En el centro mundial del capitalismo se mira con molestia el desacople de su crisis, que se inició el 2008, de los países en desarrollo por primera vez desde hace a lo menos dos siglos. Tal vez por ello nos volvieron a describir como la suma de tres excesos: de economistas en el gobierno, empleados domésticos y perros vagos.
El primero de ellos es indiscutible. Por ejemplo, en Chile para ubicar un Ministro de Hacienda que no sea economista tenemos que retroceder casi medio siglo. En EE.UU., en cambio, para encontrar uno que lo sea, tenemos que irnos al 2001. Por cierto que en el gobierno norteamericano hay economistas, pero son asesores y consejeros de los políticos-autoridades, y rara vez Secretarios de Hacienda.