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Matthei: Recuperemos la memoria

Publicado el 23 Noviembre 2017
Escrito por Eduardo Contreras

El oficial de la Fuerza Aérea chilena Fernando Matthei, que integró la cúpula de la dictadura en años de la más sangrienta represión de nuestra historia, falleció esta semana. Los principales medios de comunicación del sistema, así como varios políticos expresaron su pesar. El ministro de Defensa del gobierno, José Antonio Gómez, cuyos más cercanos familiares también sufrieron la represión, asistió a los actos fúnebres. Los actuales mandos de la FACH, en plena democracia, le rindieron honores al personaje con la conocida y costosa parafernalia.

 

 

Tratando de justificar su conducta de cercanía al difunto más de alguien recordó la presión que Matthei efectivamente ejerció para que la dictadura reconociera el triunfo del No en el Plebiscito de 1988.  Pero quienes evocaron el episodio olvidaron que en estricto rigor tal reconocimiento fue una imposición del gobierno norteamericano y, específicamente de la CIA, a los que Pinochet resultaba ya molesto para el desarrollo y consolidación del modelo de sociedad que el golpe del 73 había impuesto.

En nuestra condición de abogado de derechos humanos y en la idea de contribuir a que aquellos que sugestivamente parecieran haber perdido la memoria la recuperen de una vez, y para que nunca más ningún demócrata rinda honores a nadie que haya sido parte de quienes ordenaron crímenes de lesa humanidad, haremos presente algunos hechos concretos que vayan en esa dirección..

En mi caso, la primera noticia que tuve de Matthei fue en el exilio en donde mi profesor, el gran penalista chileno Alvaro Bunster, que había sido embajador del Presidente Allende en Inglaterra, recordaba cómo este personaje que fuera agregado militar en esa sede diplomática hacía gala no sólo de su respeto sino hasta de su admiración por el doctor Salvador Allende y su legítimo gobierno. Era, me dijo, insistente en esa dirección.

Por lo que no fue fácil entender si su admiración era verdadera que después del golpe el mismo personaje afirmara que si le hubieran dado a él la orden de bombardear La Moneda  aquel 11 de septiembre, “ no habría vacilado un instante”.

Lo objetivo es que luego del 11 de septiembre Matthei regresó a Chile y conforme al decreto de Pinochet n° 959 de 18 de diciembre de 1973, asumió la dirección de la Academia de Guerra de la Fuerza Aérea de Chile, en donde, como consta en diversos expedientes judiciales, tanto chilenos como de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, se torturó a más de un  centenar de oficiales y suboficiales.

Se imputó a esos soldados demócratas el “delito” de no ser partidarios  del quebrantamiento del orden constitucional y de no aceptar el genocidio desatado desde el primer día.

En diversos procesos judiciales todavía en curso se investiga y sanciona lo sucedido en esa fatídica Academia de Guerra de la que Matthei era el responsable principal y tenía sus oficinas en el mismo edificio en donde se torturaba a sus compañeros de armas. Como él mismo reconoció ante las cámaras de televisión de en Santiago, sabía todo lo que sucedía a pocos metros suyos…. “pero no podía hacer nada..” (sic.)

Fue precisamente esa comparecencia suya la que nos llevó a varios abogados de derechos humanos a pedir su procesamiento por tales crímenes. Sin embargo diversas circunstancias – todas ajenas al Derecho – terminaron por impedir su juzgamiento. No fue por falta de antecedentes. Sobran.En diversos expedientes y en la propia declaración judicial del inculpado de fs. 2614 de la causa rol 12 .806, queda demostrada la condición de sujeto activo del hecho típico de Fernando Matthei.

Recordemos que él mismo declaró que conversó con algunos de los torturadores los que le relataron sus tareas pero que ellas se justificaban dado el estado de guerra que existiría. A través  del canal CNN declaró en el 2013 que tenía perfecto conocimiento de lo que sucedía en materia de violaciones a los derechos humanos, agregó que en el AGA “cada uno respondía de su sector”.  Pero agregó que en todo caso no se arrepentía de nada y que volvería a hacer lo mismo.

 

 

Quien revise los expedientes judiciales llegará a la misma conclusión, es decir que el entonces Coronel Mattei debió ser condenado por todos los delitos, vejámenes y apremios perpetrados con su conocimiento en el edificio en que era jefe supremo y sabiendo además que entre los torturados se encontraban muchos oficiales, como el general Alberto Bachelet, o el coronel Ernesto Galaz, a los que conocía sobradamente.

Matthei era un experimentado militar operativo de inteligencia como consta en su hoja de vida la que también rola en los procesos judiciales. No era un principiante. Registra felicitaciones por sus “méritos” en dichas tareas. De su hoja de vida consta que antes de 1973 había elaborado y entregado “Informes de Inteligencia”. En los mismos expedientes hay decenas de declaraciones testimoniales de oficiales y suboficiales de la FACH que lo incriminan, incluso la de uno de los torturadores quien señala incluso que fue Matthei, quien,  mediante “epístola”, le convocó a desempeñarse en esas tareas.

La dependencia directa a la Dirección de Operaciones del área de Inteligencia y Contrainteligencia de la FACH, con responsabilidad en los actos de represión, no sólo queda reflejada en los testimonios aludidos. La Dirección de Operaciones del arma del aire contaba con un Departamento de Inteligencia y Contrainteligencia, responsables finales de los actos de represión.

Consta en la hoja de vida de Fernando Mattei que en diciembre de 1973 fue calificado como un superior que “actúa con energía, que no vacila en adoptar decisiones, incluso, dejando de lado trabas administrativas... y como Jefe responsable de ejercer el mando, asumiendo en forma irrestricta los riesgos que ello significa” Consta además judicialmente que  se presentó a la Dirección de Operaciones de la FACH, el 21 de enero de 1974, y el 11 de julio de 1974 hizo entrega de la Dirección de Operaciones, donde tuvo un “sobresaliente desempeño

Si no fue el autor directo, material, de los delitos cometidos en la Academia de Guerra, fue, más que eso, el responsable principal.

 

¿Cómo así? Como enseñaba en clases el ilustre maestro de Derecho Penal , el profesor Alvaro Bunster, lo que sucede es que más bien, en este específico tipo de casos, los autores ejecutores inmediatos son “un instrumento ciego y pasivo” de la voluntad real que fue la que lo puso en movimiento.

 

Así pues el ejecutor es autor del hecho, pero no del delito. El verdadero agente del delito es el que se valió de brazo ajeno y dio las órdenes. Lo que el gran penalista español, el profesor Jean Queralt de la Universidad de Barcelona denomina “el hombre de atrás”. Y en rigor en aquel sitio del suceso, el AGA, la figura central del poder real era el señor Matthei. El fue el agente, el “hombre de atrás

¿Y eso sería todo?  No. Hay mucho más. Porque Matthei pasó a integrar directamente nada menos que la Junta Militar que presidía Pinochet desde 1978 hasta el fin de las funciones de la Junta. Y esos fueron años terribles. Quizás los más sangrientos. ¿Se les olvidó todo esto a aquellas chilenas y chilenos que le rindieron honores a su muerte? Hagamos memoria

Los archivos de la Vicaría y todos los documentos referidos a lo sucedido en esos años consignan la cantidad de desaparecimiento de personas y asesinatos, y torturas registrados entre 1978 y hasta 1989. Fue el tiempo de masacres, varias de ellas disimuladas como “enfrentamientos” como las de Fuenteovejuna, ocurrida el 7 de septiembre de 1983 en las calles Fuenteovejuna y Janequeo en la comuna de Las Condes, en donde como represalia por el atentado contra el Intendente, general Carol Urzúa, fueron asesinados en un falso enfrentamiento los dirigentes del MIR Orfilia Vergara, Arturo Villavela, Sergio Peña, Alejandro Salgado y Hugo Norberto Ratier.

O la  “Operación Albania”, también conocida como la de Corpus Christi, de  los días15 y 16 de junio de 1987, en donde fueron cobardemente acribillados 12 miembros del “Frente Patriótico Manuel Rodriguez”. O los cientos de  secuestros seguidos de asesinatos o desaparecimientos ocurridos a partir de 1978. O la Operación “retiro de televisores”, para cambiar de lugar de entierro los restos de detenidos desaparecidos.

O el asesinato del líder sindical Tucapel Jiménez el 25 de febrero de 1982, o el asesinato del periodista José Carrasco y los profesionales Felipe Rivera, Abraham Mustkatblit y Gatón Vidaurrázaga el 8 de septiembre de 1986, o el asesinato del ex Presidente Eduardo Frei Montalva el 22 de enero de 1982, o el degollamiento de Manuel Guerrero, José Manuel Parada y Santiago Nattino el 30 de marzo de 1985,  o el horroroso crimen de quemar vivos el 2 de julio de 1986 a Rodrigo Rojas Denegri y Carmen Gloria Quintana, o el cruel asesinato del líder opositor y dirigente del MIR Jeckar Neghme, en septiembre de 1989

De todos estos crímenes y muchos, muchos más, todos de amplia connotación mundial, el señor Matthei tenía no sólo perfecto conocimiento sino que, en tanto miembro del aparato que gobernaba de modo absoluto, era parte de sus decisiones. Eran crímenes del gobierno del que era uno de sus máximos dirigentes.

Es a ese personaje nada de admirable por ningún ser normal al que se le acaba de rendir honores en este nuestro extraño país

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