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¿Por qué la candidatura presidencial vuelve locos a los políticos? Destacado

By Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo) Agosto 11, 2019 267 0

Nada más trágico para un político con ambiciones superiores  que pasar desapercibido: ”el que hablen de mí es lo único que me  interesa”.

 

En Chile el único cargo importante es convertirse en electo rey presidente, senador, diputado,  alcalde, concejal…que son los escalones para convertirse en candidato presidencial y, posteriormente  en rey o reina por elección  popular.

 

La ambición de llegar a ser candidato no es sólo de hoy, sino que también en toda nuestra historia: don Arturo Alessandri decía “no quiero, no debo, ni quiero”, y llamaba a La Moneda “la casa donde tanto se sufre, (se moría de ganas de habitarla ); cuando le hicieron caso, nombraron a su hijo Fernando y él desesperado recordó a sus partidarios que “…este niño tiene padre…”.

 

Los candidatos presidenciales saben que no van a poder cumplir sus programas de gobierno, pero están conscientes de que a los electores les encanta que los embauquen con la promesa de “tiempos mejores”. Si un candidato se atuviera la verdad obtendría cero votos por tonto, ingenuo y sincero.

 

Para devenir Presidente hay que ser candidato más de dos veces, baste citar los casos de Arturo Alessandri, Eduardo Frei Montalva, Salvador Allende, Sebastián Piñera, sin dejar de lado a Carlos Ibáñez y Jorge Alessandri Rodríguez. El que tiene la franqueza de reiterar sus ganas de ser candidato a la presidencia, seguramente no va a ser elegido, pues demostrar que no se tiene ambiciones es un buen negocio.

 

La mayoría de los candidatos sabe que el amor del pueblo, una vez electo el amor del pueblo le durará muy poco meses, después de los cuales comenzará el descontento,  las aprehensiones,  la falta de confianza y el desprecio; al final del período, como los electores ya están más resignados y esperan su pronta salida, vuelven a comprenderlo, a compadecerlo y hasta quererlo. En algunos casos lo eligen por segunda vez, (Arturo Alessandri, Carlos Ibáñez del Campo, Michelle Bachelet y Sebastián Piñera), pero otros, (Eduardo Frei Ruiz-Tagle y Ricardo Lagos Escobar) han tenido que conformarse con un solo período, con promesa de mejorar en una segunda oportunidad.

 

El oficio de candidato es bastante entretenido: le permite recorrer todo el país, repartir abrazos a diestra y siniestra, participar de completadas, cazar moscas que se posan sobre los alimentos y subir más  kilos que el Agá khan, además de la oportunidad de inflar el ego por las alabanzas de sus seguidores incondicionales. El candidato que no cree en su triunfo, más le vale renunciar a tiempo.

 

Cuando llega el día de los comicios y constata que sus pronósticos estaban errados y fue derrotado, declarará que la votación obtenida había superado todos sus pronósticos, lo cual le dará el impulso necesario para presentarse algunas veces más.

 

Lo positivo de la democracia es que el cliente-elector tiene en las góndolas varios productos a escoger, entre todas las posiciones y credos políticos.

 

Con el correr de los tiempos y la historia, cada vez hay más candidatos: hoy, cuando faltan casi dos años para que termine el pésimo mandato de Sebastiàn Piñera, ya se perfilan docenas de candidatos, tanto del gobierno como de la oposición, incluso, los comunistas que muy inteligentemente no habían presentado su candidato, (salvo el caso de Gladys Marín), hoy se perfila el alcalde de Recoleta, Daniel Jadue; en el Partido Socialista circulan varios nombres, entre ellos, el senador Insulza, (ya había sido candidato), Oscar Landereche, Máximo Pacheco y, posiblemente, Fernando Atria; en el Frente Amplio suenan los nombres de Beatriz Sánchez, y por què no de Jackson y Boric; en la Democracia Cristiana, posiblemente Fuad Chahin.

 

Convertirse en “ex_ candidato” tampoco es un mal negocio, pues le permite formar parte del “consejo de ancianos”, y ser ex Presidente es aún mejor: tendrá un sueldo millonario de por vida, viáticos injustos y abusivos para un país pobre, además de otras prebendas. Poco importa que su gobierno haya sido pésimo, y su señora lo haya pasado regio, con expresaba Martita Larraechea, esposa de Eduardo Frei Ruiz, o el actual, de Sebastián Piñera.

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

11/08/2019                               

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