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Jorge Baradit y su “Historia secreta de Chile”: Manuel Rodríguez, el demócrata de la Independencia

Publicado el 18 Septiembre 2017
Escrito por Alejandro Lavquén

El escritor Jorge Baradit (Valparaíso, 1969) publicó el tercer volumen de su Historia secreta de Chile (Sudamericana, 196 págs.), continuando con el mismo éxito de ventas conseguido con el primer y segundo libro. La acogida del público le ha permitido acceder a la televisión a través del programa “Chile secreto”, donde lleva a la pantalla las historias que narra en sus libros y muchas otras.

 

 

Nadie puede desconocer sus méritos para contactarse con el público, para dar a conocer de manera amena y dinámica historias que van mostrando el otro lado de la historia oficial y al alcance de todo el mundo.

En el tercer tomo de la Historia secreta de Chile se responden preguntas como: ¿Esclavos africanos pelearon en la Independencia de Chile? ¿Cuál es el mensaje detrás de nuestros símbolos patrios? ¿Quién era Gabriela Mistral?, etc.

Jorge Baradit también ha publicado literatura fantástica. Entre esos libros se cuentan Ygdrasil (2005), Synco (2008) y Lluscuma (2012).

Con este tercer volumen de “Historia secreta de Chile”, ¿terminará un ciclo?

“Se supone que haríamos una trilogía, pero la presión para continuar es harta. Todavía hay mucho que decir, pero tampoco quiero que se perciba como que inauguramos una fábrica de empanadas. Está en reflexión”.

¿Cuál es su balance tras haber publicado estos libros?

“Estoy muy agradecido de los lectores. Su interés ha permitido escribir otros libros, dar charlas y por encima de todo conversar y poner en la mesa un tema que estaba abandonado para la mayoría: nuestra historia. Recordemos que el gobierno anterior propuso incluso quitar horas de historia del currículum escolar. Ahora es tema de rankings, de programas de radio, noticias y hasta en matinales.

Este no es un boom cualquiera, no se trata de vampiros fluorescentes o sagas de dragones, es ni más ni menos que el tema ‘más fome’ de todos, nuestra identidad y nuestra historia como país. Eso es alucinante”.

Los episodios que narra, en general, tratan de hechos que la historia oficial oculta. ¿A qué atribuye esa situación?

“No hay una oficina en algún lado perpetrando una ‘historia oficial’ que busca escondernos cosas. Es una sumatoria de criterios pusilánimes que esconde las yayitas del Estado, la responsabilidad de partes interesadas y la necesidad de construirnos una historia donde nos veamos lindos y unidos. Eso mutila gran parte de nuestras complejidades y conflictos internos que debemos, necesariamente, encarar para superar y avanzar. Es algo a veces más banal de lo que parece”.

 

LA HISTORIA EN TV

Del papel avanzó a la imagen y nació el programa de televisión “Chile secreto”. ¿Cómo ha sido esa experiencia?

“Increíble, porque me ha permitido viajar a los lugares de los que he hablado y conversar directamente con esos historiadores e investigadores que conocía por libros; incluso hablar con testigos o descendientes de los protagonistas del evento, tener en mis manos documentos y piezas muy valiosas. Ha sido el sueño del pibe. Además, en esta plataforma puedes llegar a muchísima más gente, con reflexiones necesarias, con dudas y cuestiones que se han mantenido al margen del debate más democrático. En suma, avivar la historia, que se entienda como un reflejo y eco que actúa sobre la contingencia; que la veamos como una fuerza viva y actual”.

¿Parece que la polémica con algunos historiadores terminó?

“Sí. Después de que en el programa salieran más de cincuenta entrevistados, entre ellos historiadores, investigadores y varios Premios Nacionales de Historia, un poco avalando la iniciativa con su presencia, creo que ese espejismo se esfumó. Fue triste ver a algunos historiadores jóvenes con espuma en la boca atacando una iniciativa que solo buscaba ser un puente entre la gente común y ellos mismos”.

¿Considera que los planes de estudio de colegios y liceos deberían modificarse en sus contenidos?

Como dice el profesor Salazar (Gabriel), a lo menos debería repensarse el panteón de héroes y próceres, hace rato cuestionado por diferentes y poderosas razones desde todos lados”.

¿Qué opina de la afirmación de que “el motor de la historia es la lucha de clases”?

“Con toda humildad me parece un anacronismo a estas alturas. Es una tesis que ya no se defiende con tanta vehemencia (no es menor cuando se trata de uno de los pilares, sino el principal, del marxismo). No desconozco la necesidad de la conciencia de clase ni la presencia de grupos de explotación y oprimidos y que la estructura de la sociedad se ha diversificado desde el momento en que se escribe el Manifiesto Comunista y hoy. Hasta el concepto de ‘clase’ está muy sujeto a discusión. Las fuerzas y motores de la historia hoy se identifican con una diversidad de factores. Entiendo que sostener el concepto es relevante para los radicales, que tienen su lugar en el espectro del pensamiento. Solo que no es mi caso. Además, no soy ni con mucho un experto, es solo la opinión de un ciudadano de a pie”.

De los últimos 45 años debe haber muchos secretos bien guardados. ¿Ha pensando en investigarlos y ponerlos en un libro?

“Al menos de los últimos treinta años se han hecho cargo muy bien los periodistas de investigación, que siempre son la avanzada de la historia. El humo de La Moneda incendiada aún no baja, y los historiadores son un poquito lentos. Hay que luchar contra ese vicio de la historia oficial de construir un relato consensuado, descafeinado y que deje a todos contentos. Eso es simple mutilación de la memoria”.

¿Cuál diría que es el hecho histórico más importante desde el triunfo del No en el plebiscito de 1988?

“El proceso de reformas iniciado en 2006 y que puede concluir en diciembre de este año. Para mi generación efectivamente la alegría llegó el 90. Estábamos en un sótano tan oscuro, húmedo y terrorífico, que solo salir a la superficie aunque fuera en esas condiciones era la alegría. En 2006 irrumpe una generación para la que esa situación era un suelo indigno desde donde solo cabía avanzar e iniciar este movimiento social hacia los cambios. Es un momento en desarrollo. Ha tenido pequeños momentos de gloria y muchas frustraciones. Mover el timón del Estado hacia una mayor igualdad es espantosamente difícil en un país históricamente dirigido por una oligarquía retrógrada, poderosa y violenta, y con un pueblo con poca madurez política que lo quiere todo ahora, pero no sabe muy bien qué y a veces se dispara en los pies”.

 

DICTADURA DE O’HIGGINS

¿En nuestra historia, diría que la figura del general José de San Martín es más relevante que la de O’Higgins?

“Sin duda. San Martín invade y ocupa Chile, derrota al ejército español y le entrega la administración a O’Higgins, quién no fue todo lo relevante que nos dicen, ni en las campañas militares ni en la posterior construcción del Estado”.

Se habla de la dictadura de O’Higgins. ¿A qué lo atribuye?

“A que se está democratizando la historia y estamos saliendo de nociones infantiles o escolares. Lo de O’Higgins fue una dictadura violenta, personalista y con visos de corrupción documentados”.

De acuerdo a sus investigaciones, ¿qué conclusiones saca de la disputa entre o’higginistas y carreristas, y en qué lugar de importancia coloca a Ramón Freire?

“Ambos eran señoritos que veían la independencia solo como una campaña militar y no tenían un gran proyecto o al menos una idea del Estado que querían con posterioridad. Eran autoritarios y elitistas, ellos querían gobernar con la aristocracia y punto, no veían más abajo. Cuestión que le parece muy normal a quienes tienen esa visión de nuestra historia: ‘Chile somos nosotros’. Ramón Freire se vuelve democrático y el periodo de ensayos constitucionales, que la derecha llama ‘de la anarquía’ porque para ellos todo lo que no sea ‘orden’ es un apocalipsis, da muchas muestras de ello. Es un personaje que debe ser relevado de mejor forma”.

¿Manuel Rodríguez es el más demócrata de los llamados padres de la patria?

“Manuel Rodríguez da muestras de aquello cuando es soldado y cuando es nombrado autoridad administrativa. Durante la Independencia es quien busca involucrar al pueblo en la lucha, hay redes de espionaje donde mujeres, campesinos y artesanos se vuelven protagonistas. No ve el proceso como una cuestión militar de elite, sino de participación general. Luego, como autoridad, llama a elecciones en su territorio, quiere repartir tierras entre veteranos que lucharon por la Independencia y campesinos locales, una mini reforma agraria; busca la participación. Ello lo enfrenta con O’Higgins quien quiere un control central y autoritario, designando a las autoridades”.

¿Considera consumada nuestra independencia?

“Del imperio español evidentemente que sí.... Pero hay una independencia interna que aún está pendiente. La gran ‘gracia’ de Diego Portales fue traicionar el ideal de República e instaurar un Estado que trató de reinstalar por la fuerza el orden colonial oligarca, y punto. Ese fantasma nos persigue hasta hoy y ha tenido capítulos nefastos en nuestra historia”.

 

ALEJANDRO LAVQUEN

 

Publicado en “Punto Final”, edición Nº 884, 15 de septiembre 2017.