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La mafia que controla el fútbol mundial

Publicado el 28 Julio 2018
Escrito por Mike Lasusa

El 10 de julio, el mismo día en que Francia vencía a Bélgica por 1 a 0 y se clasificaba para la final del Mundial, una empresa de comercialización de derechos deportivos y producción audiovisual con sede en Florida se declaraba culpable ante un tribunal federal de Nueva York de cargos relacionados con sobornos millonarios pagados a cargos de federaciones y organizaciones del fútbol en todo el continente americano.

 

Los fiscales sostienen que, en el año 2012, esta empresa, Imagina US, junto con otra compañía de comercialización de derechos deportivos, Traffic USA, sobornó a Jeffrey Webb, que a la sazón ocupaba cargos de responsabilidad en la FIFA y en la Unión de Fútbol del Caribe (UFC).

Imagina US es una compañía de comercialización de derechos deportivos y producción audiovisual para el mercado hispano en Estados Unidos y los mercados de Latinoamérica.

En su sitio web corporativo se dice que "proporciona soluciones a medida para toda la cadena de valor de los servicios necesarios para distribuir con éxito cualquier contenido audiovisual, desde y hacia cualquier parte del mundo". Es la filial estadounidense del holding español Imagina Media Audiovisual.

Traffic USA le ofreció a Webb 3 millones de dólares para que le ayudara a obtener los derechos de comercialización y transmisión de los partidos de clasificación para los mundiales de 2018 y 2022 que organizaban miembros de la UFC.

Las víctimas de esta actividad ilegal, como confesaba Bensinger a InSight Crime, son los millones de aficionados y jugadores de fútbol de todo el mundo.

Imagina US ha admitido que llegó a un acuerdo con Traffic USA para pagar la mitad de los 3 millones de dólares y compartir los costes y los ingresos de la comercialización y transmisión de esos partidos.

Imagina US se ha declarado también culpable de haber sobornado a cargos federativos de fútbol de Honduras, Guatemala, El Salvador y Costa Rica a cambio de obtener los derechos de comercialización y transmisión de los partidos de clasificación para el Mundial organizados por las federaciones de fútbol afiliadas a la FIFA de dichos países.

Un comunicado de prensa de la Fiscalía de Estados Unidos señala que varias personas involucradas en los sobornos se han declarado culpables de esquemas similares, lo que convierte a Imagina US en uno más de los muchos peces gordos del medio futbolístico que han sido atrapados por las autoridades estadounidenses desde que en 2015 se dio a conocer la existencia de una investigación de largo recorrido sobre corrupción en el seno de la FIFA.

“La investigación del gobierno sigue su curso”, reza el comunicado de prensa.

El periodista Ken Bensinger ha expuesto los orígenes y la evolución del caso hasta la fecha en un libro publicado justo el día antes del partido inaugural del Mundial de este año: Tarjeta roja: cómo Estados Unidos le pitó falta al mayor escándalo deportivo del mundo.

Sobre la base de una investigación rigurosa, el libro describe en detalle cómo la policía estadounidense enfrentó las investigaciones de algunas de las figuras más poderosas del fútbol y acabó tratando el caso como de crimen organizado – e incluso considerando a la FIFA una organización delictiva.

Trump y Rusia

El caso empezó de manera un poco inverosímil. En 2010, un agente del Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos (FBI) que investigaba a grupos del crimen organizado ruso dio con una pista de que Rusia estaba intentando influir en cargos de la FIFA para asegurarse su voto favorable a que dicho país fuese designado anfitrión del Mundial de Fútbol de 2018.

Esa pista le llegó al FBI a través de un ex espía británico, Christopher Steele, que algo más tarde se haría famoso como autor de un documento que contenía graves acusaciones sobre supuestos vínculos entre Donald Trump y el gobierno ruso.

En 2011, un aguerrido agente de la Agencia Tributaria de Estados Unidos (IRS), y gran aficionado al fútbol, entraba en el asunto tras descubrir que un poderoso funcionario de la FIFA llamado Chuck Blazer, de nacionalidad estadounidense, llevaba casi veinte años sin pagar impuestos.

El agente del IRS y el equipo del FBI empezaron a colaborar en el caso a fin de conseguir pruebas de la corrupción sistemática e inveterada en el seno de la FIFA.

Muchos de los esquemas de corrupción que descubrieron eran parecidos al descrito más arriba entre Traffic USA e Imagina US: sobornos para obtener derechos de comercialización y transmisión. Pero no era éste el único tipo de corrupción.

Blazer, por ejemplo, compraba lujosas viviendas y pagaba cenas, viajes y regalos utilizando fondos de la FIFA. Además, aceptaba pagos ilícitos a cambio de su voto en decisiones importantes de la FIFA, como la elección de Sudáfrica como anfitrión del Mundial de 2010.

Las víctimas de esta actividad ilegal, como confesaba Bensinger a InSight Crime, son los millones de aficionados y jugadores de fútbol de todo el mundo.

Todos estos cargos corruptos se adueñan de dinero que debería destinarse al deporte. Sus destinatarios son los equipos profesionales, que necesitan fondos para construir mejores estadios. Debe utilizarse para apoyar a los equipos de jóvenes, para que puedan comprar balones y botas, y para construir canchas para los niños… A todos ellos se les engaña y se les roba cuando hay corrupción”.

Cruzando la línea de gol

A finales de 2011, los investigadores estadounidenses confrontaron a Blazer y le presentaron dos alternativas: cooperar en la investigación sobre la FIFA, o bien enfrentar un juicio por fraude fiscal. Blazer decidió cooperar y de esta manera se convirtió, en palabras de Bensinger, en “guía” de la corrupción en el fútbol.

Creo que es ingenuo pensar que detener a un puñado de personas va a resolver los problemas culturales de las instituciones. Esto es como echarse agua fría en la cara, pero lo que queda por hacer después es emprender el arduo trabajo de generar una nueva cultura menos corrupta.

Blazer describió cómo funcionaban los esquemas de corrupción y quiénes estaban involucrados en ellos, lo que permitió a los investigadores constatar que la red de cargos del fútbol y empresas de comercialización de derechos se asemejaba a una organización delictiva.

“De hecho”, escribe Bensinger, “se parecía cada vez más a una mafia”.

Durante los años siguientes, las autoridades identificaron a otros altos cargos de la FIFA y ejecutivos de empresas de comercialización de derechos involucrados en los esquemas de corrupción.

Identificaron algunas figuras importantes, que a su vez les proporcionaron pruebas que implicaban a muchos otros miembros de las élites del fútbol internacional.

La investigación culminó en mayo de 2015, cuando se anunció públicamente la imputación de 20 acusados, seis de los cuales ya se habían declarado culpables.

La revelación de los cargos a los que se enfrentaban desató un escándalo internacional. Más adelante, en diciembre de 2015, las autoridades hicieron pública una acusación adicional que incrementó el número de sospechosos imputados, dejando todavía más claro por qué los fiscales consideraban a la FIFA como una organización delictiva.

Bensinger extrae esta cita del escrito de imputación en su libro: “La corrupción de la organización llegó a ser endémica”.

Cuando los escándalos obligaban a ciertos cargos a retirarse, otros actores corruptos les remplazaban de inmediato.

Muchos de los acusados se han declarado culpables. Pero en noviembre de 2017, tres altos cargos de la FIFA prefirieron enfrentarse a un juicio. Un mes más tarde, dos de ellos fueron condenados. Su sentencia está prevista para dentro de un mes.

¿Juego limpio?

¿Ha permitido la exhaustiva investigación de los hechos y el enjuiciamiento de algunas de las figuras más poderosas del fútbol depurar este deporte?

Bensinger afirma que, a raíz del escándalo, la FIFA ha tomado algunas medidas positivas, pero que no ha hecho lo suficiente.

“Creo que es ingenuo pensar que detener a un puñado de personas va a resolver los problemas culturales de las instituciones”, dice. “Esto es como echarse agua fría en la cara, pero lo que queda por hacer después es emprender el arduo trabajo de generar una nueva cultura menos corrupta”.

Bensinger señala que la FIFA ha operado de manera turbia durante muchos años y que su tradicional falta de transparencia será muy difícil de cambiar.

“Es difícil que, desde su cultura, entiendan que lo que se espera es que proporcionen más información, que sean más abiertos en cuanto a lo que hacen”.

Con respecto a si las revelaciones de corrupción generalizada en el fútbol pueden afectar de manera significativa la inmensa popularidad de este deporte a nivel mundial, Bensinger cree que es muy poco probable.

“Quizás algunas personas dejen de seguir este deporte, pero van a ser muy pocas en comparación con la enorme cantidad de fervientes aficionados”, afirma. “Así es el fútbol: a pesar de la podredumbre, la gente ama el deporte y quiere seguir viéndolo”.

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