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Las nuevas pillerías de Michelle

Publicado el 11 Diciembre 2013
Escrito por Cristian Zúñiga Lucero

Y apareciste como torbellino maternal en un país de huachos tristes, grises y bipolares. Llegaste en tanqueta, como mejor lo sabes hacer, a tu estilo de infancia y crianza política: como cuadro militar. El ojo de Ricardo Lagos no se equivocaría, era el momento de la fémina rebosante de sentido común, pero con la inteligencia gélida de los socialismos reales.

Llegaste en pleno “milagro chileno”, en ese momento en que las macrocifras nos convertían en vedette sexy de Latinoamérica y los colosos inversionistas del mundo se peleaban aterrizaje en el flaco territorio sudaca. El neoliberalismo de la dictadura rendía, nos otorgaba buen pasar en las aguas del post capitalismo del siglo XXI. Entre tratados de libre comercio, carreteras concesionadas y pulcras universidades privadas, engordaba el ratón del laboratorio de Chicago.

 

Las condiciones materiales del ciudadano de a pie mejoraban. Recordemos que hasta 1988 el 40% de los chilenos vivía en línea de pobreza, no olvidar aquello. Recordemos que el neoliberalismo de la dictadura era un neoliberalismo inhumano, donde se propiciaba la desigualdad radical como sostén del experimento de Milton Friedman.

 

Entonces la Concertación llegó y aplicó el “neoliberalismo con rostro humano”: La administración del modelo hiper capitalista, pero con discurso social demócrata y subsidiariedad de la miseria. Fue así como disminuyó considerablemente la pobreza extrema, pero aumentó estrepitosamente la desigualdad.

 

En ese contexto te llegó la banda presidencial y no dudaste en gobernar desde la frialdad aprendida en la RDA de Honecker, en esa donde compartías sala con Angela Merkel. El modelo permitía, muy, pero muy gradualmente y vía chorreo, cumplir con el anhelo socialdemócrata de mejorar la vida del país post Pinochet. A punta de endeudamiento y en complicidad con los privados se mejoraba el acceso a educación, salud y vivienda.

 

A pesar de la pésima implementación del Transantiago y la ruidosa sublevación pingüina, tu gobierno gozó de buena salud gracias a tu carisma y a la infalible política de los bonos. Súmese a lo anterior el despego que mantuviste de los partidos políticos. Preferiste la tecnocracia de Expansiva, antes que la vieja política de cuoteos. Optaste por tu comadre Jupi y por el desconocido Peñailillo, antes que por intelectuales barones de segundo piso tipo Ottone. Lo tuyo era pura sumisión ante los mandatos comunicacionales de Carvajal: en política el silencio también rinde.

 

Asumiste tu primer mandato con timidez. No te atreviste a echar al ministro de Hacienda Velasco por desobedecer tu mandato de AFP estatal. Había que mantener la tradición republicana-concertacionista, al de Hacienda no se le toca. Confiaste en el termómetro popular, ese que mostraba a un país feliz comprando en el mall. Un país hambriento de viajes por el mundo que eran cancelados en 50 cuotas y con intereses obscenos. Ese pueblo no se manifestaba interesado en cambios estructurales, salvo aquella minoría de intelectuales y militantes de extrema izquierda. Los recuerdos del muro de Berlín y el fantasma de Allende frenaban tus anhelos socialistas. Para apoyarte en esa autorrepresión estaba Escalona, él era tu almohada y perro cancerbero de dos cabezas: una amenazante hacia la izquierda y la otra cariñosa frente al empresariado.

 

Y llegó tu fin de periodo. Sospechosamente Escalona instaló al peor de los candidatos presidenciales (Frei), apareció Piñera, te fuiste a la ONU y Chile cambió de sopetón.

 

Ahora la calle demandaba fin al lucro, educación gratuita y asamblea constituyente. La derecha se desvanecía en los 40 años del golpe. La Concertación tuvo que cambiar de nombre, sumar al partido comunista y en caravana partir a pedir tu regreso desde Nueva York. Las encuestas te alzaban como figura supraterrenal, mientras que al viejo conglomerado del arcoíris le hundían en números rojos. Los que antes te llenaban de condiciones y amenazas, ahora se rendían a tus pies rogando clemencia y cupo.

 

Fue así como aterrizaste en El Bosque, anunciando cambios estructurales al modelo. Hablaste de fin al lucro en la educación, reforma tributaria, abolir el FUT, nueva constitución, aborto terapéutico, AFP estatal, no a Hidroaysén y cambio al modelo productivo. Si hasta MEO llegó a quejarse de que le habías robado su programa. Y así fue como del sombrero de la Nueva Mayoría salió un Fernando Atria en el equipo constitucional, el duro comunista Patricio Palma integrando la comisión de Hacienda; Carol Kariola y Camila Vallejo escoltando tu programa y Giorgio Jackson asumiendo que eres la mejor opción.

 

Para los militantes de la izquierda dura lo tuyo no era más que una mentira. Ellos preguntaban por la letra chica y te recordaban las termoeléctricas, los mapuches asesinados y procesados, el mentiroso acuerdo de 2006 con los estudiantes y la plataforma neoliberal desde la cual gobernaste. A ellos les cuesta creer el cambio de mirada. Para ellos es impensado el pragmatismo del Presidente Lula a la hora de justificar su política económica pro mercado: “resolví primero construir el capitalismo, para después hacer el socialismo”.

 

Y es que tu pragmatismo de la Alemania oriental, esa mirada de largo plazo y donde el recuerdo es largo, te ha hecho regresar para devolver la normalidad al país más neoliberal del mundo. No creo que hagas la revolución, ni que refundes Chile, pero sí creo que te la jugarás por iniciar un proceso de mediano plazo, donde los derechos sociales son garantizados, la educación es eje central y la democracia por fin se sienta en las faldas del pueblo como poder constituyente. Difícil que en cuatro años las puedas hacer todas, si bien cuentas con mayoría parlamentaria, la diversidad de valores y los nudos de altos quórum, harán lo suyo.

 

Por eso es que, hoy más que nunca, le encuentro sentido al apodo que Roxana Miranda puso a tu proceso: “las nuevas pillerías”.

 

Para lograr los cambios estructurales requieres de esas estratégicas “pillerías” aprendidas al otro lado del muro de Berlín. Para convocar a una asamblea constituyente debes hacer pillería a los nudos de Guzmán. Tu soledad en el poder debe ser llenada con la “pillería” hacía la vieja política: la calle como tu principal bloque de gobierno. La indisciplina a tu programa de cambios estructurales, debe ser respondida con la “pillería” de la “máquina”, aplastando a los agonizantes DC y a los quijotescos Girardis.

 

Y si es necesario, quedas corta de tiempo y abundante de apoyo popular, la “pillería” de la reelección también es carta.

 

Es la nueva pillería con la que Michelle tendrá que gobernar, a pesar de los poderes fácticos que van a trabajar, para que todo siga igual.

 

Y Michelle, a aplicar lo aprendido en las salas de Honecker. Y sobre los pecados del pasado, como diría Leonard Cohen “Primero tomaremos Manhattan. Luego, Berlín”.

 

 

 

 

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Country: United States