El avance incontenible de la derecha neofascista en el mundo, en todos los puntos cardinales: de Europa a Estados Unidos, y de Asia al subcontinente latinoamericano, es un severo llamado de alerta al pensamiento progresista y de avanzada para frenar el retorno a las posiciones más arcaicas, retrógradas y lesivas a los derechos humanos desde los tiempos de Adolfo Hitler y Benito Mussolini.
 

Alguna vez Chile tuvo nazis de mejor prosapia que los actuales seguidores de la doctrina racista hitleriana. Recuerdo a Miguel Serrano y certifico lo dicho, pues perteneció a la generación literaria de 1938, y se le considera el creador del surrealismo mitológico expresado a través de una "poesía de la prosa". Es el representante de un "nacionalismo telúrico" que le llevó a sublimar el territorio chileno, transformándolo en un centro espiritual del mundo. Durante el largo y violento proceso de la Segunda Guerra Mundial, se declaró ‘nazista y defensor de la figura y obra de Adolf Hitler', llegando a constituirse en uno de los más relevantes ideólogos del nazismo en Chile, y exponente clave del ‘hitlerismo esotérico'.

 

El presidente Jair Bolsonaro remplazó ayer a varios miembros de una comisión que investiga desapariciones y homicidios cometidos durante la dictadura en Brasil, días después de que fue confrontado sobre la participación del Estado en el asesinato de un activista de izquierda durante dicho periodo.

En el Diario Oficial del 6 de julio de 2019 se publicó el Decreto N°32, fechado en Valparaíso el 7 de junio de 2019, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, que “Declara Monumento Nacional, en la categoría de Monumento Histórico, al conjunto de bienes pertenecientes al desarrollo del Complejo Forestal y Maderero Panguipulli, Comuna de Panguipulli, Región de Los Ríos.” 

 

Es evidente que el tema del antifascismo es absolutamente decisivo. Me gustaría resumir la cuestión de la manera siguiente: en los tiempos de Gramsci o de Gobetti, limitándonos al contexto italiano, el antifascismo era imprescindible y fundamental, estaba, al menos en Gramsci, en función comunista, patriótica y opositora al capitalismo. El problema, sin embargo, se da cuando el antifascismo continúa desarrollándose en ausencia del fascismo o, más precisamente, cuando el fascismo, si con esta expresión nos referimos genéricamente al poder, cambia de rostro.