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Reforma tributaria: una prueba de coherencia y ética política para la oposición

Publicado el 09 Abril 2019
Escrito por Paul Walder

El gobierno de Sebastián Piñera, tras agotar el espectáculo mediático del trimestre pasado, se enfrenta a la desnudez de su programa. Tras el efectismo de propuestas como la detención por sospecha de menores de edad y todos los excesos y pirotecnia sobre Venezuela, el gobierno hoy, enfrentado al vacío de propuestas, comienza a expresar también el inicio de su retroceso.

 

 

 

La derecha, como ya bien se sabe, si bien puede levantar todo tipo de candidaturas y frases grandilocuentes, no tiene más propuesta que el crecimiento económico y la seguridad ciudadana. Consumo y terror.

 

Piñera, como cualquier representante del gran capital especulativo y financiero, ganó las pasadas elecciones con el tradicional discurso de incentivar el crecimiento económico para, supuestamente, aumentar el empleo y el consumo. Un programa mil veces repetido que llevaba bajo cuerdas el desmontaje de la reforma tributaria de Michelle Bachelet del 2014 y su reemplazo por otra de corte neoliberal. Bajo esta lógica fundamentalista, la rebaja de los impuestos a los grandes capitales estimulará inversiones para crear más puestos de trabajo, generar más circulante y más consumo. De esta forma todos seremos más felices.

 

Este es el cuento de hadas que los representantes neoliberales siguen relatando y aún numerosos incautos le creen. Por el problema de estas economía de mercado extremas no está en el crecimiento sino en la distribución. El crecimiento es necesario para que el sistema financiero y el capital continúe su dinámica de inversiones y créditos, que finalmente es el proceso de expansión que le entrega beneficios: más cuando el crecimiento es alto, un poco menos ganancias cuando se crece como en estos meses y el descalabro cuando no se crece o se decrece, como pasa en la neoliberal Argentina de Macri.

 

Piñera y su ministro de Hacienda, Felipe Larraín, prometieron un alto crecimiento económico bajo el lema de “tiempos mejores”. Ni más crecimiento que en los criticados años del gobierno de Bachelet ni nada de mejores. El producto mensual creció un escaso 1,4 por ciento en febrero, una tasa bien fatigada que llena de rubor a Larraín cada vez que ha de enfrentarse no solo con la prensa, sino con sus pares del sector empresarial y financiero, ya irritados por los planos indicadores. Pero la molestia no solo se expresa desde sus incondicionales sino desde sus volátiles electores. Desde marzo, los sondeos de opinión muestran el inicio de un persistente rechazo a Piñera, un proceso que se acumula día a día.

 

La prensa empresarial, sus columnistas y los representantes del empresariado ya no consiguen ocultar su inquietud. Ya sea por el reducido indicador de actividad económica de febrero, por el continuo recorte de las proyecciones para este año, actualmente alrededor del tres por ciento, pero principalmente por la demora en el proceso legislativo de la reforma a la reforma tributaria, proyecto ingresado hace más de seis meses.

 

La demora en el proceso legislativo es causa del rechazo, hasta ahora, de la oposición para aprobar la idea de legislar sobre la reforma. Una postura que se basa en mínimos acuerdos y, en especial, en una base también mínima de ética y coherencia política. ¿Puede esta coalición o como se le llame sumarse al desmantelamiento de la reforma de Bachelet? De una reforma que, supuestamente, creaba el mecanismo para recabar recursos para la educación.

 

La oposición no puede sumarse al proyecto de Piñera. Si llegara a hacerlo, arriesga caer en una contradicción y confusión con ramificaciones hasta su propia identidad. No puede prestarse para desarmar en pocos años la reforma que apoyó durante el gobierno de la ex Nueva Mayoría. Pero el ala derecha de la oposición tiende a desgranarse y perder materia. Basta recordar un poco el proceso que siguió la reforma tributaria elaborada por el gobierno de Michelle Bachelet en la “cocina”, así le llamaron, del Senado, en aquel entonces con un senador Andrés Zaldívar que fungía de chef.

 

Ante estos riesgos, siempre presentes en nuestra escena política,  la oposición ha firmado un par de documentos para evitar las filtraciones en el bloque. Un acuerdo entre todos los parlamentarios de la Comisión de Hacienda que estima innecesaria y regresiva la reforma tributaria de Piñera. El sistema semi integrado actual es el que genera mayor equidad y este es el que debe mantenerse y perfeccionarse, integra uno de los acuerdos que se pondrán a prueba este miércoles cuando la Cámara vote la idea de legislar.

 

PAUL  WALDER

 

Artículo publicado ayer en POLITIKA.cl

 

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