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La alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, censuró este jueves las nuevas medidas anunciadas esta semana por Estados Unidos contra Nicolás Maduro, que en su opinión podrían tener "un impacto potencialmente severo en los derechos humanos" de los venezolanos, reseñó la agencia Efe.

La leyenda asegura que Galileo Galilei, preso por la Inquisición, debió abjurar de sus afirmaciones que decían que no era la tierra el centro del universo.

 

El Alcalde Jadue también ha debido abjurar de sus afirmaciones airadas en contra del informe de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet, con relación a la situación de Venezuela.

 

No se sabe las razones por las cuales el alcalde recoletano, siempre preciso y certero en sus dichos, habrá tenido que decir que lo que dijo no lo dijo, al extremo de haber llamado a la expresidenta a su residencia en USA.

 

Habrá pesado en la decisión de Jadue el rechazo que produjeron sus palabras en personalidades de la talla de Carmen Hertz y Camila Vallejo, al interior de su partido. O la reacción en cadena de la exConcertación, justo cuando arrecia en esa excoalición su anticomunismo enfermizo, de cara a las siguientes elecciones.

 

Jadue no es un aparecido ni un personaje menor en la danza de la política institucional.

 

Famosos por impulsar farmacias, librerías, ópticas y condominios populares, se ha ganado el encono de la ultraderecha, la única que existe.

 

Aunque, cosa curiosa, sus iniciativas han sido prestamente emuladas por alcaldes de la talla de Joaquín, Lavín, conocido por sus graciosas cuando no ridículas e inútiles puestas en escenas municipales: botones de pánico, escarabajos rojos, playa y centro invernal en medio de la ciudad, semáforo del SIMCE, recetario para pobres, etc.

 

Tal ha sido el impacto de la gestión municipal de Jadue, que los entusiastas de siempre ya lo sitúan en el partidor presidencial, representando las divisas del Partido Comunista, el que no ve con malos ojos apostar a su mejor aspectado hombre público, para negociar lo que viene.

 

Por eso la alarma en ciertas figuras comunistas ante el eventual desatino del alcalde

 

Pero, a pesar de  los inquisidores chilenos, Michel Bachelet sigue siendo y será por siempre, la mejor y más representativa carta de un tipo de políticos y de una política propia de este período: el que institucionalizó y legitimo lo mismo que durante la dictadura tildaron de ilegitimo, inmoral o corrupto.

 

Ya hay un consenso entre los críticos del estatus quo: esto no es lo que se quería luego del retiro programado de los militares: es la dictadura por otros medios: es la tiranía del dinero: es el triunfo de lo peor del ser humano.

 

Y si la cultura neoliberal dividió al país entre los dueños de todo y el resto, el dominio de la política también tuvo su partición que lleva a confirmar el estado de cierta esquizofrenia en que vive el país: un sistema en que los partidos y los organismos del Estado viven en un mundo que no se intersecta con el mundo de la gente común.

 

Que le da la espalda. Peor aún, se vincula solo por medio de la represión, el desprecio y el abandono.

 

De esa política es esfinge viva Michelle Bachelet.

 

Sus dos gobiernos fueron un fracaso absoluto desde el punto de vista de las buenas gentes que creyeron sus voces de ocasión y sus gestos de utilería.

 

Finalmente se develó como una entusiasta y activa amiga de la “familia militar”, cursó grados académicos en los que USA forma dictadores y torturadores, y en breve ya pasaba de ser una bien poco significante funcionaria, a Ministra de Defensa, cartera desde la cual profundizó sus lazos amistosos con generales y almirantes. E hizo vista gorda de los exuberantes robos a las arcas estatales que hicieron sus amigos enjaezados.

 

Su gestión como presidenta fue aplaudida por empresarios, militares, oligarcas y, por cierto, por el Departamento de Estado.

 

Y, claro está, al chungo lo trató con el mocho del hacha. No menos de veinte mapuches han sido asesinados durante los gobiernos en los que ella como presidenta, ministra o funcionaria, tuvo activa participación. Y aplicó sin vergüenza la Ley Antiterrorista, expresamente denunciada por  las Naciones Unidas

 

Despreció a los familiares de los detenidos desaparecidos y ejecutados,  reprimió con brutal saña a los trabajadores y estudiantes que salieron a las calles a reclamar por las políticas neoliberales que impuso su gobierno. Impostó una ley de educación que dejó las cosas peor de los que estaban, a pesar de los reclamos de los actores sociales del sector.

 

Con Michelle Bachelet Chile fue peor que nunca para los trabajadores, estudiantes, mapuches y gente llana.

 

Y luego de dejar su mandato, abandonó a sus huestes por segunda vez, y se asiló en las magnificas oficinas de las Naciones Unidas, desde donde ha seguido sirviendo con especial entusiasmo las políticas imperiales respecto de los países que intentan caminar por su propio pie.

 

Extrañamente, el informe que evacuó acerca de la situación de Venezuela en su condición de Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha sido aplaudido por quienes han sido los peores violadores de cuantos derechos haya existido sobre la tierra.

 

 Y, por cierto, rechazado por quienes se ha caracterizado por su defensa incluso a riesgo de sus propias vidas. 

 

En estos últimos se inscribe sin duda el alcalde de Recoleta Daniel Jadue. Es lamentable que haya aceptado la imposición a desdecirse. Debió ser un acto poco feliz para él.

 

El informe de Michelle Bachelet sobre los derechos humanos en Venezuela contiene todos los requisitos para ocupar un lugar señero en una enciclopedia universal de la infamia. Mucho más porque la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos se debe a un conjunto de mandatos emanados de la Carta de esa organización, de los acuerdos de su Consejo de Derechos Humanos y de otras de sus instancias que resultan pisoteados en este documento.

Defensores de Derechos humanos, intelectuales y dirigentes sociales y políticos de América Latina expresan conjuntamente su desacuerdo con el Informe de la Alta Comisionada de DDHH sobre Venezuela.

 

La dura crítica de Bachelet a Maduro y a Guaidó -el primero por ser jefe de Estado de un régimen que vulnera los derechos humanos y el segundo por no ser lo que proclama que es (presidente designado)- ha creado, para el caso de Maduro, casi unanimidad en el mapa político chileno y, por cierto, unanimidad entre los medios de masas, que manejan la opinión pública, desde prensa, radio y TV.

 

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