Sábado, 24 de Junio 2017

Marcha, represión y la cara larga de Heraldo Muñoz en el funeral del TPP

Publicado el 17 Marzo 2017
Escrito por Álvaro Grunert

El TPP fue un proyecto de acuerdo comercial impulsado y diseñado a la medida de EEUU para intentar restarle poder económico y geopolítico a China. En sus casi 10 años de secretas negociaciones involucró a otros 11 países, entre ellos Chile. Cuando Wikileaks hizo públicas las informaciones que demostraban que este tratado lo único que buscaba era allanarle el camino a las grandes corporaciones -pulverizando los estados y soberanías de sus países firmantes- organizaciones sociales de los 5 continentes se movilizaron para denunciarlo y exigir su cancelación. 

 

 

 

En Chile, 3 organizaciones se crearon específicamente para luchar contra la aprobación de este tratado. No Al TPP TalcaYo No Quiero TPP V Región y Chile Mejor Sin TPP. Las 2 últimas contaron con la participación de Fundación Equidad Chile, siendo la minuta “Impacto del TPP en Medicamentos” uno de los principales aportes a la causa. Gracias a este informe del director de Fundación Equidad, Tomás Lagomarsino, sabemos que el TPP buscaba extender a 8 años la protección de datos de un nuevo medicamento. Esto iba a significar que una farmacéutica podía ser la exclusiva proveedora de un medicamento sin que nadie más conociera su receta durante 8 años, impidiendo la existencia de versiones genéricas. Este sólo ejemplo representa fielmente el espíritu o falta de espíritu del TPP. 

 

A espaldas de la ciudadanía fue concebido y a espaldas de la ciudadanía murió. En el momento justo en que la protesta social contra este TLC llegaba a su punto peak, Donald Trump inauguró su mandato presidencial retirando a EEUU del TPP, y con ello lo desconectó del respirador artificial que lo mantenía vivo.

 

En una patética jugada, la cancillería de Chile convocó a una reunión extraordinaria en suelo nacional, junto a los otros países viudos del TPP. La invitación se extendió a Colombia, Corea del Sur y China. Extraña jugada considerando que China era el mayor perjudicado con este tratado, al menos en su intención original. 

 

Frente a este gesto de evidente sumisión política y económica tristemente protagonizado por el Gobierno de Chile, nuevamente las organizaciones sociales salieron al paso y también a la calle. La cumbre para intentar resucitar el TPP comenzó el 14 de marzo, en el Hotel Sheraton Miramar de Viña del Mar, mismo día y lugar donde se congregaron las organizaciones para manifestarse en su contra. Como suele ser la tónica en estos casos, la tolerancia policial fue mínima, probablemente para no proyectar una imagen país que pudiera incomodar a los asistentes de la cumbre. Esta disposición se tradujo en la brutal e inmediata represión de los manifestantes por parte de las FFEE de Carabineros, que sólo alcanzaron a recorrer 2 cuadras por el bandejón central de Avenida Álvarez. Los 15 detenidos explicaron después que el operativo de Carabineros fue caótico, sin una autoridad que se hiciera responsable del procedimiento y que les supiera explicar el motivo de su detención. Si bien la manifestación no contaba con autorización, no la necesitaba, puesto que transcurría por la vereda y pacíficamente. “La respuesta del Gobierno a las demandas ciudadanas es la represión y así quedó registrado en medios nacionales e internacionales” explicó Tomás Lagomarsino, uno de los detenidos. “En esta cumbre se desmoronó el castillo de cartas de Heraldo Muñoz, que buscaba la continuación del TPP y solo consiguió una declaración de intenciones” agregó. Y es que finalmente fue China, invitada quién sabe bajo qué circunstancias, la que se encargó de aclarar durante la cumbre que ellos no venían a negociar el TPP, y con estas palabras le puso el punto final a esta amarga novela.

 

Sin embargo, sabemos que el TPP era sólo un mecanismo técnico, pero que las intenciones acaparadoras de los grandes grupos financieros del planeta siguen intactas. Poco se sabe del TiSA, pero en términos generales busca lo mismo que el TPP: Debilitar a los estados para favorecer el control empresarial, buscar la creación de una supra constitución global diseñada a la medida de las necesidades corporativas y privatizar y tercerizar los servicios públicos, entre más de lo mismo. Este tratado involucra a más países –también a Chile- y se viene negociando con el mismo secretismo que su hermano recién fallecido. 

 

La experiencia del TPP nos deja la sensación de que la lucha contra la llamada Corpocracia está entrando en una fase decisiva, donde los pueblos del mundo parecen tener 2 opciones que cada vez se hacen más agudas: O nos quedamos en la desidia y vemos cómo las corporaciones se convierten en la nueva religión o nos organizamos y creamos un poder alternativo que nos libere de esta catástrofe social.

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