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Agua dulce, el nuevo tesoro de la humanidad

Publicado el 07 Febrero 2018
Escrito por Arturo Alejandro Muñoz

Uno de los destinos turísticos más visitados en el mundo, Ciudad del Cabo, cuenta con menos de cien días de suministro de agua, y su panorama es tan sombrío que las autoridades locales han informado a la población que ya hay una fecha límite, luego de la cual todas las cañerías que transportan agua potable en esa ciudad quedarán secas. Entonces, la información –brutal, espantosa- será: “se acabó el agua”.

 

 

La crisis del agua llegó y amenaza con incrementarse, pues a pesar que el 70% de la superficie de la Tierra está cubierto por agua, el 97.5% es agua salada y sólo el 2.5 % es dulce. Pero, del total de agua dulce sólo es consumible el 1%,  ya que gran parte de ella está congelada en los glaciares, y otro tanto se presenta como humedad en el suelo o permanece en capas acuíferas subterráneas prácticamente inaccesibles.

Durante siglos, el agua fue un bien natural que nunca amenazó –globalmente- con sus extinción, independiente de los períodos de sequía que experimentaban de vez en cuando algunos sectores de nuestra esfera celeste. En muchos lugares de los seis continentes se instaló la sensación que apuntaba a la inagotabilidad del vital elemento líquido.

Pero, llegó el largo período de híper industrialización seguido luego por el funesto cambio climático provocado por ella, y la realidad comenzó a dar un giro alarmante que apunta a su total agotamiento, el cual obedece principalmente  a causas nefastas provocadas por la especie humana.  En este punto se hace imprescindible una aclaración. La responsabilidad no recae en todos los seres de la especie humana, sino en algunos de sus miembros, específicamente en los que poseen el  poder económico, bélico y político.

Chile no debe sentirse ajeno a la tragedia que comienza a experimentar la población de Ciudad del Cabo creyendo que en nuestra angosta faja de tierra las maravillas de madre natura jamás nos serán esquivas, que nuestra cordillera seguirá siendo un “castillo de aguas” y que el ancho océano que nos separa de Asia, África Oceanía , será siempre dispendioso en  lluvias. Cuidado con tamaña certeza.

En Chile el 91% del agua dulce es consumida por la Industria (con mayor énfasis, la gran minería) y la Agricultura, quienes hacen notables esfuerzos para hacer creer a la población que cualquier disminución del vital líquido obedece a “mal uso” doméstico del mismo, y que su abundancia o escasez estaría determinada por quienes consumen el 9% del agua, y no por esel91% que la utiliza a destajo.

Pareciera que en nuestro país las nubes tuviesen dueños, pues el agua de ríos, lagos, esteros, etc., ha sido privatizada  a objeto de que la minería y otras megaempresas la usen casi sin freno, para enriquecer a grandes compañías transnacionales que rasguñan nuestro territorio en busca de sus recursos naturales, apropiándose también de la fuerza hidráulica para negociar escandalosamente con servicios de primera necesidad, como la electricidad y las sanitarias en general.

El agua es poder… el agua es vida, y más pronto de lo esperable será el principal recurso por el que se luchará a brazo partido en nuestro planeta.  Desgraciadamente, en Chile, el agua -ya en manos privadas- se transformó en un evidente elemento de dominación tornando más clasista aún el actual sistema neoliberal. Y además somos el único país de América donde el agua es privada, pues fue entregada por los gobiernos del duopolio a consorcios bolicheros transnacionales.

La situación es más preocupante aún, ya que en nuestro territorio austral –junto con Argentina- se encuentra parte de la mayor reserva mundial de agua dulce, la que está  inserta en los glaciares patagónicos. De esa reserva poseemos el 70%. Se trata de un tesoro incalculable que alerta a las potencias del planeta haciéndolas mirar hacia el austro americano con el objetivo de tomar las riendas de tamaña riqueza.

La Patagonia tiene muchos misterios que aún no han sido desentrañados, como misteriosa (o extraña) es la permanente presencia de centenares de jóvenes israelitas que llegan a la zona en calidad de turistas luego de haber realizado su servicio militar, viajes que según afirman muchos puntarenenses los paga el estado de Israel.

Tanto en Chile como en Argentina, estas visitas han llamado la atención y comenzaron a preocupar incluso a algunas autoridades, como es el caso del senador chileno Eugenio Tuma, quien aseguró: “miles de jóvenes israelíes que visitan el sur del país son en realidad conscriptos que vienen a hacer cartografía para otros fines no turísticos”.

 

El parlamentario concedió una entrevista a Controversia TV,  en la que habló del “riesgo para la continuidad territorial de Chile” que representa la llegada de los jóvenes israelíes a la Patagonia. “Chile no puede tener la ingenuidad de pensar que miles de conscriptos israelitas vengan a visitar la Patagonia  de forma permanente y estén haciendo cartografía. Eso delata una ingenuidad de nuestra Inteligencia como para pensar que esto no tenga alguna coordinación desde el Estado de Israel para algún otro fin que no sea turístico“, explicó Tuma a CNN Chile.

 

Es muy probable que los temores del senador sean absolutamente infundados, aunque en Punta Arenas, Puerto Natales , y muy particularmente en el austro argentino, la opinión de los lugareños coincide con lo expresado por el parlamentario chileno.

 

Durante años Chile fue el dueño de toda esa amplia extensión de tierra, desde el Atlántico al Pacífico, hasta que las disputas con Argentina –en 1881  cuando nuestro país se encontraba enfrascado en una guerra contra Perú y Bolivia- llevaron a los gobiernos en Santiago a conformar el mapa de la austral región tal como usted lo conoce hoy día.

Pero, en esencia, ante el desinterés evidente mostrado durante el siglo diecinueve y gran parte del siglo veinte por los gobiernos y la sociedad chilena, la Patagonia fue un territorio ocupado mayoritariamente por extranjeros en busca de fortuna. Algunos la consiguieron, como ocurrió con la rusa Sara Brown y el portugués José Nogueira, quienes se convirtieron en los pioneros de la ganadería ovina austral, famosa y apreciada en el mundo entero. Y extranjeros son hoy día los que mayor interés demuestran por asentarse e invertir en la región. El caso del ya fallecido Douglas Tompkins es un ejemplo de lo dicho.

Dueña de una belleza indómita y un clima frío que no admite pobres ni indigentes, la Patagonia –Punta Arenas en particular- fue durante más de un siglo territorio “olvidado” por este Chile nuestro, centralista y cómodo, tan perfectamente tibio en lo social y en lo político. Algo ha cambiado ese cuadro en las últimas décadas, debido quizás al intenso tráfico turístico proveniente de todos los rincones del mundo, al indiscutible mejoramiento de la conectividad con el resto del país y a que Punta Arenas resulta ser el mejor puente para arribar a territorio antártico.

Olvidada (o tal vez ignorada) durante a lo menos un par de siglos luego del paso de Hernando de Magallanes por el corazón marítimo de la región, la Patagonia señala hoy la importancia que –para Chile y el mundo- tienen sus reservas de agua dulce, las mayores del planeta contenidas en glaciares y ventisqueros. No cabe duda que el futuro de la humanidad requerirá, sin lugar a discusión, del agua pura y cristalina que aún se encuentra en los glaciares y ventisqueros de nuestra bellísima Patagonia.

¿La dejaremos en manos de mercachifles privados como ha ocurrido con el cobre, el litio, el mar, los bosques? ¿Permitiremos que se pierda y se extinga por negligencia criminal de nuestras autoridades, o por entreguismo de estas a bolicheros transnacionales?