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Víctor Pey: un breve perfil centenario

Publicado el 05 Octubre 2018
Escrito por Paul Walder

La larga vida de Víctor Pey estuvo marcada por dos grandes eventos del siglo XX. No como un distante observador, sino como un protagonista de primera línea. Así como fue un combatiente republicano durante su juventud durante la Guerra Civil Española, desde el inicio de su exilio en Chile hacia la primer mitad del siglo mantuvo una cercana amistad con Salvador Allende, la que permaneció, como confidente y consejero, hasta sus últimos días en La Moneda. Pey, un ingeniero, fue constructor de infraestructura portuaria, cercano a Pablo Neruda, viajero del mítico barco Winnipeg y dueño del único y popular diario Clarín.

 

 

 

Víctor Pey Casado tuvo una vida que ha rozado extremos históricos del conflicto político. Porque fue entre aquellos dos trances profundos, como los fueron la guerra civil española y el golpe militar de 1973 en Chile, entre los cuales desarrolló gran parte de su vida, sin embargo un largo período tranquilo con sueños y realizaciones.

 

En la curva del siglo de vida, las antiguas imágenes se suceden como un persistente presente, el que relata con precisión y detalle. Pey recuerda fechas, eventos completos, nombres complejos que se resisten al paso del tiempo. Nacido en Madrid, pero catalán de adopción,  tras el estallido de la Guerra Civil, con poco más de veinte años, combate en el frente de Huesca para  participar más tarde en el gobierno republicano de Cataluña.

 

Hacia la caída de Barcelona, cruza los Pirineos junto a millares de refugiados hacia Francia.  Con más de 100 años y con una memoria portentosa, relataba:  “Atravesamos junto a mi hermano los Pirineos a pie en invierno, con una brújula, estuvimos tres noches hasta que llegamos a una cúspide al anochecer y vimos luces encendidas. En el territorio español, estaban todas las luces apagadas para evitar bombardeos. Así supimos que estábamos en territorio francés. Bajamos la montaña hasta una carretera y a los veinte minutos vino una patrulla de la policía rural. Nos tomaron prisioneros y nos llevaron a un campo de concentración pequeño en el sur de Francia.  Salimos con una caja de azúcar en terrones y ese fue nuestro alimento durante la travesía. De allí nos trasladamos de ese campo a otro con miles de personas”.

 

Viajero del Winnipeg

 

Si su vida ya había dado un giro, desde allí los cambios se sucedieron con aún más rapidez. Fue entonces cuando vio por primera vez a Pablo Neruda para viajar como exiliado a Chile en el Winnipeg, el navío contratado por el gobierno de Pedro Aguirre Cerda para rescatar a ex combatientes y familias republicanas perseguidas por el franquismo. “Neruda había sido cónsul de Chile en Barcelona durante la República. Hacia el final de la guerra dejó los cargos y fue testigo en París, donde conoció a la Hormiguita. Estando ahí es cuando viene la catástrofe de la caída de Cataluña”.

 

El Winnipeg, que zarpó de un puerto en Francia, llegó a Valparaíso en 1939. Pey, como ingeniero, se insertó con rapidez en el mundo laboral y académico chileno, para desarrollar desde entonces una exitosa carrera como constructor de infraestructura. Importantes puertos levantados durante el siglo pasado llevan su sello.

 

Libertario por convicción desde su juventud, Pey no militó en partidos pero simpatizó y mantuvo relaciones muy cercanas con la política y movimientos de izquierda. Tuvo múltiples y diversas amistades, entre las que destaca su privilegiada cercanía con Salvador Allende. Durante el gobierno de la Unidad Popular, Víctor Pey conversó prácticamente cada día con Allende, por tanto su visión del proceso y de la figura del presidente mártir es sin duda única. Es por ello que la Fundación Presidente Allende, de la cual es creador junto al abogado Joan Garcés, tiene por destino divulgar el legado del ex presidente.

 

Allende y Neruda

 

Conoció a Salvador Allende durante los años 40 en tertulias políticas en casa de Aníbal Jara, director del diario La Hora. “ Escribí varios artículos para el diario. El me pidió esas colaboraciones, las que me pagó más que nada para ayudarme. Escribía sobre la guerra civil española, pero no sobre política chilena hasta que tuve la residencia asegurada. En esas tertulias me encontré con Salvador Allende y nos hicimos muy amigos”.

 

Con Neruda volvió a encontrarse ya entrados los años cincuenta tras la persecución de los militantes del Partido Comunista durante el gobierno de González Videla. El poeta y senador comunista, ya en la clandestinidad, pasó varias semanas con su mujer, La Hormiguita,  encerrado en un pequeño departamento que Pey tenía cerca de la Plaza Italia. Cada día, recuerda, le llevada al bate un paquete con su colación de mediodía. Conociendo la sensualidad gastronómica de Neruda, Pey recuerda que las raciones las compraba en uno de los mejores restaurantes de entonces.

 

Después del refugio en el departamento de Plaza Italia, Neruda pasó muchos meses por varios recintos clandestinos en espera del momento para fugarse del país. Tras varios intentos fallidos por barco y por el norte, Víctor Pey nuevamente interviene. Un amigo suyo trabajaba en un aserradero en el sur de Chile colindante con la frontera con Argentina. Una operación montada entre él y otros colaboradores finalmente logró sacar al poeta a Argentina y desde allí a Francia. Tiempo más tarde aparecía en París junto a Pablo Picasso.

 

Sin duda que el protagonismo de Víctor Pey en la vida política chilena se hizo más intenso durante el gobierno de la Unidad popular. Durante este periodo Pey pasa a ser un visitante asiduo a La Moneda como consejero y confidente del presidente pero también el propietario del diario más influyente de la época. La compra del diario Clarín, que vendía centenares de miles de ejemplares diarios y sus titulares hacían temblar a la oligarquía, junto con la posición que mantenía al lado del presidente, lo colocaron como figura destacada en el proceso político más intenso y trágico de nuestra historia.

 

Dueño del popular Clarín

 

Conoció a Darío Sainte Marie, el fundador y primer dueño del Clarín, durante los años cincuenta y se acercó a él una década más tarde como asesor para la instalación de una nueva rotativa. Pero no es hasta los inicios del gobierno de Allende cuando Pey ingresa de lleno en el mundo periodístico.

 

“Yo iba continuamente al diario. Llegó un momento en el que Sainte Marie me dijo me tengo que ir. Muy compungido me dice, me tengo que ir afuera. ¿Cuando? Ahora, lo antes posible. Le vendo el diario a usted”. ¿Qué había pasado? Sainte Marie, como ya se sabe, tenía problemas afectivos, los que marcaron esta parte de su vida. Pese a todo su poder, no pudo resistirlos y decidió marcharse de Chile a España. La decisión de venderle el diario a Víctor Pey en un precio bajo aseguraba que Clarín no perdería su línea editorial.  “Yo no cambié a ninguna persona, mantuve la misma línea. Entre Arellano y Gamboa hacían los titulares, en tanto yo mejoré en equipos y gestión”.

 

Cada día, relata, me iba desde el Clarín a La Moneda con los primeros ejemplares de la mañana siguiente. Allí se reunía con el presidente y sus asesores, entre ellos Garcés, con quien mantiene una amistad hasta hoy. Los fines de semana visitaba a Allende en la residencia de El Cañaveral, donde compartía con su entorno más cercano.

 

Tras el golpe Víctor Pey, como amigo de Salvador Allende, fue una de las identidades más perseguidas por la Junta Militar. Parte al exilio y regresa años más tarde, durante los primeros años 90. Su primera actividad, a la que más tarde dedicará gran parte del resto de su vida, fue recuperar el expropiado diario Clarín. Pese al fin de la dictadura, los posteriores gobiernos, por motivos jamás confesados, nunca accedieron a devolver el periódico.

 

Desde entonces, una larga historia se ha ido escribiendo en los tribunales internacionales, en los cuales después de innumerables batallas legales, ha comenzado a obtener justicia. El tribunal del CIADI, que ha llevado la causa desde hace más de diez años, falló a favor de Víctor Pey aun cuando dejó pendiente el cálculo del monto de la indemnización. Víctor Pey confesó durante los últimos años de su vida que este es un compromiso ético que tiene con el pueblo de Chile.

 

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