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Lágrimas de arena: Abriendo caminos

By El Clarín de Chile Agosto 17, 2019 226 0

La Ruta de la Seda, fue una red de rutas comerciales organizadas a partir del negocio de la seda china desde el siglo I a. C., que se extendía por todo el continente asiático, conectando a China con Mongolia, el subcontinente indio, Persia, Arabia, Siria, Turquía, Europa y África.

 

Ahora bien, el término "Ruta de la Seda" fue creado por el geógrafo alemán Ferdinand von Richthofen, quien lo introdujo en su obra “Viejas y nuevas aproximaciones a la Ruta de la Seda”, en 1877 y debe su nombre, a la mercancía más prestigiosa que circulaba por ella, la seda, cuya elaboración era un secreto que solo los chinos conocían.

 

Los romanos, (especialmente las mujeres de la aristocracia), se convirtieron en grandes aficionados de este tejido, tras conocerlo antes del comienzo de nuestra era, a través de los partos, quienes se dedicaban a su comercio.

 

Pero no solo seda se transaba a través de esa ruta. También, transitaban por ellas piedras y metales preciosos como diamantes de Golconda, rubies de Birmania, jade de China, perlas del golfo Pérsico; telas de lana o de lino, ámbar, marfil, laca, especias, porcelana, vidrio, materiales manufacturados, coral, etc.

 

En ese contexto, es que Mariah Evans sitúa su novela “Lágrimas de arena”, de ediciones Kiwi y distribuida en Chile por Editorial Zig- Zag.

 

Es una historia romántica, ambientada en la ruta de la seda en el siglo XVII específicamente en 1643 cuando Fynes Chapman, reputado comerciante de Londres, es escogido por la Corona británica para abrir una nueva vía en la Ruta de la Seda. 

 

Luego del viaje realizado con la Compañía Británica de las Indias Orientales, Fynes y su hija Katherine son recibidos en Mumbai por el coronel Arthur Wyatt, que les acompañará en la caravana hacia el Imperio chino.

 

Ante las noticias de una nueva invasión, Fynes y Arthur partirán para emprender unas fructíferas negociaciones con el imperio mogol y viajan hacia el interior, donde Fynes perderá la vida y Katerine, aprenderá a ver la vida con otros ojos ya que los diferentes contratiempos y peligros que irán surgiendo en el camino, harán que Kate y Arthur se acerquen y cuando él sepa cuál fue el verdadero motivo que impulsó a Kate a viajar, aceptará su valentía y la molestia que él sentía por su presencia, se transformara en amor.

 

Será este sentimiento, lo que hará que, sin un ejército ni nadie que lo ayude, esté dispuesto a darlo todo por la mujer que ama, incluso a realizar una huida a contrarreloj en plena conquista de un imperio, a sabiendas de que las fronteras con el Imperio mogol, su única vía de escape, están por cerrarse viviendo una aventura, que cambiará sus vidas para siempre.

 

Lejos de ser superficial, esta novela, lleva al lector a través de cuatro culturas mostrando la atracción que estas ejercen sobre las otras y hará que interactué, con personajes principales complejos, que tienen sus luces y sombras y que hacen frente a los conflictos que llevan en su interior logrando superarlos.

 

En cuanto a los personajes secundarios, la autora logra que cada uno tenga su rol en el momento preciso y no recarga la historia con ellos.

 

El ritmo de la narración es ágil y la acción, el suspenso y la expectación sobre la suerte de los protagonistas, logran que el lector siga atento la historia a lo largo de sus casi 500 páginas y como la narración se va alternando entre los distintos personajes no hay tregua para el lector que, en algunos momentos, se ve ahogado en una narración que podría ser más breve, pero que no le quita méritos a la novela.

 

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