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Planeta en extinción

Publicado el 09 Mayo 2019
Escrito por Néstor Martínez Cristo

 

El lunes pasado fue presentado en París el mayor y más sólido informe sobre biodiversidad que haya sido elaborado. Se trata de un diagnóstico preciso, nada esperanzador, que debe ser leído como un llamado desesperado para salvar al planeta.

 

Un millón de especies animales y vegetales están amenazadas de extinción, es decir, una de cada ocho especies existentes en el mundo, y subraya que estamos sumidos en un declive sin precedentes en la historia de la humanidad.

 

A gobiernos e industriales, les advierte que lo hecho hasta ahora no es suficiente para revertir la tendencia negativa. El impacto no es sólo medioambiental. También amenaza buena parte de los objetivos de desarrollo sostenible fijados por las Naciones Unidas para 2030.

 

Maltratar a la naturaleza significa frenar la lucha contra la pobreza, el hambre o por una mejor salud del ser humano. El tiempo apremia más que nunca, se afirma en el documento y se insta a actuar, ya, tanto a escala global como local.

 

Es un informe elaborado durante tres años por cerca de 500 especialistas de 50 países, bajo los auspicios de la ONU, en el que se alerta –entre otras cosas– del riesgo de desaparición de más del 40 por ciento de las especies anfibias, casi un tercio de los arrecifes coralinos, así como el 10 por ciento de los insectos.

 

El estudio identifica y, por primera vez clasifica, los impulsores directos que también se han acelerado en las pasadas cinco décadas, tales como la sobrexplotación de los recursos, el cambio climático, la contaminación y otras alteraciones provocadas por la acción humana.

 

Algunos datos más, igualmente preocupantes: tres cuartas partes del medioambiente terrestre y alrededor de 66 por ciento del marino se han visto significativamente alterados por la acción humana, en tanto que la tercera parte de los recursos pesqueros marinos son explotados a niveles insostenibles.

 

En cuanto al cambio climático, refiere que las emisiones de gas de efecto invernadero se han duplicado desde 1980 y provocado el aumento global de la temperatura en al menos 0.7 grados centígrados. La polución plástica se ha multiplicado por 10 desde 1980.

 

Se acelera el ritmo de extinción de las especies: en los pasados 40 años ha aumentado sensiblemente el riesgo de la desaparición total de un millón de ellas. La velocidad de extinción es centenares de veces mayor que la natural, precisó Paul Leadley, uno de los autores.

 

Este llamado al cambio no debe, no puede, ser ignorado. No son alteraciones que vayamos a padecer en el futuro. Se trata, más bien, de pérdidas y deterioros que están ocurriendo todos los días, a cada hora, a cada minuto, a cada instante, frente a los ojos ciegos de la humanidad.

 

Desde el siglo XVI, al menos 690 especies vertebradas han sido llevadas a la extinción y más del nueve por ciento de la totalidad de los mamíferos domesticados usados para la alimentación y la agricultura se habían extinguido para 2016… y al menos mil más están todavía amenazados.

 

Robert Watson, presidente de la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES) –instancia coordinadora del estudio–, destacó la necesidad de cambiar políticas y paradigmas. Deben cesar los subsidios malos para el medioambiente, como los de la industria energética, el transporte o la agricultura.

 

Los gobiernos, propuso, también tendrían que abandonar el uso del PIB para calcular la riqueza e incorporar el capital natural y humano en sus países. Necesitamos un paradigma económico modificado para un futuro más sostenible.

 

Indica que afortunadamente se han visto algunas primeras acciones e iniciativas para un cambio transformativo, particularmente en los jóvenes de diversas regiones del mundo y entre ellas se refirió al movimiento #VoiceforthePlanet, así como a las huelgas escolares por el clima.

 

En el detallado informe mundial se concluye que el deterioro acelerado de la biodiversidad se puede frenar, pero sólo mediante una transformación radical, con un golpe de timón –diría yo– en el desarrollo que requiere participación y compromiso de todos los niveles.

 

Los intereses particulares doblegan al interés público en todo el planeta. Pero es un hecho que, después de este informe, como acotó la directora general de la Unesco, Audrey Azoulay, ya nadie podrá decir que no sabía que estamos dilapidando nuestro patrimonio mundial común.