Opinión política

¿Alvaro, tiraste la cadena? El PS en los caminos de la DC

El PS le dio el jueves, junto con la DC, el apoyo suficiente a Sebastián Piñera para hacer fluir uno de los proyectos clave de su gobierno, acción que nos vuelve a confirmar la plena vigencia de las políticas de los acuerdos. Lo que ocurre en las salas del Congreso son escenas en apariencia públicas pero con efectos y consecuencias privadas. Lo que pasó este jueves en la Comisión de Trabajo de la Cámara de Diputados es la consolidación del negocio privado de pensiones, un nuevo desprecio a los clamores ciudadanos y la cristalización de la miseria para los actuales y futuros jubilados. Trabajar en Chile seguirá siendo un camino seguro hacia el desamparo y la pobreza. El trabajador nunca había sido, por lo menos en la memoria de la reciente modernidad, una pieza tan desechable y despreciada.

Que la Democracia Cristiana dé sus votos al gobierno de Piñera no es noticia. Todavía lo es que lo haga el Partido Socialista, que ha renunciado a diferenciarse de la derecha. Sin mayor pudor político accede a darle vida a un proyecto que atenta con el futuro de los trabajadores. ¿No estaban los trabajadores y trabajadoras en las consignas de los socialistas?

El argumento que han dado, porque la decadente política ya no se basa en propuestas sino en justificaciones, ha sido que el ente público a llamarse CASS y que administrará el fondo extra de las pensiones será financiado por el estado y no por los trabajadores. Un detalle que no cambia en nada la viabilidad del proyecto de Piñera cuyo objetivo es salvar el sistema privado de los reclamos ciudadanos. Un apoyo técnico que no logra esconder lo central, que es la coincidencia con la derecha en el estado neoliberal manejado por las grandes corporaciones. Porque al hablar de pensiones hablamos de Sura, de MetLife, de la Cámara Chilena de la Construcción, de un fondo similar al PIB chileno acumulado en un año, de inversiones millonarias en las grandes multinacionales, en paseos frecuentes por Wall Street. Una escena que llena de fruición al PS.

De eso no hay duda. Durante la consensuada transición han tenido dos presidentes en tres periodos para dejar bien claro cuáles son sus prioridades y qué entienden por gobernar. Para quién o para quiénes se gobierna. Tres décadas para conformar parte de los directorios de empresas públicas y privadas, para gerenciar corporaciones y entregarles todo lo que Pinochet no logró privatizar a través de la figura de las concesiones. Dixit Ricardo Lagos.

Ese ha sido el papel del PS cuando gobierna. Pero ahora nos muestra que la admiración por los negocios privados, que el goce que les produce el dinero, también persiste fuera del gobierno. Para claridad, el PS dejó de ser un partido político. Es como la DC, una asociación de especuladores para la compra venta de escaños parlamentarios, votos legislativos y una masa de clientes que acarrear a las urnas cada dos años. El juego consiste en mantenerse en el poder. Y en una de esas se vuelve a entrar al gobierno.

La decadencia del sistema político aún logra nuevos pisos. Todavía logra sorprendernos. Y este año ha sido el PS el que ha dado este espectáculo en conjunto con narcos de barrios. Pero allí están, como si nada, con el prestigio por el suelo pero en las portadas de los diarios y posando para las entrevistas.

Salvo el Frente Amplio y el PC, que todavía mantienen estándares de decencia política, en Chile no hay oposición. La fuerza gravitacional de la transición, que modeló a través de la política el paraíso para inversionistas y especuladores de toda laya, ha vuelto a conformar la estructura parlamentaria. Un orden labrado en piedra que pervive por casi treinta años, sin fecha de caducidad y, lo que es peor, sin más objetivo ni horizonte que hacer más ricos a los ricos.

Es estos años y meses de plena decadencia política, no solo por estas latitudes por cierto, sino en pleno declive y devastación en el corazón del imperio, que tiene a un troll de presidente, vivimos como en un interregno, aquel periodo en las monarquías carentes de gobierno y soberano. Sin futuro político, sin proyecciones ni sueños más que un escenario de catástrofe climática y apocalípsis policial solo podemos esperar la caída natural de las colapsadas estructuras de abusadores y traidores.  Aunque no suene muy optimista, habrá que tener un poco de paciencia. Cuánto duró el declive del imperio romano o del absolutismo por gracia divina.

Artículo publicado originalmente en POLITIKA