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Frente Amplio: ganar el Loto y dilapidarlo en una noche de amor, vanidad y vino

Publicado el 04 Diciembre 2017
Escrito por Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

La vida es una lotería: está regida por el azar, más que por los designios de la Providencia. (Personalmente, juego al Loto algunas veces con la esperanza de asegurarme el no terminar como un viejo  pobre, lo que en Chile es equivalente a vivir en la mierda). Cuenta Maquiavelo que en las tardes de su exilio, en San Casiano Val de Pesa, se dedicaba a dejar pasar el tiempo en el juego de cartas, para luego vestir su traje de diplomático y “departir” con los grandes héroes de la historia grecorromana. Dostoievski, por su parte, fue también un empedernido jugador, terminaba buscando en el cristianismo para la salvación de su alma. Sin el juego y los horizontes de esperanza la vida sería como el “infierno” de Dante, es decir, sin ningún futuro.

 

 

Los electores también entregan el número ganador de la lotería a personajes o partidos inesperados que, en apariencia, tenían pocas posibilidades de hacerse millonarios de la noche a la mañana. Hay casos de provincianos muy pobres que han ganado la lotería, pero la han dilapidado en pocos meses y  han terminado en “situación de calle”. Marco Enríquez-Ominami tuvo la suerte de ganar el Loto de un 20% en las elecciones presidenciales de 2009, con más de un millón de votos, y también pasó por el mismo dilema que afrontó el Frente Amplio, liderado por Beatriz Sánchez – “si me la ponen, me matan, mi me la sacan, me muero”. Los seguidores de Enríquez-Ominami estaban convencidos de que al negarle el apoyo explícito a Eduardo Frei Ruiz-Tagle tendrían, en el lapso de cuatro años, la presidencia en sus manos.

Para lograr tal hazaña se hacía necesario, en primer lugar, corregir errores gruesos, como la carencia de alianzas con otros partidos y movimientos, es decir, el síndrome del lobo solitario; en segundo lugar, la fundación de un partido político - lo cual logró, con el Partido Progresista (PRO) -. En la lucha por la hegemonía de la izquierda, la  suma de los votos de Jorge Arrate y Marco Enríquez-Ominami igualaban  a la de Eduardo Frei Ruiz-Tagle – 29% - y, en cierto sentido, la  gran votación de Marco dejó en muy mal pie a la Concertación - sus líderes pifiados durante un acto político, en el Estadio Nacional – y, además, logró la renuncia  de algunos presidentes de Partidos de la Concertación.

Si consideramos el largo período histórico, Enríquez-Ominami triunfó, pues la Concertación, actualmente, está bien muerta y, a pesar de los intentos de sus viudos y viudas, rechazados por el pueblo, hoy sólo tiene derecho a honras fúnebres y a los versos del Jorge Manríquez, en el sentido de que “todo tiempo pasado fue mejor”. Haber decidido el apoyo a Frei Ruiz-Tagle, tan solo a dos días del balotaje fue, francamente, una estupidez y un gran error político – agregando- que en vez de usar su legítimo candidato, denominarlo como “el candidato del 29%” fue, a todas luces, una estulticia digna de un adolescente, envanecido por la fortuna electoral.

Nadie puede detener la rueda de la fortuna – como decía Maquiavelo en El Príncipe, “es un río corrientoso que los hombres intentan dominar”. En 1964, el profeta Radomiro Tomic anunció que la Democracia Cristiana iba a gobernar por treinta años en Chile, pero hoy se encuentra en estado de coma.

El Frente Amplio no ha aprendido nada de la historia de nuestro país - a pesar de que el diputado Gabriel Boric es un buen estudioso de esta disciplina, y los militantes de su Movimiento han tratado de profundizar seriamente el aporte de los teóricos marxistas -: hacer la exégesis de tan confusa declaración respecto a la conducta a seguir por parte sus militantes para la segunda vuelta, no conduce a nada, pues es tan ambigua que la podríamos resumir “en contra de esto, de aquello y lo de más allá”.

Se trata – como en el caso de Enríquez-Ominami – de llamar a votar por Guillier sin nombrarlo, menos comprometer el voto para no pagar el repudio de algunos de sus militantes más ultristas  - les    hubiera gustado  que se llamara a abstenerse o votar nulo o blanco – razón por la cual habría que emplear la frase “votar por Piñera es un retroceso”. (Se suele olvidar con facilidad que Enríquez-Ominanmi empleó la misma frase, pero expresada en términos aún más duros, recordándoles que entre los votantes de Piñera se encontraban los asesinos de su padre, por lo cual se puede colegir que  las críticas a la Concertación y a Frei Ruiz-Tagle en particular, - pienso,  fueron más lejos que las de el mismo Frente Amplio con Guillier).

Creo que la  batalla por la  hegemonía de la izquierda, que justifica los términos ambiguos de la declaración del Frente Amplio, no tiene sentido, pues ya está ganada en favor de las tesis de este conglomerado, que ahora tiene la llave del triunfo de Sebastián Piñera o el de Alejandro Guillier y, como “ganó la lotería” que, desde luego, trae consigo el millón de amigos le permite, en la jerga política, imponer a Guillier su agenda; en este plano se han mostrado inteligentes, pues han colocado temas que cuentan con el apoyo de más del 80% de la ciudadanía – el caso de No+AFP, que tiene un proyecto viable y dirigido a la gente de a pie, en el sentido de pasar de un sistema de AFP a uno de reparto, que estaría financiado hasta el  año 2100, administrado por una agencia estatal autónoma, similar al Banco Central -. Para dar gusto a los moderados del sistema mixto, las AFP se encargarían del ahorro voluntario, lo cual permitiría a los más ricos del país tener  derecho a un sistema de ahorro voluntario.

En el fondo, con la moderación característica de Guillier, ya asumió el tema de las AFP recibiendo a los líderes de No + AFP, acordando la convocatoria a un plebiscito para resolver el problema y, por último, proponer una competencia entre el sistema privado y público. No cabe duda del resultado, pues el sistema de ahorro  forzoso da pensiones miserables, mientras que el proyecto “No +AFP” concedería jubilaciones acordes con una vida digna para los pensionados. Si las pensiones actuales del Estado representan el doble en las mismas condiciones que las actuales de las AFP, si no es gil, ¿a cuál se iría Ud.?

 

Es muy propio de los puristas y de los cristianos católicos el complejo de culpa: en la declaración del Frente Amplio se ve retratado el temor a ser señalados con el dedo como los eventuales culpables del triunfo de Sebastián Piñera, o bien, de la decepción que, tal vez, pudiera producir el gobierno de Alejandro Guiller, pero no se puede vivir en una cómoda y permanente adolescencia

He reiterado en artículos anteriores que el tonto que se abstiene de participar en la vida política del país favorece, objetivamente, a la derecha, y aun  cuando se crea muy revolucionario, audaz y valiente con esa actitud, al final, en la práctica, vota por Piñera y por los imbéciles de los fachos pobres. En vez de ser un iconoclasta, es un perro fiel, al servicio de Piñera y de los  demás dueños de Chile.

Siguiendo a José  Saramago, en Los ensayos sobre la lucidez, el voto nulo o blanco podría servir para liberar la democracia raptada por la Banca; en el caso de que en Chile se instaurara el voto obligatorio y que el nulo y el blanco se computaran como el fin del sistema de dominación oligárquica, sería posible avanzar a una sociedad más justa e igualitaria, sólo con  el lápiz y el papel en las urnas.

En otro orden de cosas, aunque los dirigentes del Frente Amplio no se den cuenta de su importancia, han logrado un triunfo substancial en la inclusión al programa de Guillier de la figura plebiscitaria, por medio de una reforma  constitucional, a fin de abrir caminos, no sólo a una nueva Constitución, sino también a la opción de convocatoria a una Asamblea Constituyente. De nuevo, la historia nos es útil para ilustrar este punto: en 1921 se llevó a cabo una Asamblea Constituyente, que dejada de lado por el muy pillo, demagogo y sinvergüenza, Arturo Alessandri Palma  - actor intelectual del asesinato del Seguro Obrero -. Hay que estar muy atentos con este paso que está dando Guillier hacia métodos de democracia directa, con el objetivo de que no sean desviados por la influencia de los plutócratas.

Si abstenerse o votar en blanco, reiteramos, es regalarle la elección a Sebastián Piñera que, como sabemos, se disputa voto a voto, sufragar por Alejandro Guillier sólo tiene el significado de rechazar  a la derecha y a la restauración del Chile conservador a ultranza que esta alianza conlleva. Votar por Guillier no es equivalente a perder la virginidad revolucionaria, ni siquiera  venderse al reformismo, menos lanzarle un salvavidas a los agónicos partidos PDC y PPD, sólo se trata de evitar que llegue al poder Marcó del Pont “Piñera”.

El Frente Amplio ha manifestado, en todos los tonos, que no va formar parte de ningún gobierno - ni siquiera si Guillier nombrara a Beatriz Sánchez como ministra del Interior y algunos cargos más en el gabinete; tampoco si llamara a un plebiscito sobre la Asamblea Constituyente y que, además, asumiera el sistema de reparto en el sistema previsional, y dejando las AFP para el ahorro de los más ricos – idea que me parece muy respetable, pues tiene que ganar, para el próximo período, la hegemonía de la izquierda y lograr la Presidencia de la República para el año 2022.

Es muy propio de los puristas y de los cristianos católicos el complejo de culpa: en la declaración del Frente Amplio se ve retratado el temor a ser señalados con el dedo como los eventuales culpables del triunfo de Sebastián Piñera, o bien, de la decepción que, tal vez, pudiera producir el gobierno de Alejandro Guiller, pero no se puede vivir en una cómoda y permanente adolescencia, sólo contemplándose las espinillas y, en las largas noches, soñando con la amada. Hay que despertar del sueño  de estar enamorado del amor; por suerte, la juventud es una enfermedad que se sana con la edad.

Votar por Alejandro Guillier representaría un mínimo de consecuencia política, máxime cuando la elección va a ser muy reñida.

 

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

04!12/2017