La suprema estulticia y sentido de clase de los actuales gobernantes de nuestro país se expresan en las medidas que adoptan y los anuncios que hacen, olvidándose por una parte de la magnitud gigantesca de la crisis sanitaria en curso y olvidándose por otra que el pueblo chileno hace rato que despertó, que no es el mismo resignado y silencioso del pasado.

 

La molestia popular ante la incapacidad y la demagogia del gobierno no se ha hecho esperar y hemos visto en los últimos días la espontánea, masiva y combativa reacción de los pobladores ante la falta de respuesta y soluciones concretas al drama que se vive.

Ello ha sido particularmente notorio en diversas comunas populares de Santiago en que, por ejemplo, los anuncios oficiales de todo tipo de ayudas no se ha cumplido conforme lo anunciado. Obviamente, esto indigna a los pobladores y a sus familias que como es legítimo y natural protestan por los engaños. A lo que este pésimo gobierno responde con lo único que sabe hacer, la represión a cargo de los uniformados, carabineros y militares ; dos instituciones además absolutamente desprestigiadas por el abuso delincuencial de sus altos mandos varios de los cuales han sido procesados judicialmente por sus fraudes. Son escasos sus altos oficiales, activos o no, que no sean dueños de grandes fundos, de cuentas millonarias en los bancos, de dispendiosos viajes por el exterior.

Mientras, como ha quedado en evidencia pública por estos días, los pobladores deben intentar subsistir con 10 mil pesos por toda una semana. Hay familias de cuatro, cinco, o más integrantes, en su mayoría niños, que intentan subsistir con salarios que no superan los 150 mil pesos mensuales. Lo han denunciado a la prensa, se ha visto en la televisión, se ha escuchado en las radios. Esa y no otra es la realidad en las poblaciones populares.

Por tanto miente a conciencia el ministro del Interior Gonzalo Blumel cuando vuelve a culpar al Partido Comunista y al Frente Amplio de la combativa movilización de los pobladores de estos días. Porque es imposible que no asuma que la causa del descontento y la protesta no es otra que el hambre. Es la angustia y desesperación por la falta de recursos. Sin alimentos, sin remedios, sin apoyo a los niños, ¿qué pretenden Blumel, Piñera y demás desgobernantes de hoy?

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El pueblo necesita trabajo, salud, recursos materiales. No represión. Comida, no balas. Pero esa es una visión de sociedad que no existe en los personeros de la derecha pinochetista que hoy gobierna el país.

La noche del pasado domingo Piñera anunció la entrega de 2.5 millones de canastas de alimentos y elementos esenciales, además de financiamiento para las minipymes, más un programa de salud mental, fortalecimiento de la red de residencias sanitarias y la entrega de información desagregada a nivel comunal.

Nada de eso era cierto. Los millones de cajas de alimentos simplemente no existían. Volvieron a mentirles. ¿Y quieren que no haya protestas?

Además el pueblo no olvida que no hace tanto fue el propio Piñera quien, personalmente, llevó muchos miles de cajas de alimentos y medicinas hacia Cúcuta, cerca de la frontera entre Colombia y Venezuela, para apoyar a los golpistas pagados por la CIA norteamericana y que encabeza ese monumento a la estupidez y a la cobardía que se apellida Guaidó. La operación golpista por supuesto fracasó, los gobernantes chilenos hicieron nuevamente un ridículo internacional y esas miles de cajas se perdieron, se la llevaron los militares colombianos.

Pero para el pueblo chileno no hay cajas de alimentos y medicinas. Entonces, ¿qué quiere Blumel?…¿Aplausos?

La investigadora de la Fundación Sol, antropóloga Valentina Doniez, ha dicho al respecto que “parece que lo que el Gobierno está jugando a estirar el elástico lo más posible, con medidas pequeñas, de tipo bono y focalizados, viendo hasta qué punto la sociedad y los ciudadanos aguantan con sus propios medios ”. La profesional agregó que “…y el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), que otorga 65 mil pesos por persona al mes de forma decreciente, tendrá una proyección negativa en el mes de julio pues las familias vivirían, en promedio, con cerca de 100 mil pesos al mes”.

Es decir nos acercamos al momento trágico en que, si no hay cambios de fondo en la política de este gobierno reaccionario, el pueblo no tendrá cómo alimentarse. ¿Y más encima reprimen a los que denuncian esta cruda realidad? Una realidad que no es precisamente producto de la acción de las fuerzas de Izquierda.

No es la Izquierda la que dio vida a este modelo engendrado en tiempos de la dictadura, dirigido por los Chicago Boys en un país con detenidos desaparecidos, quemados vivos, degollados, torturados, prisioneros, exiliados. Un modelo que acabó con el papel del Estado, que terminó con la Educación y la Salud públicas y de calidad y que arrebató las riquezas naturales de Chile al Estado, o sea a todos los chilenos y chilenas, para entregárselas a un puñado de ricachones especuladores.

Es en esta situación que se hace más indispensable que nunca la unidad de las fuerzas auténticamente democráticas y partidarias de cambios de fondo reales.

Y es indispensable además evitar errores del pasado como fueron aquellos gobiernos que sucedieron a la dictadura y que no cambiaron nada del tipo de sociedad por ella articulado, y al contrario profundizaron las privatizaciones y el enriquecimiento de los grupos económicos y, por cierto, de los propios dirigentes de esas entidades supuestamente democráticas. Los partidos auténticamente progresistas no pactan absolutamente nada con la derecha. Una derecha culpable de los crímenes de la dictadura y del nefasto modelo actual.

Así pues, no extrañe a nadie el llamado a la unidad que hoy hacen juntos personajes como Mario Desbordes y José Miguel Insunza. Son astillas del mismo palo que ya conocemos muy bien.

 

Eduardo Contreras, Santiago. 21/05/2020.

Abogado

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