La Manada de Palermo, La Manada de La Pampilla en Coquimbo. Así, evocando el caso español ocurrido el 2016 en Pamplona que conmocionó al mundo entero, denominan redes sociales y medios de prensa a los grupos de hombres que violaron a dos jóvenes mujeres recientemente, una en Chile, otra en Argentina. Son dos jóvenes víctimas de violación grupal, una de las formas más brutales de violencia sexual y mucho más frecuente de lo que solemos creer, que cargarán con un estigma perpetuo, como le ocurrió a mi pequeña amiga en Arica, hace medio siglo en esos tiempos de mayor ocultamiento. La Manada nombra bien tanto a estos grupos de depredadores sexuales como al fenómeno mismo, de acción cobarde para ejercer poder abusivo frente a alguien en posición más débil o vulnerable.

 

Conmemoramos ahora un nuevo 8M, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en el año 2022, cuando podríamos festejar tantos y significativos avances, pero nos tenemos que abocar a comprender donde radica esa persistente violencia contra las mujeres, y tenemos que identificar a esas otras manadas reaccionarias que buscan deslegitimar los feminismos e impedir la consolidación de nuestros derechos. Lo digo pensando por ejemplo, en estas tres situaciones siguientes:

 

1.- Elisa Loncón, concentró en su figura, lenguaje y discurso como primera presidenta el significativo avance de una Convención Constitucional paritaria y con representación de pueblos originarios, y la discusión de la nueva constitución ya adelanta una consistente perspectiva de género. Mientras, se ha desplegado un ataque constante a las convencionales mujeres y más agudo contra la propia Dra. Loncón y se articula una campaña contra la constitución que se va prefigurando. Es La Manada conservadora que se apoya en el poderío de sus espurios privilegios para defenderlos.

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2.- Durante el segundo semestre del 2021 fuimos sorprendidas en las universidades públicas con el requerimiento de connotaciones inquisitorias de dos parlamentarios ultraconservadores pidiendo la identificación de personas y actividades relacionadas con lo que ellos denominan “ideología de género”, un término usado para motejar los estudios sobre feminismos que son abordados en la academia como teoría crítica y nunca como una “ideología”. Con toda razón nos alarmó tal requerimiento, que rechazamos tajantemente, pues estaban repitiendo un camino conocido, que siempre parte por tergiversaciones y acusaciones de ideologización, para seguir con intervenciones en las instituciones de educación superior, especialmente en las áreas de humanidades y muy agudamente en aquellas que les incomodan más pues investigan, reflexionan y enseñan temas que esos sectores prefieren mantener en la oscuridad. Esas intervenciones han incluido restricciones presupuestarias, ataques a la imprescindible autonomía universitaria. Y, en ocasiones que nos avergüenzan como humanidad, en discursos de odio que han desatado ataques físicos a personas, quema de libros, crímenes, es decir, han fomentado las formas del fascismo. Pero, mal le fue a La Manada ultraconservadora al atacar el pensamiento crítico que los deja al descubierto. Fuerte y claro decimos, las universidades públicas hacen la diferencia, con más feminismos, más igualdad de género, más pensamiento crítico.

3.- Fabiola Campillai, Senadora electa con una votación apabullante, víctima de feroz violencia policial de la represión de Piñera, ha declarado con precisión y claridad igualmente apabullante que se abocará a los temas principales planteados por la revuelta: pensiones dignas, fin a las AFP, fin al endeudamiento educativo, salud y educación gratuita y de calidad, la recuperación de los recursos naturales y por supuesto la justicia y reparación de las víctimas de la represión y la libertad de presos políticos. Mientras, la Senadora Campillai se ha tenido que defender de amenazas proferidas contra ella y su familia por un destacado militante de derecha. Nuevamente, es La Manada que muestra sus dientes.

Cuanta razón tiene la Senadora Campillai en su síntesis, mostrando un agudo sentido para identificar las causas del abuso y la violencia. Es ahí donde podremos encontrar el origen de la violencia hacia las mujeres: en una sociedad que no sólo la tolera sino que la ha institucionalizado y, de esta manera, la exhibe como modelo, y por tanto, la fomenta.

El mensaje es claro, social e institucionalmente, incluso legalmente, hay personas que  podemos descartar, maltratar, discriminar, abandonar: aquellas personas en desventaja, las más débiles. La creciente desigualdad en Chile, en todos los ámbitos y agudizada para las mujeres, es un cruel y sostenido ejercicio de la violencia. Las mujeres en Chile tienen menos acceso a la salud, acceden a trabajos más precarizados, reciben menores salarios y menores pensiones. En efecto y como reconoce un informe aprobado hace unos días en el parlamento, el sistema de ahorro forzoso de las AFPs además de ser un “oligopolio privado con fines de lucro”, agravó la desigualdad de género. A las mujeres se las maltrata especialmente si son migrantes o pertenecen a pueblos originarios. Toleramos los alarmantes niveles de abuso de menores, y que tantas mujeres y niñas carezcan de acceso al agua, o vivan en ambientes contaminados. Podemos decir entonces que es La Manada institucionalizada, esa jauría guardiana del modelo económico neoliberal, la que sustenta la persistencia de la violencia hacia las mujeres manteniéndolas en condiciones precarizadas. A esos modos de opresión que se entrecruzan, patriarcal, económico, neoliberal, social, sexual, cultural, se enfrentan los feminismos de hoy que son subversivos pues su propuesta apunta al origen de los abusos y apela a todos los movimientos, sindicales, estudiantiles, territoriales, medioambientales,  antirracistas y antifascistas.

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Son tiempos en que los feminismos se sitúan al centro de las fuerzas de progreso, mucho más poderosas que el lastre reaccionario de amarillenta luz mortecina. Comparten ese centro de esperanza y fulgor con la Convención Constitucional, con el nuevo Gobierno de Gabriel Boric y Ministras, con el nuevo Parlamento de Fabiola Campillai y Emilia Schneider. Son tiempos inaugurales.

 

Por Roxana Pey

 

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Coordinadora Cátedra Amanda Labarca, VEXCOM

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  1. Felipe+Portales says:

    En España el escándalo se dio, además, porque muchas “voxes” defendieron virtualmente a los violadores grupales. Acá no se ha dado eso afortunadamente. Pero tampoco ha habido una reacción condigna del crimen…

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