Imprimir esta página

Telescopio: la triste historia de la cándida militancia

By Sergio Martínez (desde Montreal, Canadá) Junio 25, 2019 732 1 comentario

Alguien ha dicho –y con todo respeto para ambos– que en Chile ser socialista es como ser del Colo Colo, hay quizás una suerte de invisible conexión entre ambas formaciones de la sociedad chilena. Ambas están fuertemente enraizadas en el imaginario popular chileno, y por si fuera poco –si alguien quiere ver algún significado oculto en las coincidencias– ambas instituciones comparten fecha de cumpleaños, ya que fueron fundadas un 19 de abril (1925 el club deportivo, 1933 el partido político).

 

Y de alguna manera ambas instituciones comparten también lo que pudiéramos considerar como dedicados y muchas veces, sacrificados adherentes y seguidores. Aunque aquí sí corresponde separar aguas en torno a la extensión del sacrificio de unos y otros, pues los grados fueron mucho mayores en el caso de la militancia socialista y de gran parte de sus adherentes sin carnet, sus simpatizantes, “hinchas de corazón” del partido de Grove (“¿Quién manda el buque? ¡Don Marmaduke!” era la consigna sin mucho significado político pero con mucha alma, en los tiempos del fundador del PS) y de Allende (“¡Allende, Allende! El pueblo te defiende” cosa que en realidad no tuvo los elementos para hacer, pero estaba la intención).

 

La militancia socialista, esa militancia de base y de cuadros medios e intermedios, al menos gran parte de ella, puso todo a disposición del Partido, incluyendo –en una gran cantidad de casos– sus propias vidas.  Aguerrida e impulsiva, esa militancia durante los duros años de dictadura no tuvo pelos en la lengua para manifestar su malestar con las conducciones y ello llevó a que se multiplicaran los partidos socialistas durante todos esos años: algunos cuentan cinco organizaciones reivindicando ese nombre otros suben hasta cerca de 20, si uno considera las divisiones y subdivisiones que se producían en el exilio. Lo cierto es que había siempre una tendencia a utilizar el nombre “Socialista” porque las asociaciones que el nombre producía eran muchas: el partido de Allende, de los que habían combatido en diversos lugares ese fatídico día del golpe, los que contaban con un mayor número de perseguidos y mártires. El PS encarnaba y aun encarna, me atrevo a decir, a un a veces indefinido sentido de justicia social y de izquierdismo básico, que subsiste en muchos sectores de la sociedad chilena.  Incluso hoy, cuando el individualismo inculcado por el neoliberalismo hace que mucha gente se trague eso de que es el esfuerzo personal el que le sacará de la pobreza, despreciando el rol del sindicato o de otras organizaciones sociales.

 

Como muchas cosas en esta vida, esta militancia tiene rasgos contradictorios, por un lado mantiene su espíritu rebelde, me refiero por cierto a la militancia de larga trayectoria o a aquella más joven que se ha sumado por un proceso racional de adhesión, y no a esa militancia instantánea, como esas sopas a las que simplemente hay que agregarles agua caliente para que tengan, al menos, olor a comida.  Lamentablemente, en años recientes es esta última la que parece tener la mayoría al momento de decidir, aunque no es la que uno escucha en los congresos u otras instancias donde la gente puede expresarse libremente.

 

Descartando esa militancia instantánea, clientelista, que ha firmado simplemente porque espera que le den un empleo a ellos o a sus hijos, la que queda es la militancia efectivamente activa pero que en los momentos de votaciones como ocurrió este pasado 26 de mayo, es superada en número por esa otra militancia de papel, que no hace vida activa, pero que sí es convenientemente acarreada cuando hay que votar.

 

Decía que hay contradicciones en el carácter de esta militancia porque, por un lado, tiene esa experiencia de lucha de la época de la dictadura, en algunos casos, o de las batallas electorales al iniciarse la transición a la democracia, en otros, lo que le daría un cierto bagaje de sabiduría política. En los hechos, sin embargo, no ha sido así. Como la cándida Eréndira de la historia de García Márquez, nuestra cándida militancia parece condenada a pagar por lo que alguna gente “renovada” en la dirección del Partido también considera un incendio tan grave como el que consumió la casa de la desalmada abuela de Eréndira, el haber “insensatamente” amenazado con un incendio en 1973 el que en definitiva se tornó contra esa propia militancia. Desde el llamado retorno a la democracia entonces, la cándida militancia socialista ha sido condenada a olvidar ese “pecado de juventud” que fue la utopía de la UP y la construcción del socialismo, para en cambio concentrarse en “hacer buena letra”.

 

Esa militancia todavía canta eso de “militantes puros y sinceros” aunque ahora su significado se acerca peligrosamente a esas burlonas punzadas verbales que les hacían sus adversarios en las asambleas de estudiantes secundarios cuando le cambiaban la letra por “militantes putos y sin perro” (sin perro que les ladre, esto es). Y aun alza la voz con más fuerza, cuando canta esa parte que dice “contra el pulpo del imperialismo”, pese a que uno de sus miembros dirigentes en una ocasión concurrió gustoso a comer un sándwich al McDonald’s para contrarrestar la denuncia por la venta de productos insalubres en esa emblemática cadena estadounidense. (Un retrato de la mentalidad de vasallo de algunos, cualquiera que viva aquí en Norteamérica sabe que los sándwiches del McDonald’s están en el escalón más bajo de la calidad gastronómica, la gente que come allí son básicamente los que viven de la asistencia social u otros sectores muy pobres, que no tienen opción, más algún despistado turista tercermundista. De vez en cuando se hacen análisis de la composición de sus hamburguesas, allí han encontrado desde pedazos de cartón molido, hasta abundante grasa y muchos saborizantes).

 

Sin embargo, pese a lo oscuro de la situación de la cándida militancia, no muy diferente de la de Eréndira, la militancia podría estar en camino de superar esa candidez y plantarse ante los desalmados que se valen del prestigio pasado de su nombre. O más bien dicho, o se supera esa candidez de una vez por todas o el objeto de esa adhesión popular tan perdurable, el Partido Socialista de Chile, entrará a sumarse a la larga lista de partidos que en el mundo han caído en la irrelevancia para finalmente desaparecer o fragmentarse en decenas de grupos.

 

El escándalo producido por el abultado padrón de militantes instantáneos en la comuna de San Ramón, con un alcalde y un PS peligrosamente vinculado al narcotráfico, fue ya hace un par de años un primer llamado de alarma. En seguida, una elección que recién a un mes de acontecida viene a dar sus cifras definitivas, las cuales no dejan conforme a muchos –no tanto por el resultado sino por la irregularidad de sus procedimientos–  abre una nueva fuente de conflictos internos.

 

Aunque en muchos sentidos la crítica de que la contienda interna se dio más en torno a nombres y personalidades que a programas políticos, lo cierto es que en términos de liderazgos la cándida militancia ha tenido que aguantar ya una larga lista de conductores francamente mediocres. En el caso actual, muchos creen que más allá de ese enfoque de personalidades, Maya Fernández aportaría un cierto aire fresco frente a una conducción que como la de Álvaro Elizalde (él mismo con el carisma de un posavasos), sólo ha llevado al PS a una creciente irrelevancia.

 

De paso tengo que agregar que ser cándida como la militancia del PS no es algo del todo malo, la Real Academia Española define al cándido o cándida como “ingenuo, que no tiene malicia ni doblez” lo que por cierto da pie a que algunos se aprovechen de quien lo es. Entonces el problema ético no está en la cándida militancia sino en quienes se han aprovechado de ella por un tiempo ya demasiado largo. El término tiene su origen en el latín, donde significaba “blanco, claro” podríamos decir “transparente” y “franco”. Nótese que las expresiones “candor” e incluso “candidato” tienen su origen en esta expresión, enfatizando en el caso de este último, que se esperaba que fuera alguien con intenciones claras o transparentes.

 

Lo que me lleva a esperar que sí, la militancia aun puede deshacerse de aquellos que se han aprovechado de ella creyendo que ser cándida es sinónimo de ser tonta y de eso “no tiene un pelo” como se dice.  En verdad, la militancia auténtica, de base, la sacrificada, activa y dedicada, no la instantánea por cierto, es la única que puede salvar al PS.

 

Valora este artículo
(1 Voto)

Artículos relacionados (por etiqueta)

1 comentario