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Torre de la UNCTAD en la mira empresarial

Publicado el 14 Abril 2018
Escrito por Miguel Lawner

Queremos que esa Torre sea entregada, y así lo propondré, a las mujeres y a los niños chilenos, y queremos que esa Placa sea la base material del gran Instituto Nacional de la Cultura.

Queremos que la cultura no sea el patrimonio de una elite, sino que a ella tengan acceso —y legítimo— las grandes masas postergadas hasta ahora, fundamentalmente los trabajadores de la tierra, de la usina, de las empresas y el litoral.

Salvador Allende,

Santiago, 17 de mayo de 1972

 

 

El Ministro de Bienes Nacionales Felipe Ward, convocó el martes pasado a una conferencia de prensa al pie de la Torre de la Unctad, para comunicar que el edificio había sido declarado inhabitable.

 

Manifestó que se observaban problemas graves en materia de arquitectura; de orden estructural, en las instalaciones eléctricas y sanitarias; que el edificio no cumplía con normas en materia de prevención de riesgos y eficiencia energética.

Como guinda de la torta, añadió que carecía de permiso de edificación.

 

En suma, un desastre.

 

El Ministro habló con bastante seguridad. Fue enfático en sus observaciones. Puede decirse que manifestaba un cierto desprecio por heredar semejante calamidad. El canal Mega, al trasmitir dicha conferencia de prensa, abundó en imágenes interiores del edificio exhibiendo grietas en los muros interiores, cables desprendidos de las instalaciones eléctricas, paneles de los revestimientos de cielos, colgando de sus soportes, etc. etc.

 

Felipe Ward dio a conocer que el costo de las reparaciones ascendería a 20 mil millones de pesos, suma que no figura en los presupuestos de su Ministerio, por lo que confiaba en interesar a la iniciativa privada para evitar que el edificio se transformara en un nuevo elefante blanco.

 

¿Qué tal?

He quedado estupefacto al enterarme que el actual Ministro de Bienes Nacionales, custodio de todo el patrimonio arquitectónico de propiedad fiscal, puede expresarse en tales términos, respecto a la obra patrimonial más significativa del movimiento moderno de la arquitectura chilena, no solo por sus atributos arquitectónicos, sino además, por su carga histórica. Calificarlo como inhabitable, es un juicio con sesgos propicios para incentivar su demolición.

 

La torre de la Unctad fue construida hace 47 años, y es obvio que no cumple con muchas de las normativas vigentes en la actualidad. Cuando se proyectó en 1971, la Ordenanza General de Construcciones no contemplaba preocupación por la eficiencia energética o por la accesibilidad universal. También han variado las normas respecto a escaleras o instalaciones eléctricas y sanitarias. Todo es subsanable y constantemente se realizan obras de adecuación a la normativa vigente, a fin de preservar la vida útil de muchos edificios antiguos

 

Tras el bombardeo de La Moneda en septiembre de 1973, la Junta Militar instaló la sede de gobierno en el edificio de la UNCTAD, situación que se prolongó hasta 1981 cuando pasó a ser el lugar de funcionamiento del llamado Poder Legislativo, período que se extendió hasta 1989.

 

Antes de entregar la banda presidencial al presidente Aylwin, Pinochet emitió un decreto el 6 de diciembre de 1989, en cuyos párrafos se estableció lo siguiente:

 

Se estima que la Junta de Gobierno debe ejercer hasta el último día de su existencia, la plenitud las facultades que el decreto ley N° 190, de 1973, le confirió sobre el complejo urbanístico denominado “Diego Portales”.

“Por otra parte, y en cuanto al destino posterior de dicho edificio, debe tenerse presente que la ley de presupuesto de 1990 contempla una partida especialmente destinada al Ministerio de Defensa para su mantención, lo que implica la decisión de la autoridad de destinarlo a dicho Ministerio, una vez terminadas las funciones de la H. Junta de Gobierno”.

En definitiva, la torre de la UNCTAD funcionó como sede del Ministerio de Defensa hasta el año pasado, es decir, a lo largo de 28 años, sin que ninguna autoridad protestara públicamente por las deficiencias del edificio y mucho menos que lo calificara de inhabitable. Eso incluye la primera administración del presidente Piñera, ocasión en que el actual senador Andrés Allamand ejerció como Ministro de Defensa.

Respecto a eventuales fallas estructurales, digamos que el edificio resistió los terremotos de 1985 y 2010 sin un solo rasguño, por lo cual las declaraciones del actual Ministro de Bienes Nacionales carecen de todo fundamento.

En cuanto a falta de permisos de edificación, debo admitir que posiblemente nosotros no los gestionamos en su momento, debido a la premura para iniciar la construcción sin tener finalizado el proyecto de arquitectura, que en definitiva se fue configurando junto con el avance de las obras.

Para obtener el permiso de edificación de cualquier obra, es indispensable presentar un proyecto completo de arquitectura y especialidades técnicas, situación que no estábamos en condiciones de cumplir, dada la urgencia por iniciar las obras de construcción. Pero, caramba, transcurrieron 45 años con un edificio ocupado primero por la Junta del Gobierno militar y más tarde por el Ministerio de Defensa, sin que ninguna autoridad se percatara jamás de semejante infracción.

Resulta sospechoso invocar ahora la ausencia de permiso de edificación, como una circunstancia agravante del supuesto deterioro, advertido en términos alarmantes por el actual Ministro de Bienes Nacionales.

La Torre de la Unctad se identifica por la expresión de sus cuatro fachadas, que forman una red vertical de perfiles en acero cortén, colocados a manera de quiebrasol. El acero cortèn es un material de gran nobleza, que se autooxida en el transcurso de los años, transformándose de hecho, en un material perenne. No exige mantenimiento alguno, salvo periódicos lavados con agua.

 

 

Imagen del patio hacia Villavicencio donde se advierte la red de perfiles en acero cortén que cubre las cuatro fachadas de la Torre. En primer plano la escultura de Carlos Ortúzar, representando los 4 mundos y que fue desmantelada tras el golpe militar.

 

El mismo material se especificó para toda la cubierta de la Placa, la cual se mantiene impecable hasta hoy día. En su momento fue una apuesta arriesgada que asumieron los arquitectos proyectistas del edificio, ya que nunca antes se había utilizado en Chile este material y la CAP lo fabricó especialmente para nuestra obra. El resultado constituye un orgullo para la que entonces era una empresa estatal y también es una enorme satisfacción profesional para quienes se arriesgaron a tomar una decisión de un futuro incierto.

Placa y Torre fueron concebidas para servir como el gran Centro Cultural Metropolitano de Santiago, una vez concluida la Asamblea de la Unctad. Fue bautizado con el nombre de nuestra Premio Nobel Gabriela Mistral y alcanzó a funcionar un año como tal antes del golpe militar, superando todas las expectativas que nos habíamos formado.

Pocas veces puede decirse, como en este caso, que el ciudadano común haya hecho suyo un edificio. Las colas para ingresar al casino se extendían a lo largo de la Alameda, y todas las salas bullían con una incesante actividad, acogiendo presentaciones de conjuntos artísticos o sociales, preferentemente del mundo popular, recibiendo asambleas sindicales o estudiantiles; promoviendo exposiciones o conferencias de todo tipo.

Pero la Junta Militar cercó el edificio con un sólido enrejado, aislándolo del libre paso ciudadano y se blindaron los pisos superiores donde Pinochet instaló sus oficinas personales. Se eliminaron los imponentes ventanales que lo comunicaban con la Alameda, sustituyéndolos por herméticos muros de ladrillo, y para culminar esta agresión, desapareció gran parte de su patrimonio artístico, que hasta el día de hoy no ha sido restituido. Los golpistas se repartieron murales y tapices como quién se asigna un botín de guerra.

Finalmente, como síntesis de su brutal intervención, la dictadura cambió el nombre del edificio, que pasó a llamarse Diego Portales, con lo cual infirió un agravio gratuito a la memoria de nuestra Premio Nobel.

A raíz del incendio que afectó al sector oriente de la Placa el año 2006, surgieron voces proponiendo la demolición del edificio o modificar su destino. El diario El Mercurio, destinó su sección Artes y Letras a descalificar sus méritos arquitectónicos, por vía de entrevistas a algunos arquitectos.

Fue necesario movilizar muchas opiniones de importantes personalidades chilenas y extranjeras del ámbito artístico y cultural, para evitar la demolición de la Placa. Finalmente, la presidenta Bachellet acordó la restauración del inmueble y convocó a un Concurso Internacional de Arquitectura que se materializó en el hermoso y dinámico centro cultural que es hoy el GAM.

Un caso análogo es el ocurrido con el Palacio Pereira. Esta elegante mansión, de orden neoclásico, situada en la esquina de Huérfanos con San Martín, permaneció abandonada durante 30 años. Ese sí que llegó a ser un edificio inhabitable.

Sin embargo, durante la primera administración del Presidente Piñera, el Estado adquirió el inmueble y convocó a un concurso de arquitectura para su restauración y habilitación como sede de la DIBAM y del Consejo de Monumentos Nacionales. El año 2016, bajo el mandato de la Presidenta Bachellet, se asignaron los fondos para la ejecución de las obras, que finalizarán a comienzos del próximo año, enriqueciendo el centro histórico de la capital, con una obra de alto valor patrimonial.

Aquí no hubo dudas. Nadie pretendió someter este edificio a los patrones convencionales de rentabilidad social.

La cultura no puede juzgarse con estrechos criterios mercantiles, como evalúa a la Torre de la Unctad, el actual Ministro de Bienes Nacionales. Es necesario restituir las decisiones sobre el futuro de este edificio a quién corresponde, es decir, al Ministerio de la Cultura, de las Artes y del Patrimonio.

Están próximas a finalizar las obras de ampliación del GAM, incorporando una gran Sala de Conciertos, lo cual permitirá abrir al público toda el área adyacente a calle Villavicencio, de gran vitalidad cultural antes del golpe militar.

Podremos volver a admirar la hermosa escultura urbana de Federico Assler hoy oculta, a causa de las obras de construcción.

Escultura de Federico Assler, que fue la primera de carácter urbano realizada por este artista,

 

La Torre de la Unctad no puede permanecer abandonada afectando ese espectacular espacio cultural abierto a disposición del ciudadano común, atractivo no solo para los chilenos, sino que también para el creciente flujo turístico que experimenta nuestro país.

El Ministerio de la Cultura, las Artes y el Patrimonio, debe elaborar las bases de un concurso de arquitectura destinado a restaurar la Torre de la Unctad, incorporando todas las Normas de Construcción vigentes en la actualidad y destinándolo preferentemente a funciones de orden cultural. En igual forma, es necesario recuperar la conexión de la Torre con la Placa, levantar las rejas que obstruyen la relación entre ambos edificios, así como las que impiden la libre conexión con calle Lastarria frente a la Iglesia de la Veracruz.   

Los últimos dos pisos de la Torre fueron proyectados originalmente como un departamento dúplex destinado a la Presidencia de la República, ya sea para su uso personal o para alojar a invitados extranjeros especiales. El gobierno de Chile carece de semejante servicio y me parece conveniente recuperar esta idea. Es un lugar de emplazamiento y vistas excepcionales.

Complementaria con esta idea, podría reestudiarse la recuperación del helipuerto que se construyó sobre la cubierta de la Torre.  En su tiempo, la Dirección de Aeronáutica Civil objetó el funcionamiento del helipuerto, a casa del riesgo que significaba la altura de edificaciones vecinas, pero creo que con los avances tecnológicos en este campo, esa objeción está superada en la actualidad. 

Abrigo la certeza que, respecto al futuro de la Torre de la Unctad, primará la cordura

para bien de nuestro patrimonio nacional.

 

 

 

Miguel Lawner

 

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