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Crímenes de la dictadura: Tortura y muerte de joven comunista

Publicado el 20 Noviembre 2017
Escrito por Manuel Salazar Salvo

La atractiva joven de 29 años -ojos verdes, delgada y embarazada- esperaba locomoción colectiva en la esquina de las calles Exequiel Fernández y Rodrigo de Araya, en la entonces comuna de Ñuñoa, hoy Macul. Eran cerca de las 20:30 horas del 15 de diciembre de 1976. De improviso frenó junto a ella un automóvil Peugeot azul y un hombre que bajó presuroso se le lanzó encima tratando de asirla por la espalda. La mujer logró aferrarse a la base del semáforo que estaba allí y empezó a gritar desesperadamente.

 

 

Varias personas se asomaron desde los locales comerciales y departamentos del lugar para ver qué ocurría. Otro hombre descendió del Peugeot y se sumó a los tirones para desprender a la muchacha de su fierro de salvación. Dos cadetes de la Escuela Militar que pasaban frente a la escena trataron de intervenir.

-No se metan en esto-, les gritó, amenazante, un tercer hombre desde el Peugeot.

Los secuestradores lograron reducir a su víctima. La arrastraron y lanzaron violentamente al piso del automóvil, se subieron sobre ella y el coche arrancó veloz hacia los contrafuertes cordilleranos de la comuna de La Reina, seguido de cerca por otro vehículo similar.

 

HORRIBLE MUERTE

Una decena de agentes de la Dina, integrantes de las brigadas Lautaro y Delfín, comisionados para exterminar a los dirigentes del Partido Comunista, había logrado capturar una nueva presa: la tecnóloga médica Reinalda del Carmen Pereira Plaza, encargada de la Comisión Nacional de Asilo, “enlace” entre Eliana Ahumada y Fernando Navarro -dirigentes del Frente Sindical-, y muy cercana al profesor Fernando Ortiz, quien había asumido la conducción del partido tras la detención de Víctor Díaz, máximo dirigente del PC en la clandestinidad, y de gran parte de los hombres y mujeres que le secundaban.

Reinalda Pereira, embarazada de cinco meses, casada con el kinesiólogo Max Santelices, también militante comunista, fue conducida al cuartel Simón Bolívar y sometida a crueles interrogatorios. Algunos agentes de la Dina describieron al ministro Vázquez aquellas bárbaras sesiones: “La torturaron brutalmente y ella clamaba para que pararan porque decía que estaba embarazada. La teniente Calderón chequeó que eso era efectivo, pero igual el capitán Barriga siguió con las torturas y la corriente. La joven estaba en muy mal estado y empezó a pedir que la mataran. Lawrence fue a buscar una sartén y la golpeó. Al mismo tiempo, Barriga efectuaba simulacros de ejecución con una pistola vacía sobre la sien de la mujer. Murió unas tres horas después en el gimnasio del cuartel. La teniente Calderón le inyectó cianuro para asegurar su muerte”. Tras su deceso, quemaron sus huellas digitales con un soplete para evitar que fuera identificada.

A fines 1976 se produjo la caída de la dirección del PC, encabezada por Fernando Ortiz, que había sido detectada por los servicios de seguridad. Entre el 29 de noviembre y el 20 de diciembre de 1976 trece personas fueron detenidas, asesinadas y desaparecidas. Once eran comunistas y dos pertenecían al MIR. Además de Reinalda Pereira fueron capturados Santiago Araya, Armando Portilla, Fernando Navarro, Lincoyán Berríos, Horacio Cepeda, Luis Lazo, Fernando Ortiz, Waldo Pizarro, Héctor Véliz, Lisandro Cruz, Carlos Durán y Edras Pinto. El denominado “Caso de los Trece” causó tal conmoción pública que en enero de 1977 la Corte Suprema designó como ministro en visita al juez Aldo Guastavino para que investigara. Guastavino cerró el caso un mes después, luego de que el Ministerio del Interior le entregara certificados indicando que los desaparecidos habían “viajado hacia Argentina”. Seis años más tarde, en 1983, el juez Carlos Cerda estableció que los documentos de viaje fueron falsificados y que se trataba de un caso de desaparición forzada de personas.

El juez Miguel Vázquez estableció que la Dina, durante el primer semestre de 1976, habilitó una casaquinta en Simón Bolívar Nº 8800, comuna de La Reina, como centro secreto de reclusión para uso de la brigada Lautaro, a cargo del mayor Juan Morales Salgado. En el segundo semestre de ese año se trasladaron allí las agrupaciones de la Dina a cargo de los oficiales Germán Barriga y Ricardo Lawrence, con sus agentes operativos, los que se ocuparon de investigar, ubicar, allanar, perseguir, reprimir y desarticular a los miembros del Partido Comunista, en especial a sus cúpulas directivas.

 

TECNOLOGA MEDICA

Reinalda Pereira había sido dirigente del Colegio de Tecnólogos Médicos, delegada del personal en el Hospital Sótero del Río y secretaria de la Federación de Profesionales y Técnicos de la Salud. Estaba casada con el kinesiólogo Max Santelices y embarazada de cinco meses. Era de mediana estatura, delgada, de hermosos ojos verdes, cabello fino color castaño oscuro y liso. Muy altiva, introvertida, reservada y exigente con sus amistades. Ordenada y meticulosa. Su padre, Luis Pereira Lobos, provenía de una humilde familia de Viluco, al interior de Maipo, y su madre, Luzmira Plaza Medina, era de origen campesino. Cuando Reinalda, la única hija, tenía cuatro o cinco años, sus padres se trasladaron a Santiago para darle una buena educación. Muy pobres, la madre debió trabajar como empleada doméstica para ganarse la vida. Arrendaron una casita en Quinta Normal. El padre falleció cuando Reinalda era pequeña.

La niña aprendió a tocar guitarra y se esforzó en sus estudios. Egresó a los 16 años como la mejor alumna de Humanidades del Liceo N° 11. Quería estudiar medicina, pero su situación económica se lo impidió. Estudió tecnología médica, especializándose en hematología y transfusión sanguínea. Trabajó en la Escuela Dental y luego en el Hospital Sótero del Río.

En julio de 1973 se casó con Max Santelices, que también trabajaba en el Sótero del Río. Para el día del golpe militar salieron juntos al trabajo. No pudieron regresar hasta el cuarto día. Reinalda advirtió a su madre: “Si nos pasa algo, trata de no desesperarte”. El 29 de septiembre la pareja fue detenida en el hospital junto a otros funcionarios, por soldados del Regimiento Ferrocarrilero de Puente Alto. Reinalda fue liberada en la noche. Max fue conducido al Estadio Nacional y liberado veinte días después. En noviembre de 1973 ambos fueron despedidos de sus trabajos. Reinalda se ocupó como secretaria en varias consultas médicas e hizo reemplazos como tecnóloga médica. Simultáneamente entró a Inacap a estudiar dibujo técnico.

 

 

INVESTIGACION

CON RESULTADOS

En la tarde del 15 de diciembre de 1976, Reinalda terminó su jornada de trabajo en el laboratorio clínico que había fundado con su amiga Cristina Arancibia, en el centro de Santiago. Tenía que ir a Ñuñoa y pidió a Cristina que la llevara en su citroneta.

Ambas mujeres se conocían desde 1969 y eran militantes comunistas, aunque sólo Reinalda seguía vinculada al partido. Tras el golpe, Cristina decidió concentrase en su trabajo y la crianza de sus hijos. Reinalda, en cambio, se involucró en las tareas del PC clandestino.

Entre enero de 1974 y diciembre de 1976 cayeron en manos de la Dina y del Comando Conjunto -organismo represivo de la Fuerza Aérea-, cerca de 150 dirigentes y militantes del PC y de las Juventudes Comunistas. Todos fueron secuestrados, torturados y hechos desaparecer. Las delaciones y traiciones también ayudaron a diezmar las filas comunistas.

Al iniciarse la primavera de 1976 y tras una sucesión de detenciones de dirigentes del PC en la clandestinidad, le pidieron a Reinalda que asumiera tareas de mayor responsabilidad, cercanas a la nueva dirección que encabezaba Fernando Ortiz. Estas tareas duraron cerca de tres meses.

Tras la desaparición de su esposa, Max Santelices se dedicó a la búsqueda de Reinalda. Se reunió con abogados, participó en la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), realizó investigaciones por su cuenta e incluso se encadenó frente al Palacio de Tribunales. En los años 80, buscó a niños que pudieran ser su hijo. Pensaba que en Chile podría haber ocurrido lo mismo que en Argentina, donde los bebés de detenidas fueron dados en adopción a esposas de militares o familias partidarias de la dictadura.

En 2005, a Max Santelices -fumador compulsivo- le diagnosticaron cáncer pulmonar y murió en 2007. Luzmira Plaza, la madre de Reinalda, también fue activa integrante de la AFDD. Murió en 2003. Ni ella ni Max alcanzaron a conocer los avances que el juez Víctor Montiglio consiguió desde que asumió el proceso en 2007. Permitieron conocer los horrores que se vivieron en el cuartel Simón Bolívar y que ahora culminan con la acusación que el ministro Miguel Vázquez formuló contra miembros de la Dina.

 

 

Agentes culpables

 

El ministro Miguel Vázquez condenó a penas de 10 años de presidio a Pedro Octavio Espinoza Bravo, Juan Hernán Morales Salgado y Ricardo Víctor Lawrence Mires, en calidad de autores del asesinato de Reinalda Pereira.

En tanto, los agentes Gladys de las Mercedes Calderón Carreño, Juvenal Alfonso Piña Garrido, Pedro Segundo Bitterlich Jaramillo, Héctor Raúl Valdebenito Araya, Sergio Orlando Escalona Acuña, Jorge Lientur Manríquez Manterola, María Angélica Guerrero Soto, Orfa Yolanda Saavedra Vásquez, Elisa del Carmen Magna Astudillo, Eduardo Alejandro Oyarce Riquelme, Heriberto del Carmen Acevedo, Claudio Enrique Pacheco Fernández, Emilio Hernán Troncoso Vivallos, Teresa del Carmen Navarro Navarro, José Manuel Sarmiento Sotelo, Gustavo Enrique Guerrero Aguilera, Manuel Antonio Montre Méndez y Jorge Hugo Arriagada Mora, deberán purgar 7 años de presidio, también como autores.

Los agentes Hernán Luis Sovino Maturana, José Alfonso Ojeda Obando, José Miguel Meza Serrano, Luis Alberto Lagos Yáñez, Jorge Iván Díaz Radulovich, Jorge Segundo Pichunmán Curiqueo, Sergio Hernán Castro Andrade, Carlos Enrique Miranda Mesa, Víctor Manuel Alvarez Droguett, Orlando del Tránsito Altamirano Sanhueza, Guillermo Eduardo Díaz Ramírez, Berta Yolanda del Carmen Jiménez Escobar, Carlos Eusebio López Inostroza y Joyce Ana Ahumada Despouy, fueron sentenciados a 4 años de presidio, como cómplices en la desaparición de Reinalda.

 

 

MANUEL SALAZAR SALVO

 

 

Publicado en“Punto Final”, edición Nº 888, 10 de noviembre 2017.

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