Crónicas de un país anormal Latinoamérica

El Presidente Pedro Castillo y “el mar para Bolivia”: La soledad del poder

Desde el nacimiento de esa República han coexistido dos Perú: el de la aristocracia virreinal de Lima y el de la sierra andina campesina y, en general, siempre ha predominado la ciudad capital, como ocurre en la mayoría de los países latinoamericanos y, en el caso de Perú, el limeño racista desprecia al “cholo”, provinciano y pobre. En la guerra del salitre, con Lima ocupada por el ejército chileno, la resistencia dirigida por la guerrilla, liderada por Andrés Avelino Cáceres, se negaron a aceptar el gobierno colaboracionista de la capital del virreinato, (en Chile se conmemora la batalla de La Concepción, en que los chilenos fueron aniquilados en ese pequeño pueblo de la sierra pues, en nuestro país se celebran las derrotas, véase el hundimiento de buque de la corbeta “la Esmeralda” el 21 de  mayo).

Juan Velasco Alvarado, dictador de Perú, ha sido el único Presidente que se ha atrevido a hacer una profunda reforma agraria, impuesta, desde luego, por la fuerza de las armas, pero que favoreció al campesinado de la sierra andina.

Las últimas elecciones peruanas dieron resultados muy estrechos, comicios en que pasaron a la segunda vuelta la hija del tirano Alberto Fujimori, Keiko, (jefa de un grupo mafioso, y acusada por la fiscalía de ser cabeza de una asociación ilícita  para delinquir), y el profesor de Catamarca, (una de las regiones más pobres del país), Pedro Castillo, líder sindical del magisterio, apoyado por el Partido Perú Libre, cuyo líder es Vladimir Cerrón, dogmático estalinista y repetidor de una serie de lugares comunes, propias fanático sectario.

El fascismo fujimorista a la peruana no podía aceptar que el Palacio Pizarro fuera ocupado por un campesino y, además, profesor primario, (la derecha peruana y mundial sólo acoge las leyes de la democracia cuando un oligarca ha sido elegido, pues plutocracia y democracia congenian a la perfección cuando se trata de mantener el sistema económico neoliberal; la estrategia de la derecha consiste en que en el caso de llegar a perder una elección por estrecho margen, el perdedor se niega a reconocer el triunfo el ganador, acusando fraude electoral).

En el caso de Perú, durante un mes luego de la última elección la derecha, liderada por los fujimoristas, se negó a aceptar el triunfo entre el desconocido candidato, Pedro Castillo, (el anti- fujimorismo se ha convertido en una vacuna que evita la peste fujimorista), y Keiko, que ha perdido dos elecciones consecutivas, (la primera, contra el lobista ultra-neoliberal, PPK, y la segunda, contra el profesor primario Chocano y, en ambos casos, ha iniciado una campaña para echarlos del poder sobre la base de una mayoría parlamentaria de oposición.

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Desde el comienzo del gobierno de Pedro Castillo, una derecha que incluía también a ex oficiales de las ramas de las Fuerzas Armadas, como también a la casi totalidad de los medios de comunicación, se ha dedicado a desprestigiar al Presidente Castillo declarándolo inepto, mafioso, terruco, (término que emplean para denominar a los terroristas de Sendero Luminoso) y ahora, traidor a la patria.

La derecha no descansará hasta que el Mandatario sea vacado o, en el caso actual, sea obligado a dimitir.

Como ocurre muchas veces, los errores y actuaciones de dudosa legalidad por parte del gobierno del profesor Castillo, están siendo aprovechados por el fascismo limeño para deshacerse del Presidente que, por el hecho de ser andino, avergüenza a la casta política virreinal.  Vladimir Cerrón, líder del partido político que “apoya” al Presidente, ha sido para Castillo, desde el inicio de su mandato, “una piedra en el zapato”, imponiéndole el nombramiento de personajes como Guido Bellido en calidad de Primer Ministro, (la derecha lo acusaba de apología al terrorismo) y, como Canciller a Héctor Béjar, quien  señalo a la Marina de haber iniciado el terrorismo en Perú. Tantas fueron las acusaciones al Gabinete ministerial, nominado por Castillo que el Presidente se vio obligado a dar un viraje hacia la izquierda moderada, (liderada por Verónika Mendoza, también acusada de ser jefa de los  “caviares”, algo similar a la Whisky-izquierda chilena). En reemplazo de Bellido, fue nombrada Mirta Vásquez, que prometía mayor apertura hacia una izquierda moderada.

El Presidente Castillo, tal vez bien intencionado, se relacionó con lo peor del lumpen político peruano: su secretario, Bruno Pacheco, fue descubierto con un paquete de 20 mil dólares en billetes, que escondía en su oficina, en el Palacio Pizarro; por otro lado, el ministro de Educación, Carlos Gallardo, se vio obligado a renunciar por aprobación de la acusación  en el Congreso, al igual que el ministro de Defensa, Walter Ayala,  por  intervención indebida en los asensos  en las FFAA.

El Partido Perú Libre se dividió entre los seguidores de Cerrón y los miembros del magisterio, que siguen siendo fieles al Presidente; en una primera acusación, sin este Partido, el profesor no se hubiera salvado de la vacancia por parte del Congreso.

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Cuarto poder un medio de comunicación  Peruano  coloco  cámaras en el pasaje Sarratea, del barrio Breña,   una casa  ocupada por Castillo   cuando era  candidato en sus visitas a Lima, estas  cámaras ocultas descubrieron ,  que  el  ahora Presidente se reunía en ese lugar con personajes de baja catadura moral, entre ellos, la lobista Karelim López, que ganaba concursos para realizar algunas obras públicas del Estado, y además, en forma velada, se encargó de preparar el cumpleaños de la hija del Mandatario, en el Palacio Pizarro.

Con razón, el Presidente vivía aterrado con la Prensa, pues sus ataques se sucedían cotidianamente, y los periodistas de la mayoría de los medios de comunicación abogaban por sacarlo del poder, acusándolo de inepto e ignorante.

El Presidente, aconsejado por sus asesores, decidió conceder entrevistas a periodistas peruanos y extranjeros, entre ellos, al famoso peruano César Hildebrant, conocido por sus críticas mordaces al fujimorismo, y el periodista radial, Nicolás Lucar, muy partidario de la izquierda en el Perú. Ambos periodistas locales eran favorables al Presidente, sin embargo, Hildebrant terminó muy decepcionado por las limitadas capacidades políticas, comunicacionales y de saberes, presentados por el Presidente, (por ejemplo, terminó diciendo que no tiene ningún plan, además, carece de proyectos de país).

Pedro Castillo, dominado por el síndrome del poder, ha optado por aislarse, pero demuestra  gran prepotencia defensiva, lo cual le impide reunirse con personas superiores a él, y prefiere rodearse de personas limitadas y, no pocos interesados y mafiosos, (el mismo Castillo reconoció su dificultad para relacionarse con la gente, repitiendo el viejo lugar común “de haber sido engañado con una mochila de maldades y traiciones de muchos de sus colaboradores”).

En días recientes, el peor error que pudo cometer Castillo fue el haber concedido una entrevista al periodista de CNN en español, Fernando del Rincón, conocido por ser uno de los pilares del Partido Demócrata en los países de América Latina. Por lógica, era de esperar que formulara preguntas capciosas al Presidente Castillo que sirvieran a la oposición a fin de ponerlo en postura de jaque, y una de ellas estaba dirigida a la alusión del Presidente Castillo, que había defendido la posición “Mar para Bolivia”, en un Encuentro, en La Paz. El Presidente intentó defenderse, sin embargo, el periodista terminó por acosarlo obligando a su entrevistado a proponer un plebiscito, en que el pueblo zanjara el diferendo de “mar para Bolivia”, ignorando que la Constitución peruana incluye, de inmediato, la salida del Presidente, si es acusado de traición a la patria. Por lo demás, el Tratado de Ancón prohíbe a Perú y Chile el hacer cualquier cesión de territorio a un tercero sin darse previamente un Acuerdo tripartita, (demuestra, una vez más, la ignorancia en asuntos internacionales por parte del Presidente).

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De inmediato, se hicieron presentes los periodistas de derecha para pedir la salida de Castillo, entre ellos llevó el protagonismo la periodista Ana María Palacios, conocedora de los asuntos legales, nacionales e internacionales, formada en la Universidad Católica de Lima, repasó los artículos de la Constitución, referidos a la traición a la patria.  A su vez, la Marina publicó una declaración en la cual rechaza toda posibilidad de entregar un milímetro de territorio a Bolivia.

Así el Presidente no haya cometido ningún delito, pues no ha llevado a la práctica cesión de territorio, la derecha prepara, (si el Presidente no opta por el suicidio político), su derrocamiento.

El caso peruano deber ser un ejemplo para la izquierda latinoamericana: debe aprender que la desunión, las investidas de una izquierda infantil, ultrista, carente de todo discurso normalmente inteligente, y tributario de viejas monsergas y lugares comunes, sólo pueden conducir a la derrota en manos de una derecha, que se vengará recurriendo al crimen y a la persecución.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

29/01/2022

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Historiador y cronista

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