El 11 de septiembre de 2001 un ataque terrorista destruyó la confianza de los estadunidenses, en sus sistemas de inteligencia, y en su capacidad para defenderse de cualquier individuo u organización que decidiera atacarlos en su propio territorio. Doce años después, por diferentes razones, vuelven a perder su confianza en "la inteligencia", como eufemísticamente se le conoce al espionaje.