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En el ámbito urbano ambiental Carta Abierta a Piñera

Publicado el 17 Febrero 2014
Escrito por Patricio Herman

En razón a que hemos tenido malas experiencias con anteriores cartas entregadas en la Oficina de Partes del Palacio de La Moneda dirigidas a Su Excelentísima Señoría, en donde le relatábamos en detalle políticas públicas muy mal concebidas por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu), ya que no las respondía ni sus asistentes acusaban recibo de las mismas, en esta ocasión ya no iremos a la Mansión Presidencial para expresarle formalmente, mediante una carta, cierta situación embustera de su administración, relacionada directamente con un compromiso de la campaña presidencial, “un árbol un chileno”.

 

En efecto, su gobierno autocalificado de excelencia, a través del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu) entregó a fines del año 2010 cifras falsas a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en relación a la plantación de árboles en el país, mentirilla que a esta fecha se mantiene en la página web de Plant for the Planet, Árboles para la Justicia Climática. En días recientes denunciamos públicamente esta mala práctica, cubierta por algunos medios digitales y ciertas radios, en donde le hacíamos un llamado a Rodrigo Perez, su consentido ministro del ramo, para que enmendara la mendaz información.

 

Ahora bien, Piñera entregará el mando de la nación en unas semanas más y como no sería bien visto que el asunto que describiremos detalladamente a continuación se mantenga tal cual está reflejado en algunas páginas webs de organizaciones internacionales, iremos al grano: 

 

Todos sabemos que el mencionado compromiso de campaña era gravitante y de alto impacto positivo para la ciudadanía por los beneficios ambientales que se generan con la existencia de especies arbóreas, más aún si éstas son nativas. Es de conocimiento generalizado que los bosques autóctonos, en particular en América del Sur, están desapareciendo a una velocidad alarmante porque se han estado reemplazando por especies exóticas y monocultivo, tales como, entre otras, el pino radiata y el eucaliptus de rápido crecimiento, cultivos preferidos de las empresas forestales porque con sus explotaciones se obtienen jugosos rendimientos económicos.

 

Se pierden los bosques en Chile también por el despeje, producto del invasivo desarrollo inmobiliario tanto habitacional como industrial, así como por la construcción indiscriminada de carreteras y tantos otros despejes de bosque realizados históricamente por la minería, dolorosos detrimentos naturales que se han producido por la búsqueda ansiosa del crecimiento económico concentrador de riqueza en pocas manos, único objetivo de quienes toman las decisiones políticas.

 

Estimamos, sin temor a equivocarnos, que en nuestro país el descontrol y la ausencia de una apropiada regulación de los mercados continuarán campantes. Pero como los milagros existen podría ser posible que los futuros gobernantes, cambiando el paradigma en boga, se atrevan a implementar políticas públicas efectivas a favor del desarrollo sustentable, el mismo que existe en los países nórdicos de Europa.   

 

En fin, al poco tiempo de avanzar este compromiso de campaña, presionado por la ciudadanía responsable que utiliza las redes sociales y las movilizaciones, esta obligación medioambiental fue introducida al quehacer nacional como “Proyecto Bicentenario de Chile”, colocando al árbol en un lugar de interés prioritario para el Estado, lo que entendemos finalmente como un reconocimiento a la insistencia en tal sentido por parte de los progresivos movimientos verdes. Vimos con interés que esta vinculación es coherente con el bicentenario de nuestra República, porque implica un esfuerzo nacional interesante hacia una mejor calidad de vida de todos los que vivimos en Chile y permite hacer una buena educación ambiental.

 

Sin embargo, y aquí está el “pero”, hemos constatado que este “Proyecto Bicentenario de Chile”, se está usando para otras materias que no tienen relación con su génesis, lo que significa que se desvistió a un santo para vestir a otro, acción asaz temeraria de este gobierno que rechazamos de plano. 

 

Expresamos lo anterior porque en la página web de la ONU aparece un compromiso y donación de árboles realizada a través del Minvu, Proyecto de Forestación Urbana, Gobierno de Chile,  indicando, cita textual, que “El Gobierno de Chile hace entrega con esa fecha, octubre de 2010, la suma de 17 millones 592 mil árboles”, los que aparecen como plantados (sic), número exacto de ejemplares que contempla el Proyecto Bicentenario el cual corresponde a ejercicios dentro de ese marco, situación absolutamente irregular, pues para esa fecha el Minvu solo evaluaba su participación en el Proyecto de Arborización, y CONAF, el verdadero organismo público ejecutor, estaba recién preparando el plan a realizar y no contaba con los árboles necesarios. Se suma a esta incorrección el hecho de que tal Proyecto Bicentenario, no es endosable a campañas como la de Plant for The Planet , que requieren un esfuerzo nuevo, potente y real hacia la lucha mancomunada para mitigar el cambio climático que se observa en el mundo.

 

Actualmente esta cifra caprichosa se encuentra en http://www.plant-for-the-planet.org/en/planting, sitio oficial asociado a ONU, de tal forma que el gobierno terminal debería corregir, ojalá antes del 11 de marzo próximo, el voluntario error cometido ante la ONU y ante Plant for The Planet, Árboles para la Justicia Climática,pues esta falsa información públicamente declarada distorsiona los hechos. Esperamos que el Minvu, con la información actualizada, comunique cual es la veraz cantidad de árboles plantados.    

 

Chile ha aparecido ante la comunidad internacional como un país muy responsable, con avances importantes en la ejecución de medidas paliativas para mejorar la situación ambiental en el mundo, en circunstancias que ello no es así. La transparencia, palabra muy de moda, pero poco practicada en Chile, obliga a esclarecer que en este ámbito de materias no hay avances. Es más, el Proyecto Bicentenario de Arborización es absolutamente precario, en cuanto a arbolado urbano, peri-urbano y de protección a los bosques, sobre todo en la zona central donde se concentra la mayor población del país.

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