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Las mujeres de mi generación

Publicado el 08 Marzo 2018
Escrito por Luis Sepúlveda

Las mujeres de mi generación abrieron sus pétalos rebeldes

 no de rosas, camelias, orquídeas u otras yerbas,
 de saloncitos tristes, de casitas burguesas, de costumbres añejas,
 Sino de yuyos peregrinos entre vientos.

 


 Porque las mujeres de mi generación florecieron en las calles,
 en las fábricas se hicieron hilanderas de sueños,
 en el sindicato organizaron el amor según sus sabios criterios
 Es decir, dijeron las mujeres de mi generación,
 a cada cual según su necesidad y capacidad de respuesta,
 como en la lucha golpe a golpe en el amor beso a beso.
 Y en las aulas argentinas, chilenas o uruguayas
 supieron lo que tenían que saber para el saber glorioso
 de las mujeres de mi generación.
 Minifalderas en flor de los setenta,
 las mujeres de mi generación no ocultaron ni las sombras
 de sus muslos que fueron los de Tania.
 Erotizando con el mayor de los calibres
 los caminos duros de la cita con la muerte.
 Porque las mujeres de mi generación
 bebieron con ganas del vino de los vivos
 acudieron a todas las llamadas
 y fueron dignidad en la derrota.
 En los cuarteles les llamaron putas y no las ofendieron
 porque venían de un bosque de sinónimos alegres:
 Minas, Grelas, Percantas, Cabritas, Minones, Gurisas, Garotas, Jevas,
 Zipotas, Viejas, Chavalas, Señoritas
 Hasta que ellas mismas escribieron la palabra Compañera
 en todas las espaldas y en los muros de todos los hoteles.
 Porque las mujeres de mi generación
 nos marcaron con el fuego indeleble de sus uñas
 la verdad universal de sus derechos.
 Conocieron la cárcel y los golpes
 Habitaron en mil patrias y en ninguna
 Lloraron a sus muertos y a los míos como suyos
 Dieron calor al frío y al cansancio deseos
 Al agua sabor y al fuego lo orientaron por un rumbo cierto.
 Las mujeres de mi generación parieron hijos eternos,
 cantando Summertime les dieron teta,
 fumaron marihuana en los descansos,
 danzaron lo mejor del vino y bebieron las mejores melodías.
 Porque las mujeres de mi generación
 nos enseñaron que la vida no se ofrece a sorbos compañeros,
 sino de golpe y hasta el fondo de las consecuencias.
 Fueron estudiantes, mineras, sindicalistas, obreras
 artesanas, actrices, guerrilleras, hasta madres y parejas
 en los ratos libres de la Resistencia
 Porque las mujeres de mi generación sólo respetaron los límites que
 superaban todas las fronteras.
 Internacionalistas del cariño, brigadistas del amor,
 comisarias del decir te quiero, milicianas de la caricia.
 Entre batalla y batalla
 las mujeres de mi generación lo dieron todo
 Y dijeron que eso apenas era suficiente.
 Las declararon viudas en Córdoba y en Tlatelolco
 Las vistieron de negro en Puerto Montt y Sao Paulo
 Y en Santiago, Buenos Aires o Montevideo
 fueron las únicas estrellas de la larga noche clandestina.
 Sus canas no son canas
 sino una forma de ser para el qué hacer que les espera.
 Las arrugas que asoman en sus rostros
 dicen he reído y he llorado y volvería a hacerlo.
 Las mujeres de mi generación
 han ganado algunos kilos de razones que se pegan a sus cuerpos,
 se mueven algo más lentas cansadas de esperarnos en las metas.
 Escriben cartas que incendian las memorias.
 Recuerdan aromas proscritos y los cantan.
 Inventan cada día las palabras y con ellas nos empujan
 Nombran las cosas y nos amueblan el mundo
 Escriben verdades en la arena y las ofrendan al mar
 Nos convocan y nos paren sobre la mesa dispuesta.
 Ellas dicen pan, trabajo, justicia, libertad
 Y la prudencia se transforma en vergüenza.
 Las mujeres de mi generación son como las barricadas:
 Protegen y animan, dan confianza y suavizan el filo de la ira.
 Las mujeres de mi generación son como un puño cerrado
 que resguarda con violencia la ternura del mundo.
 Las mujeres de mi generación no gritan
 porque ellas derrotaron al silencio.
 Si algo nos marca, son ellas.
 La identidad del siglo son ellas.
 Ellas: la fe devuelta, el valor oculto en un panfleto
 el beso clandestino, el retorno a todos los derechos
 Un tango en la serena soledad de un aeropuerto,
 un poema de Gelman escrito en una servilleta
 Benedetti compartido en el planeta de un paraguas,
 los nombres de los amigos guardados con ramitas de lavanda
 Las cartas que hacen besar al cartero
 Las manos que sostienen los retratos de mis muertos
 Los elementos simples de los días que aterran al tirano
 La compleja arquitectura de los sueños de tus nietos.
 Lo son todo y todo lo sostienen
 Porque todo viene con sus pasos y nos llega y nos sorprende.
 No hay soledad donde ellas miren
 Ni olvido mientras ellas canten.
 Intelectuales del instinto, instinto de la razón
 Prueba de fuerza para el fuerte y amorosa vitamina del débil.
 Así son ellas, las únicas, irrepetibles, imprescindibles sufridas, golpeadas, negadas pero invictas.

 

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