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Lagos respalda nuevamente golpe en Venezuela

Publicado el 20 Abril 2015
Escrito por Felipe Portales

Como es sabido Ricardo Lagos –como presidente de la República- respaldó el golpe fugazmente exitoso de Pedro Carmona en Venezuela en abril de 2002. Fue, junto con Bush y Aznar, uno de los pocos presidentes del mundo que apoyó el derrocamiento de Hugo Chávez. Así, en declaración pública, su Gobierno reconoció virtualmente al nuevo gobierno venezolano y lamentó “que la conducción del gobierno venezolano (de Chávez) haya llevado a la alteración de la institucionalidad democrática con un alto costo de vidas humanas, violentando la Carta Democrática interamericana, a través de esta crisis de gobernabilidad” (El Mercurio; 13-4-2002). Complementando lo anterior, el líder PPD Sergio Bitar elogió a Pedro Carmona como un “demócrata” y opinó aprobatoriamente de que “todos los ámbitos sociales” se sumaron a las manifestaciones que derrocaron a Chávez (Cooperativa.cl; 12-4-2002).

 

 

Ahora, con relación a los procesos incoados en Venezuela en contra de Leopoldo López y Antonio Ledezma, por sedición; Lagos está definiendo a ambos como “presos políticos”, en circunstancia que al menos en el caso de López ¡hay reiteradas declaraciones suyas a favor de botar el gobierno de Maduro!; además del hecho de que sus convocatorias del año pasado se tradujeron en verdaderas revueltas callejeras con el saldo de decenas de personas muertas (entre manifestantes, contra-manifestantes, policías, conductores y peatones); centenares heridas; y graves daños a edificios públicos, medios de transporte públicos, centros de salud, universidades, etc.

 

Así, López declaró el año pasado, ¡y estando ya preso!, que “nuestra causa ha sido, sigue siendo, y hoy más que nunca tiene que ser la salida de este gobierno” (Gestión. El diario de Economía y Negocios de Perú; 19-2-2014). Posteriormente señaló que “se equivocan quienes suponen que el gobierno cae o claudica por la situación económica. Veámonos en el espejo de Cuba. ¿Cuánto más íbamos a esperar? ¿Cincuenta años? Ya van quince” (El Mercurio; 19-3-2014). Y finalmente afirmó: “Vamos a derrocar la dictadura por la vía popular” (El Mercurio; 8-6-2014).

 

Es cierto que Lagos no ha estado solo en este camino. La generalidad del histórico liderazgo concertacionista ha solidarizado también con los líderes golpistas venezolanos.

De este modo, trece ex ministros del conglomerado se sumaron a la “condena” por la situación que “afecta a López” en enero de este año; manifestando que “las acusaciones que pesan en su contra son jurídicamente improcedentes. Reprocharle a Leopoldo López un llamamiento implícito a la subversión del orden institucional es un cargo que no se concilia con la realidad y que contraviene los principios del derecho penal moderno en democracia” (La Tercera; 27-1-2015). Entre ellos, están Soledad Alvear (canciller, cuando en 2002 Lagos apoyó el golpe contra Chávez), Genaro Arriagada, Sergio Bitar, Clarisa Hardy, Carolina Tohá, Belisario Velasco, Francisco Vidal y José Antonio Viera Gallo.

 

Lagos y los 13 parecieran no darse cuenta que cualquier país que se respete tendría procesado y en la cárcel a un líder que convocara -¡y siguiese convocando desde su lugar de detención!- a revueltas callejeras tan mortíferas y dañinas; y con la finalidad explícita de derrocar al gobierno. Obviamente, que ello sucedería también en Chile, Estados Unidos, España, Francia, Holanda, Suecia, Suiza, Costa Rica o Uruguay.

 

Pero en el caso de Lagos se han agregado últimamente declaraciones mucho más graves. Primero, ha empezado a comparar sistemáticamente al gobierno de Maduro con la dictadura de Pinochet. Así, cuando en el mes pasado apoyó gestiones de Felipe González a favor de López y Ledezma, Lagos le dijo que ojalá le fuera tan bien como le había ido cuando intercedió ante Pinochet en 1977 por Erick Schnake y Carlos Lazo. Por lo que le dijo a El Mercurio que “vino acá (González) y lo hizo. Tuvo un encuentro con Mónica Madariaga (ministra de Justicia de Pinochet) y tuvo el resultado que todos conocemos (la liberación de ambos). Le dije ‘ojalá que te vaya tan bien ahora como te fue con Mónica Madariaga’. Y ahora hay que ver cómo se desarrolla esta situación” (El Mercurio; 27-3-2015).

 

Y recientemente –con ocasión de la visita a Chile de las esposas de López y Ledezma- Lagos dijo que “debe pedirse que la Cruz Roja sea aceptada por el gobierno de Maduro para visitar las cárceles y ver las condiciones en que están los detenidos. No sé si digo una impertinencia: Pinochet aceptó en su momento que la Cruz Roja viniera a Chile” (El Mercurio; 14-4-2015).

 

Pero sin duda que lo más grave de todo lo configura su virtual llamado a un golpe de Estado en Venezuela, al definir que “su lucha (de López y Ledezma) es por la libertad y el restablecimiento de la democracia (sic), y creo, en consecuencia, que es obligación de todos los demócratas de América del Sur tener claridad de lo que está ocurriendo” (Ibid.).

Es decir, que está señalando lógicamente que el gobierno de Maduro es una dictadura y que debe ser reemplazado para “restablecer la democracia”…

 

Ya experimentamos el extremo neoliberalismo bajo el gobierno de Lagos. A tal punto, que concitó los mayores panegíricos de la derecha económica. Recordemos las expresiones del entonces presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio, Hernán Somerville, de que a Lagos “mis empresarios todos lo aman, tanto en APEC (el Foro de Cooperación Económica de Asia Pacífico) como acá (en Chile) (…) porque realmente le tienen una tremenda admiración por su nivel intelectual superior y porque además se ve ampliamente favorecido por un país al que todo el mundo percibe como modelo” (La Segunda; 14-10-2005). O las del destacado empresario pinochetista Ricardo Claro, quien en su última entrevista, antes de fallecer, declaró que “Lagos es el único político en Chile con visión internacional, y está muy al día. No encuentro ningún otro en la derecha ni en la DC” (El Mercurio; 12-10-2008). O las del connotado empresario y economista César Barros, de que Lagos “trabajando con cuidado y con inteligencia, los convenció (a los empresarios) de que estaba siendo el mejor Presidente de derecha de todos los tiempos” (La Tercera; 11-3-2006).

 

Pese a lo anterior, no deja de sorprender que el ex presidente se esté convirtiendo en un pertinaz abogado de los golpes de Estado derechistas en América Latina o, al menos, en Venezuela; más aún cuando todo indica que está con renovadas aspiraciones presidenciales…

 

 

 

 

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