Acuerdo antidemocrático: Con el veto de los 2/3 nada que no quiera la derecha quedará en la nueva Constitución

En la imagen, senadoras de la UDI En la imagen, senadoras de la UDI

La aspiración mayoritaria de la población de obtener una Constitución democrática a través de una Asamblea Constituyente, que pueda iniciar un profundo proceso de transformación del modelo económico, social y cultural legado por la dictadura, se verá nuevamente frustrada, de confirmarse los quórums establecidos en el acuerdo negociado por parlamentarios de la derecha y de la ex Concertación. En efecto, el quórum de dos tercios exigidos para que la Asamblea apruebe sus textos significa, en la práctica, que la derecha minoritaria va a imposibilitar el establecimiento de una Constitución que pueda fijar los marcos para una democratización del conjunto de la sociedad que ella impuso a través del régimen de Pinochet. En definitiva, con aquel quórum, nada que no quiera la derecha quedará en la nueva Constitución.

 

De este modo, se hará muy difícil, sino imposible, que en el catálogo de derechos se establezcan diversos derechos económicos y sociales. Seguramente, la derecha no aceptará, por ejemplo, reconocer en la Constitución el derecho al trabajo o a una compensación digna en caso de no poder obtenerlo. O que el derecho a la seguridad social se estipule de manera de tener que sustituir las AFP, al excluir un sistema de simple ahorro forzoso de capitalización individual administrado por instituciones privadas; y de terminar con los privilegios de que disfrutan las Fuerzas Armadas y Carabineros a este respecto. O que el derecho a la salud se garantice a través de un sistema universal público de salud, sin perjuicio de que existan proveedores de atención de salud privados.

 

Será muy difícil también que la derecha acepte definir los derechos laborales de forma tal de impedir la sistematización del trabajo precario o su tercerización, con lo cual se eluden en muchísimos casos las obligaciones previsionales de los patrones o se sobreexplota a los trabajadores; o la definición de los derechos sindicales en línea con los Convenios de la OIT que el propio Estado de Chile ha ratificado. También será muy difícil que acepte la estipulación de un efectivo derecho a un medio ambiente libre de contaminación, que impida la existencia de “zonas de sacrificio”; o establecer una efectiva función social del derecho de propiedad, estipulando que, por razones de bien común, y a través de la ley, se puedan efectuar formas de expropiación de bienes con pagos diferidos.

 

Menos aceptará la derecha estipular como una de las funciones y deberes fundamentales del Estado –en lugar de un carácter subsidiario- el de generar las condiciones -a través de una planificación indicativa y de estímulos tributarios, crediticios, arancelarios y de diverso orden- para un desarrollo científico-tecnológico y una industrialización de nuestras materias primas, con efectivos sistemas de vigilancia pública para impedir que dichas actividades se manchen con formas de corrupción. Y tampoco aceptará que se establezca un dominio del Estado del agua y de los yacimientos mineros, sin perjuicio de su explotación o uso por parte de privados a través de concesiones administrativas; o en sociedades mixtas con el Estado.

 

Por otro lado, difícilmente aceptará la derecha reconocer constitucionalmente a los pueblos indígenas y sus derechos específicos, en concordancia con los tratados internacionales en la materia. O establecer el plebiscito como una forma de resolver los conflictos sobre reformas constitucionales entre los poderes Ejecutivo y Legislativo; o de aceptarlo como iniciativa de acción pública por un número significativo de ciudadanos. O terminar con las atribuciones de virtual “superpoder” que tiene actualmente el Tribunal Constitucional. También será muy improbable que la derecha a- cepte quitarle la autonomía operacional de que disfrutan las Fuerzas Armadas y Carabineros, pese a la patética experiencia sufrida recientemente por el gobierno de Piñera al respecto. Por cierto, éste no constituye un listado exhaustivo de las cosas que la Constitución no podrá incluir, debido al poder de veto que tendrá la derecha en la Asamblea, de mantenerse el quórum de los dos tercios.

 

Evidentemente que este quórum repugna a lo esencial del concepto de democracia de que las mayorías son las que deben tomar las decisiones que comprometen al conjunto de la sociedad. Por esto es que virtualmente todas las Asambleas Constituyentes del mundo han operado bajo el principio de mayoría. La excepción que se ha mencionado al respecto es la de Sudáfrica, en el que el tratamiento de siglos de la minoría blanca a la mayoría de color fue tan bárbaro e inhumano, que generó un terror de aquella de quedar “entregada” a la mayoría, de tal modo de condicionar el fin del apartheid a compartir el poder, al menos por un cierto tiempo. Pero, llegar a sumarnos a la excepcionalidad sudafricana, revelaría una bochornosa concepción de nuestro país. Es cierto que nuestra historia ha sido tremendamente autoritaria, racista y clasista; estando muy lejos del mito democrático con que se nos ha infatuado desde pequeños. Pero, de allí a irse al otro extremo, y de plantear que aquella ha estado al nivel de inhumanidad de Sudáfrica ¡es demasiado! Además, que revela una gigantesca mala conciencia de nuestra clase alta…

 

Por otro lado, es loable querer que nuestra Carta Fundamental sea lo más consensual posible e, incluso, estipular normas reglamentarias que estimulen aquello, ¡pero no socavando el esencial principio democrático de mayoría! En este sentido, podría perfectamente estipularse que, en principio, deberían darse por aprobadas todas las disposiciones que obtengan al menos los dos tercios de los asambleístas en ejercicio. Y que respecto de las disposiciones aprobadas por mayoría absoluta pero que no alcancen los dos tercios, se deje abierta la posibilidad de que la minoría apele al pueblo -¡el real soberano, en definitiva! para que este último resuelva en un plebiscito ratificar la postura mayoritaria de la Asamblea, o aprobar la propuesta respectiva de la minoría.

 

Además, no se ha reparado que siguiendo la lógica de los dos tercios, las disposiciones relativas a las reformas constitucionales en la nueva Constitución deberán establecer que cualquier modificación de ésta requerirá también de los dos tercios. Y que la ex Concertación tendrá que allanarse a ello ya que, de lo contrario, ¡no habrá norma sobre ello! Y evidentemente ningún texto constitucional puede ser aprobado sin que incluya una norma respecto de sus eventuales modificaciones futuras…

 

Pero este quórum de los dos tercios no sólo es antidemocrático, sino también absurdo, en la medida que podría dejar una Constitución mutilada, respecto de materias propias de ella sobre las que no se alcanzacen acuerdos con dicho quórum. Es por ello que constituye un elemento esencial de la técnica jurídica respecto de órganos colectivos, que contemple todas las eventuales conformaciones de opinión en orden a obtener finalmente una decisión colectiva.

 

Asimismo, el planteamiento hecho por algunos asesores constitucionales de la ex Concertación, en orden a que las materias que no obtengan resolución en la Asamblea, podrán ser aprobadas posteriormente por los congresos por simple mayoría, no es efectivo. Generalmente estas materias también están cubiertas por las leyes orgánicas constitucionales vigentes (¡que continuarán como están mientras no sean explícitamente modificadas!) cuyo quórum es de 4/7, salvo que este sea modificado por la Asamblea; obviamente, con el acuerdo de los dos tercios…

 

En definitiva, el acuerdo constitucional concordado entre la derecha y la ex Concertación (y al que se sumaron algunos partidos del Frente Amplio, ¡hecho por el que se provocó la fractura de éste!) es antidemocrático, puesto que no permitirá que las grandes mayorías populares que desean un profundo cambio de nuestro sistema político, económico y social, puedan obtenerlo; de mantenerse el infausto quórum propuesto.

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3 comentarios

  • Jorge Moraga
    Enlace al Comentario Jorge Moraga Martes, 26 Noviembre 2019 18:46

    Victor salinas
    Analiza las leyes organica de la Constir tocino y veras que pueden anular cualquier modificación Ademas esta el tribunal Constitucional que esta por encima de todos los poderes, de modo que la derecha puede cambiar cualquier cambio
    Pero lo peor es que el acuerdo es anticonstitucional pues no esta presente el soberano o sea el pueblo .No se pueden representar los partidos politicos culpable de esta crisis de gobernancia De modo que una cocina anticonstitucional
    Las cosas seguirán su curso y los movimientos sociales se irán fortaleciendo autonc vocandose en asamblea y cabildo autónomos pues felizmente sus pliegos son mas profundo pues este acuerdo entre gobierno y oposición partidaria nada dice de educación y salud de calidad publica, No mas AFP,y juzgar a los violadores de DDHH ,muertes,torturs y mutilacines al cuerpo y vista por perdigones

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  • Hernán Montecinos
    Enlace al Comentario Hernán Montecinos Martes, 26 Noviembre 2019 16:23

    Yo no se si el Frente Amplio es ingenuo o masoquista. La cuestión, para muchos, desde el lado de afuera, que seguimos atentamente todo el desarrollo del proceso en su detalle, dijimos que ese acuerdo era un absurdo, que no se escribía en una hoja en blanco, como pretendieron hacernos creer, porque con los 2/3 del punto 6 que aceptaron, quiere decir que esa hoja ya viene escrita, en su parte más sustantiva, por Jaime Guzmán quien desde su tumba se solaza ante ese veto suyo que nos heredó como artífice de la Constitución del 80, y que en ese espurio acuerdo el F.A hizo suyo.

    Eso de ir artículo por artículo con la imposición de aprobar cada uno de ellos por los 2/3 sólo podrá darse en los artículos que van a formar parte de las leyes generales, pero no para aquellas leyes especiales, los que son atingentes directos con los que afectan el modelo.

    Cualquiera sea la gárgara que el Frente Amplio haga para justificarse de la chambonada en que se metió, de nada van a servir, porque la derecha desde el inicio con ese acuerdo, tempranamente, no sólo le metió el dedo en el ojo a toda la oposición, sino también, se lo metió por sus traseros. Así de simple.

    El Frente Amplio imgenuo al fin, cual primogénito cachorro, parece no conocer a la derecha de Chile, que es ideológicamente la más dura, si la comparamos con las derechas de los demás países del mundo, reconocida como la más fundamentalista del mundo.

    En esta realidad ideológica de la derecha, quiere decir que el día del Lolly van a aceptar, así como así, que un guarismo inferior a los 2/3 le vengan a atacar el corazón del modelo.

    Al final, el Frente Amplio, quedó preso en su propia trampa, demasiados apresurados en tomar una decisión de tal calibre, apremiados por pasar a la historia a esa ilusión que nos quieren naturalizar y que lleva por pomposo título, "Acuerdo por la paz y la Nueva Constitución".

    A decir verdad, un nuevo gran fallo, igual que esa ilusión que nos vendieron con eso de "La alegría ya viene?.¿Se acuerdan? Pero de resultas que esa alegría nunca llegó, porque en esa oportunidad la Concertación se dio el abrazo del oso con el modelo transformándose en su guardíán, y peor que eso, consolidó más aún ese modelo, y para más peor aún, lo profundizó más todavía, transformando a nuestro país en donde se aplica el modelo neoliberal en su forma más fundamentalista en el mundo.

    ¿Dónde la vieron?
    Es que su ingenuidad nos da vergüenza ajena por el ridículo político que están protagonizando.

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  • victor Salinas
    Enlace al Comentario victor Salinas Martes, 26 Noviembre 2019 12:39

    No existe poder alguno sobre la Asamblea General Constituyente, porque es Soberana. Una vez auto-convocada ella decide cual serán las normas y procedimientos que la rigen para aprobar las Leyes que genere. Si así no lo hiciere, estamos en presencia de cualquier cosa, menos de una Asamblea Constituyente.

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