El objetivo es sancionar penalmente a quienes promuevan discursos que generen una apología del odio y que inciten actos de violencia afectando a un grupo de personas o a sus miembros, en base a lo dispuesto tanto en los pactos internacionales de derechos humanos, como el ordenamiento jurídico interno.

El título más reciente del historiador español Mario Amorós se llama Pinochet, una biografía militar y política. Ha sido publicado a inicios de septiembre y tiene casi 800 páginas escritas a partir de una profusa bibliografía y documentación de primera fuente. Una biografía, que Amorós parece no haber escrito como una lápida, sino que se levanta en torno a un fantasma. La introducción al libro tiene un título inquietante en extremo: “El retorno de Pinochet”.

 

Nunca he creído que la violencia sea partera de las nuevas sociedades, pues cuando se emplea, las principales víctimas son los indefensos. El camino aceptable para combatir el poder arbitrario ha sido, a través de la historia, la desobediencia civil y la no-violencia activa, en consecuencia todas las dictaduras son inaceptables, y no se trata ni de empates, ni de comparaciones: ninguna ideología puede justificar una tiranía, (tan criminales  han sido sátrapas como Stalin y Hitler, Pinochet y la pareja Ortega-Murillo).

 

Han surgido varias voces críticas del muy buen proyecto de ley presentado para que -al igual que en varios países europeos que sufrieron políticas de exterminio de categorías de personas- se tipifique como delito el negar la existencia de los crímenes contra la humanidad cometidos en nuestro país bajo la dictadura.

 

Los apelativos que se utilizaban más frecuentemente para definir la índole de Bolsonaro como los de un ser ignorante, incapaz, homofóbico, racista, autoritario o bruto, ya no permiten reflejar en toda su magnitud los rasgos de su personalidad siniestra y psicopática. Molesto por las actividades de la Orden de los Abogados de Brasil (OAB) respecto al proceso sobre el atentado que sufrió y que declaró inimputable a su autor por problemas de salud mental, el ex capitán dirigió su odio contra el actual presidente de la OAB, Felipe Santa Cruz, hijo de un militante de izquierda detenido y desaparecido de la dictadura en 1974, afirmando que: “Si el presidente de la OAB quiere saber cómo su padre desapareció en el periodo militar, yo cuento para él”.

 

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