Reino de España, han dado muchas vueltas.

El veto del presidente de la República, Mattarella, al euroescéptico Paolo Savona como ministro de economía ha vuelto a poner sobre la mesa las limitaciones del ejercicio democrático de la soberanía en la Unión Europea. Algún cínico ha añadido que los mercados enseñarían a votar a los italianos y, efectivamente, la prima de riesgo se ha disparado. El intento de cortocircuitar el equilibrio de fuerzas electoral con un “gobierno técnico” -al parecer a la satisfacción de los mercados- ha tropezado con la tozudez de la alianza entre la derecha extrema euroescéptica de la Liga Norte y el centro populismo del Movimiento Cinco Estrellas. Ambos han acabado imponiendo al frente de su gobierno, en el que Di Maio y Salvini serán vicepresidentes, a Giuseppe Conte, cuyo principal activo conocido es su CV falsificado. El artículo que publicamos de Wolfgang Münchau refleja esta montaña rusa política a la italiana en el momento de máximo esplendor de Mattarella.  

 

 

En las últimas doce horas seguía dándonos vueltas en la cabeza la idea de que la historia se repite, primero como tragedia, y luego como farsa. El presidente Sergio Mattarella ha decidido partirle el espinazo al gobierno Cinco Estrellas-Liga. La razón aparente han sido sus objeciones a Paolo Savona como ministro de Finanzas, teniendo en cuenta sus opiniones escépticas sobre la eurozona. Su veto a Savona ha provocado la inmediata decisión de Giuseppe Conte de renunciar a su mandato para formar gobierno. El resultado supondrá amargar al pueblo italiano con una sensación de desconfianza en el juego democrático.

El veto de Mattarella llevará, por tanto, a nuevas elecciones, probablemente en la segunda mitad del año. Pero a diferencia de las últimas elecciones, éstas serán de hecho un referéndum sobre la pertenencia de Italia al euro, dadas las razones por las cuales no ha llegado a formarse este gobierno. Mientras tanto, Mattarella ha decidido encargar la formación del gobierno como presidente a Carlo Cottarelli, ex miembro del FMI, para calmar a los mercados. Cottarelli es un tecnócrata a lo Mario Monti, que nunca ha sido elegido. Pero, a diferencia de Monti, no tendrá ni siquiera una mayoría parlamentaria que le respalde.

El Parlamento sigue siendo el límite último de la política italiana…y es el motivo por el cual esta estratagema aplicada por el presidente difícilmente saldrá adelante. No vemos en modo alguno cómo puede aprobar unos presupuestos presentados por una administración de Cottarelli. ¿Esperan quizás que los Cinco Estrellas o la Lega voten a favor? Cuanto más aumente el caos en el país, más votos obtendrán.

Estos son acontecimientos políticos muy graves, porque pueden tener consecuencias importantes, algunas de ellas no intencionadas.

Por primera vez, que recordemos, en un estado europeo democrático un presidente ha hecho uso de sus poderes para impedir el establecimiento de un gobierno con una sólida mayoría en el Parlamento. La idea original que estaba en la base de conferir al Presidente poderes tan fuertes [de designación] justo después de las elecciones era precisamente la opuesta: otorgar al  Presidente el derecho de imponer un compromiso cuando no hay una mayoría. La decisión de Mattarella suscitará en Italia la generalizada impresión de que el sistema político está podrido. Una primera prueba llegó la noche pasada cuando Luigi Di Maio, líder de los Cinco Estrellas, pidió el “impeachment” de Mattarella. Es improbable que pueda tener éxito, porque sobre ese particular tendría que decidir la Corte Constitucional. Mattarella ha sido uno de los jueces del Tribunal. Pero no tiene importancia que tenga éxito o fracase el “impeachment”. Refuerza de todas maneras la impresión de un sistema político en pedazos.

También el discurso xenófobo sale reforzado. Matteo Salvini, líder de la Lega, ha acusado inmediatamente a Berlín y París de estar detrás de aquello que considera un golpe de Estado. Crece, sobre todo, la rabia anti-germana. Y la ira anti-italiana en los medios alemanas. Ya al inicio de los años 90 Ralf Dahrendorf advirtió que el euro enfrentaría a los pueblos europeos unos contra otros. Entonces no nos lo creímos, pero Dahrendorf tenía razón.

La motivación inmediata de la decisión de Mattarella consiste en evitar una posible crisis. Podría ser. Pero evitar una crisis financiera en breve término tiene un precio que pagar. Forzar  elecciones que se verán como un referéndum sobre la pertenencia de Italia a la zona euro podría otorgar al próximo gobierno un mandato oficial para una salida. Como Syriza en 2015, un gobierno Lega / Cinco Estrellas no habría tenido mandato para una salida ahora. Ambos partidos han atenuado su retórica anti-euro ante la perspectiva de las elecciones. Pero esta vez será distinto.

En este momento es difícil comprender si el Movimiento Cinco Estrellas aclarará su posición en el debate, pero se espera que la Lega pueda beneficiarse de modo significativo de esta nueva situación. Creo que la Lega podría obtener más del 22% que registra actualmente en los sondeos.

La decisión de Mattarella se basa también en el cálculo de que la Lega, junto a Forza Italia y Fratelli d’Italia, podría conquistar una mayoría absoluta de escaños, lo que requeriría un mínimo del 40% en el sistema proporcional. Se llegara al 40%, terminaría con una mayoría absoluta precisa en el Parlamento (50% de los escaños más uno). En la práctica, esto no sería suficiente para gobernar, porque la mayoría de un solo escaño de más es inútil. Tendría todavía necesidad de formar una coalición.

El pensamiento que se encuentra en la base de esta estrategia es que, al amarrar a Salvini a una coalición con Silvio Berlusconi, su euroescepticismo podría quedar así mitigado. Creo que esta opinión se equivoca. Pero, hecho todavía más importante, es que es ahistórica.

Ya anteriormente habíamos observado los paralelismos con Weimar, en particular con el modo en el que un establishment liberal ha perdido el control de la situación: al no resolver los problemas económicos, manteniendo a cualquier precio fuera del poder a los extremistas – en aquel entonces, nazis y comunistas, hoy, populistas – infravalorándolos, sobrevalorando la propia capacidad de recoser una vez más las mayorías contra la voluntad popular y obligando a repetir las elecciones. Está todo ahí. La historia se repite como farsa. (Fuente: Eurointelligence, 28 de mayo de 2018. En “Bitácora”, 11.06.18.  de Uruguay,Traducción: Lucas Antón)

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(*) Wolfgang Münchau columnista económico del semanario alemán Der Spiegel y coeditor alemán del Financial Times.

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