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Cuando se escribe una novela, un cuento o una obra de teatro, a menudo el autor recurre a personajes de la historia o a quienes forman su entorno. Los modifica en parte y les cambia de nombre. Siempre existe quien puede servir a sus propósitos narrativos. Si no encuentra a la persona adecuada, la inventa y aunque parezca extraño, no es la mejor solución. La realidad por norma le va a proporcionar el personaje ideal y basta hacerle adecuados retoques y resuelve el tema.

 

Ninguna persona bien nacida puede aplaudir la violencia: el fascismo, el pinochetismo, el franquismo…no ha sido más que la violencia concentrada de los pocos ricos contra una mayoría de pobres. El episodio del Mall de la Dehesa, por ejemplo, es el reflejo y muestra del odio de los privilegiados – arribistas o no – en contra de los ciudadanos comunes y corrientes.

 

El economista Orlando Sáenz emitió opiniones muy fuertes al ser entrevistado por Tomás Mosciatti, respecto a la situación de Chile, en el momento presente.

 

Los bolivianos están sufriendo la venganza de los fascistas, tal cual lo experimentamos los chilenos después del cruento golpe militar de 1973. El odio de los derechistas es el producto de la condensación del miedo padecido en los cortos años en que los pobres se sintieron dignos, durante el gobierno de la Unidad Popular, y en Bolivia, en los 14 años del gobierno de Evo Morales.

 

 

“Ya hay un español que quiere/y a vivir empieza/

 Entre una España que muere/ y otra que bosteza”

“Españolito que vienes/al mundo te guarde Dios/

Una de las dos Españas/ ha de helarte el corazón”

(Antonio Machado)

 

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