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La aspiración mayoritaria de la población de obtener una Constitución democrática a través de una Asamblea Constituyente, que pueda iniciar un profundo proceso de transformación del modelo económico, social y cultural legado por la dictadura, se verá nuevamente frustrada, de confirmarse los quórums establecidos en el acuerdo negociado por parlamentarios de la derecha y de la ex Concertación. En efecto, el quórum de dos tercios exigidos para que la Asamblea apruebe sus textos significa, en la práctica, que la derecha minoritaria va a imposibilitar el establecimiento de una Constitución que pueda fijar los marcos para una democratización del conjunto de la sociedad que ella impuso a través del régimen de Pinochet. En definitiva, con aquel quórum, nada que no quiera la derecha quedará en la nueva Constitución.

 

Tal vez el apuro extremo en lograr un acuerdo provocó la existencia de tantos intersticios y fisuras en la declaración, como dudas emanadas de ellas. ¿El apuro fue debido a la presión de la gente movilizada en el país, o hubo algo más que todos prefieren callar? Sería sano y oportuno conocer las razones del por qué tanta vertiginosidad en aquel-día. “Estamos contra el tiempo … debemos lograr acuerdo antes de 48 horas”…declaraciones de algunos parlamentarios aquella noche de locura. La duda existe.

 

“En la madrugada del 15 de este viernes, se aprobó la corrección de estilo y ortografía de la Constitución de 1980”, me refiere un colega, cuya sabiduría admiro. Después, a modo de consolarme, habla de las bases de un concurso de epitafios que pueden ser solicitadas en las oficinas del Congreso de Valparaíso o en las Intendencias de todo el país. Los acuerdos alcanzados en la madrugada de este viernes 15, sobre la elaboración de una nueva Constitución Política, estimulan la creatividad.

 

 

Parto

Noviembre 17, 2019

El gigantesco alzamiento popular en pleno curso ya consiguió su objetivo principal. Chile tendrá Plebiscito, Convención Constituyente y Nueva Constitución. Todavía lleno de grietas y aún no reconocido por quién lo hizo posible, se ha abierto el cauce requerido para que su inmensa energía curse de modo constructivo. De manera singularmente legal y de modo razonablemente pacífico como ha sido digna tradición en Chile durante la mayor parte de su historia independiente. 

 

La notoria desorientación del gobierno (Presidente, ministros, gabinete, “segundo piso”, o sea, poder ejecutivo) y la lentitud argumental de la casta política en general (particularizada en los diputados y senadores de la República, o sea, poder legislativo), no menos que la menesterosa auto-anulación de los magistrados de la Ley (o sea, poder judicial), configuran una señal patológica de gran evidencia que revela la intensa, densa, extensa, íntima, capilar descomposición (o sea, corrupción, putrefacción) que aqueja a la parte dominante del cuerpo político de nuestra República chilena. Una señal, síndrome o síntoma que se ha tornado plenamente palmaria y cuasi tangible en el evento reciente que se ha llamado “estallido social” y que pronto cumplirá su primer mes de vida (y muertes: ya van más de 25 víctimas fatales).

 

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