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Piñerachet-Mattheichet= Bachelet

Publicado el 13 Noviembre 2013
Escrito por José Steinsleger

Los políticos que en Chile ocuparon la jefatura del Estado desde 1990, han tenido expresiones recurrentes y similares a las que Michelle Bachelet y Sebastián Piñera se prodigaron a finales de 2009.


Ella: Lo felicito. Hoy Chile lo ha elegido democráticamente, y espero que siga el camino del progreso y la justicia social. Él: Le agradezco sus palabras, y le pido que me aconseje para continuar lo que está bien hecho y para emprender nuevas tareas, porque empieza un camino.


 

Por consiguiente, cuando el próximo domingo los chilenos concurran a las urnas para elegir nuevo presidente, el orden de los cumplidos apenas se invertirá, sin que el producto final se altere. Él dirá: “La felicito. Hoy Chile la ha elegido…”, etcétera. Y ella: “Le agradezco sus palabras…”, etcétera. Y como dijo el cura Hurtado: todos contentos, Señor, contentos.

 

¿El pinochetismo y la Concertación fueron inventados por Pinochet, o ya estaban en los genes de don Diego José Pedro Portales Palazuelos (1793-1837), el organizador de la república? Hijo del conde de Villaminaya y marqués de Tejares José Santiago Portales y Larrain y María Encarnación Fernández de Palazuelos y Martínez de Aldunate, don Diego fue nieto de Diego Portales y Andúa-Yrarrázabal y Teresa de Larraín y Lecaros, y por línea materna de Pedro Fernández de Palazuelos y Ruiz de Ceballos y Josefa Martínez de Aldunate y Acevedo Borja, descendiente directa (¡órale!), del papa Alejandro VI.

 

Heráldica que para cualquier interesado en conocer la verdadera historia del maridaje entre el pinochetismo y la Concertación, podría llevarlo a encontrar notables similitudes no sólo con la disoluta familia de los Borgia, sino también con las de Pedro y Celia, vástagos de Manuela Villalobos y el prócer Benjamín Vicuña Mackenna (1831-86).

 

Sintiéndose hijos del pueblo, Pedro y Celia recha­zaron el apellido del padre. Pedro adoptó el de su ma­dre de crianza (Francisca Silva), y Celia el de su madre biológica (Manuela Villalobos), encerrada hasta su muerte en un convento para desquiciados mentales, medida que el prócer ilustre tomó para vivir en paz con Victoria Subercaseux Vicuña, su segunda esposa.

 

No más ha sido la llamada alternancia democrática que, durante 40 años, frustró el derecho al amor a los auténticos hijos de Chile. Crimen político que empezó a fraguarse en 1973, y tomó forma legal con la Constitución pinochetista de 1980, acatada ocho años después por los partidos que en 1990 entronizaron como presidente constitucional al democristiano Patricio Aylwin, y respetaron después puntillosamente todos los políticos que, a modo de nuevo apartheid, rayaron profundamente las diferencias entre pueblo y sociedad.

 

En 1977, Aylwin escribió: “…El único método eficiente para gestar una Carta Fundamental que sea realmente fruto del consenso nacional, es la convocatoria a una Asamblea Constituyente que, dentro de un plazo determinado de antemano, no mayor de un año, apruebe un proyecto de nueva Constitución Política. (…) Un procedimiento de esta clase permitiría concentrar el máximo interés colectivo y los mejores aportes ciudadanos en la tarea de establecer un orden institucional representativo de la voluntad común de los chilenos” (El camino hacia la democracia, Santiago, Centro de Investigaciones Socioeconómicas (Cisec, p. 205).

 

Ahí quedó la cosa. Y al decir del economista Alberto Mayol, Chile se convirtió con el tiempo en “…uno de los peores países del continente en la evolución de la calidad de la democracia. El modelo económico chileno destruyó los valores de confianza y de justicia, articuló una transición democrática que no iba hacia ningún sitio y que nos entregó a una democracia pobre en democracia” (El derrumbe del modelo; la crisis de la economía de mercado en el Chile contemporáneo, LOM Ediciones, Santiago, 2012, p. 89).

 

Ahora bien. Todas las mujeres de Chile son hermosas. Bueno… no todas. Michelle Bachelet (ex presidente socialista y favorita en los comicios del domingo), dejó de serlo cuando a pesar de haber sido torturada junto con su mamá en el campo de concentración de Villa Grimaldi, entró por el aro de la Concertación. Y por su lado, la pinochetista y contendiente Evelyn Matthei, juró vengarse por el cartelito que su ex amigo y presidente Sebastián Piñera tenía colgado en su despacho del Senado: Detrás de todo hombre exitoso hay una gran mujer, esperando quitarle el puesto.

 

Aunque no sean hermosas (o iguales), las candidatas a la presidencia de Chile se parecen. Evelyn siente orgullo de hombres como su papá, el general de la Fuerza Aérea Fernando Matthei, quien bombardeó el Palacio de la Moneda y en 1978 pasó a integrar la Junta Militar presidida por Pinochet.

 

Y Michelle, quien de niña jugaba con Evelyn en la base de Cerro Moreno (Antofagasta), ya no recuerda que su propio papá, el general de la Fuerza Aérea Alberto Bachelet, fue detenido y torturado hasta morir, en los sótanos del edificio del Comando Central, donde el papá de su amiga ajustaba cuentas con los hombres leales al gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular.

 

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