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Vidal abrió los ojos frente a Ponce Lerou

Publicado el 13 Junio 2018
Escrito por Roberto Pizarro

La frágil defensa de Eduardo Bitrán por el acuerdo con Soquimich (SQM) para la explotación del litio no ha logrado convencer. Por su parte, Francisco Vidal, vocero de la descafeinada Nueva Mayoría, en el programa Estado Nacional de TVN, intentó otro camino; dijo: el yerno de Pinochet no debería tener ningún rol en esa empresa porque es una vergüenza que haya financiado ilegalmente la política. Agregó, en una fiebre de progresismo, que era preciso nacionalizar el litio. Su radicalización intentaba cambiar el eje de la discusión.

 

 

Poco creíble el discurso de Vidal porque, hace sólo dos años, no le parecía una vergüenza que Ponce Lerou financiara a la fundación Chile 21, de la cual era su director. Al contrario. Con esa voz alzada que lo caracteriza decía: “A veces hay que cerrar los ojos”. Para sumar recursos a fundaciones hay que acudir a las empresas grandes.” Y, cuando le preguntaron sobre lo delicado de hacer tratos con el ex yerno de Pinochet, respondía: “Con ese criterio tendríamos que dedicarnos al Hogar de Cristo” (en la prensa del 25 de marzo, 2015).

¡Hace solo dos años no era vergonzoso tratar con Ponce Lerou y ahora sí lo es!

Así no es la cosa Francisco. Estamos o no estamos contra la corrupción. El corruptor Ponce Lerou es siempre malo y no a veces. Es malo cuando financia la precampaña de Bachelet y cuando paga las cuentas del PPD; es una vergüenza cuando aporta dineros ilegales a las candidaturas del diputado León en el sur, así como a las de Pizarro en Coquimbo y de Fulvio Rossi en Iquique. Ponce Lerou es muy malo cuando corrompe el Estado al intentar modificar la ley del royalty utilizando a Longueira, ministro de Economía y a Pablo Wagner, subsecretario de Minería.

Ponce Lerou sigue siendo malo, y una vergüenza, cuando financia a los dos Ominami, padre e hijo, para que hagan política a su favor; y, lo sigue siendo, cuando instala sus garras en la “fundación progresista” Chile 21.

No se pueden cerrar los ojos frente al corruptor y tampoco ante los corruptores. Ningún progresista, si lo es de verdad, ni tampoco alguien que tenga un mínimo de ética, puede recibir el dinero sucio de Ponce Lerou. Justificar los vínculos de Chile 21 con SQM bajo el argumento que sus platas pagaban sesudos análisis económicos y políticos tampoco sirve.

No pues, Francisco. No se pueden cerrar los ojos frente a Ponce Lerou. Era el yerno del tirano que nos hizo sufrir durante 17 años. Fue además quien se quedó con una empresa estatal gracias a una privatización trucha. Con gente así no hay tratos. Una izquierda decente sólo puede despreciar a Ponce Lerou y debe rechazar cualquier entendimiento con él.

En suma, Ponce Lerou no es sólo una vergüenza cuando Bitrán lo convierte en asesor de SQM. Lo ha sido siempre y también han sido una vergüenza los corrompidos por Ponce Lerou. Llámense de izquierda, de centro o de derecha; sean instituciones gubernamentales, parlamentarias, partidos políticos o fundaciones.

Por todo esto es que la Corfo en 1995, cuyo gerente general era Eduardo Bitrán, no debió haberle entregado el salar de Atacama a SQM.  Por eso el representante de la derecha en Estado Nacional, Gonzalo Muller, con una risa de satisfacción dice: ¡pero si ustedes fueron los que enriquecieron a Ponce Lerou!; ustedes, “la izquierda”. Y, lamentablemente, tiene toda la razón. Y resulta que ahora Bitrán nuevamente negocia con el corruptor y le amplía aún más las concesiones en Atacama. Aquí no sólo hay errores, sino algo oscuro.

Por eso el paso posterior que da Vidal, el hacerse el duro, proponiendo la nacionalización del litio no parece creíble. Es más bien un ejercicio retórico.

La gente decente de Chile quiere nacionalizar el litio, sin duda. Pero, para hacerlo, y hacerlo de verdad se necesitan nuevos parlamentarios, que no estén pagados por SQM, Penta y las siete familias dueñas de las pesqueras. Tampoco es posible nacionalizar el litio con el actual Tribunal Constitucional, radicalmente comprometido con los ricos de Chile. Y, tampoco hoy día los que quieren nacionalizar el litio cuentan con un Sistema de Impuestos Internos y una Fiscalía que imponga justicia. Ambas instituciones fueron seriamente debilitadas por el empresariado corruptor, la derecha y la Nueva Mayoría.

En consecuencia, nacionalizar el litio obligará a una larga y vigorosa movilización ciudadana que coloque en su sitio a corruptos y corruptores, devuelva la decencia a las instituciones públicas y, por cierto, impulse un decidido compromiso con la industrialización de Chile. Es bueno que Vidal haya abierto lo ojos. Tiene derecho a cambiar. Ojalá ayude en estas tareas.

 

Columna publicada en El Desconcierto. Reproducida en el Clarín con autorización de su autor

 

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