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Refundación de la República: salida para la actual crisis chilena Destacado

By Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo) Noviembre 08, 2019 935 2 comentarios
Refundación de la República: salida para la actual crisis chilena Foto: Agencia UNO

El 11 de septiembre de 1973 murió la República y, hasta ahora, no podido ser resucitada a causa de la transición democrática transada con Augusto Pinochet.

 

Etimológicamente, la acepción “república” significa “res pública” (la cosa pública); en Chile ocurre lo contrario: toda la vida social y política ha sido privatizada y manejada por unos pocos “ciudadanos” que se atribuyen, por derecho divino, todo el poder que, por esencia, le corresponde a su único detentor, el pueblo. Según los filósofos clásicos la democracia, (gobierno del pueblo), se corrompe en la oligarquía, (gobierno de unos pocos), que se apropian del poder político, económico y social.

 

Sebastián Piñera, como Presidente de la República, no es la solución a la crisis, sino que es el incendiario de la crisis misma: cada vez que decide intervenir, sólo aviva el fuego; por ejemplo, ante su incapacidad para cumplir la tarea de asegurar la marcha normal del país, no se le ocurre nada mejor que convocar al Consejo de Seguridad Nacional, (COSENA) que, gracias a la reforma durante el gobierno de Ricardo Lagos, es solamente un ente consultivo.

 

La oligarquía chilena está tan cegada que, convencida de que el rapto de la soberanía popular va a durar eternamente, trata de engañar a los ciudadanos indignados con placebos: ayer, 7 de noviembre, el Presidente Piñera anunció el alza a $350.000 de los sueldos más bajos, sobre la base de la subvención del Estado, que pagaría la diferencia directamente al interesado. Ese develado intento de engañar al pueblo fue denunciado, de inmediato, tanto por las Centrales Obreras, como por la Prensa: en el fondo se trataba de salario bruto y no neto, es decir, que se reduciría su salario a $290.000, y parte del resto vendría a engrosar, con dinero de todos los chilenos, las abultadas ganancias que perciben las AFPs.

 

Los parlamentarios de derecha, por su parte no quieren, por ningún motivo, bajar grandes sumas de dinero de sus dietas parlamentarias, y para justificar su pillería buscan subterfugios, (lo denunció el diputado Gabriel Boric), en el sentido de que esta rebaja se aplicaría al próximo parlamento, a elegir en el año 2021, y sólo contemplaría el 10% de la dieta actual.

 

El periodista Tomás Mosciatti ya había denunciado el escándalo de los sueldos de los ex Presidentes de la República, que llegan a 9 millones de pesos y, en algunos casos, sumando los agregados, llegan a 17 millones de pesos mensualmente; (de estos prohombres sólo quedan vivos Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos Escobar, Michelle Bachelet y el ahora Presidente, Sebastián Piñera Echeñique). Personalmente, pienso que, si tuvieran un mínimo de sentido común y de dignidad, debieran renunciar por sí mismos a estos privilegios, que ofenden a los jubilados que ganan apenas $110.000.

 

Si el Presidente Piñera no fuera tan obcecado, torpe y egoísta, aprovecharía esta oportunidad para convocar, a la brevedad, a un plebiscito que determinara si el pueblo quiere o no una nueva Constitución para el país, (de todas maneras, esto va a suceder con él o a pesar de él).

 

Otra pregunta se dirigiría al método, que tendría cuatro alternativas: 1) que se elija un Congreso Constituyente, sólo encargado de redactar la nueva Constitución; 2) que se convoque a una Convención Constituyente, de composición corporativa, es decir, una parte integrada por parlamentarios actuales, y la otra, por lo que en los años 20 del siglo pasado se llamaba, “fuerzas vivas de la nación”: Colegios de Profesionales, Sindicatos, Grupos Étnicos…; 3) La convocatoria a una Asamblea Constituyente elegida por sufragio universal y obligatorio; 4) Que la reforma sea redactada por abogados constitucionalistas, y sometida posteriormente a un referendo.

 

Los derechistas, en esta época de crisis, saben que tienen que hacer el esfuerzo de hacerse los buenos, tolerantes y abiertos, por consiguiente, no les cuesta mucho asentir al acuerdo de una nueva Constitución, aplicando el “gatopardismo”, (que todo cambie para que todo permanezca igual). En el caso, por ejemplo, de Renovación Nacional, es posible que estén dispuestos a cambiar el Capítulo consagrado al régimen político, es decir, reemplazar la monarquía presidencial por el semiparlamentarismo. El punto en que la derecha no está dispuesta a transar – ni siquiera en articulo mortis – es que el pueblo, “patipelados” incluidos, participen en la redacción de la Constitución.

 

El Presidente Piñera, que se cree superdotado en algunas materias, trata de engañarnos con la propuesta de un referéndum ex post, al igual que el titiritero, Arturo Alessandri. De las tres Constituciones, (1933, 1925 y 1980), las dos últimas fueron refrendadas por plebiscitos fraudulentos y espurios.

 

Coincido con el profesor Fernando Atria en que la Constitución de 1980, incluso, con las reformas de Ricardo Lagos, es ilegítima e ilegal, no sólo en su origen, sino también en su ejercicio.

 

Los abogados constitucionalistas plantean que “la Constitución de 1980 es ideológica y pétrea”: ideológica, pues consagra el neoliberalismo y la doctrina corporativista, (adoptada por la Encíclica Cuadragésimo Anno), y la subsidiaridad del Estado, es decir, el ogro filantrópico sólo puede intervenir en aquellas materias en que los privados sean incapaces de emprender, en consecuencia, si los empresarios privados pueden hacerse cargo de la salud, la educación y las pensiones, el Estado, en principio debiera abstenerse de intervenir: la no aplicación de la subsidiaridad es un atropello a la esencia de la Constitución, su ethos.

 

Las constituciones pétreas son aquellas que exigen quórum inalcanzable para sus reformas, (en el caso chileno, este quórum se hace efectivo para las llamadas leyes orgánicas constitucionales que, generalmente, tratan de todas las materias importantes.

 

Ya prácticamente es un lugar común el concepto “Constitución tramposa”, utilizado por el profesor Atria, y la cita de Jaime Guzmán economiza explicaciones: “…Es decir, que si llegan a gobernar los adversarios, se vean constreñidos a seguir una acción no tan distinta a la que uno mismo anhelaría, porque el margen de alternativa que la cancha imponga de hecho a quienes juegan en ella, sea lo suficientemente reducido para ser extremadamente difícil lo contrario” (Jaime Guzmán, El camino político, citado por Edgardo Boeninger, op. cit: 274, por Felipe Portales, 2000: 46).

 

El mismo Atria nos precisa sobre varios candados, entre los cuales el más importante es el Tribunal Constitucional, que se ha convertido en una “cuarta Cámara” que impide la aprobación de cualquier ley que no sea de su agrado, pretextando inconstitucionalidad. Este Tribunal no tiene nada de jurídico, y es tan político como ambas Cámaras del Parlamento.

 

Ayer, 7 de noviembre, la Comisión de Legislación, Justicia y Reglamento de la Cámara de Diputados aprobó, por mayoría, en general, la idea de legislar sobre una nueva Constitución, un paso muy importante si se relaciona con una masiva respuesta popular, centrada en un referendo sobre la nueva Constitución.

 

Otro de los abogados constitucionalistas, Tomas   Jordán, muy tímidamente expresó que estaba muy optimista respecto a este tema, (personalmente, prefiero decir que soy pesimista no sólo con respecto al tema constitucional, sino a la naturaleza humana, que el filósofo E.Kant llama “el tronco torcido de la humanidad”.

 

 

Rafael Luis Gumucio Rivas, (El Viejo)

08/11/2019

Bibliografía:

Portales, Felipe, Chile: una democracia tutelada, Sudamericana, Santiago, 2000.

     

                    

     

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