Atención, que vienen curvas… a la derecha. El flamante presidente del PP plantará guerra al soberanismo desde el balcón de Génova, dejará a Franco en su sitio —y a los republicanos, en las cunetas—, mantendrá a los presos etarras lejos de Euskadi, combatirá la "ideología de género", emprenderá una senda aún más neoliberal y, como si no hubiese aprendido del batacazo de Gallardón, defenderá el llamado derecho a la vida, como si la mujer que se somete a una interrupción del embarazo estuviese a favor de la muerte. Pablo Casado, en definitiva, es el futuro de un partido que regresa al pasado, como se veía venir.