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La detención de Julian Assange

Publicado el 14 Abril 2019
Escrito por Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

Lenin Voltaire Moreno Garcés es el rey de los traidores (correspondería al dicho de que no hay cojo bueno). En la Revolución Francesa el inválido Crotón era el personaje más odiado de los seguidores de Robespierre, y cuando se atrincheraron en el Hotel de Ville los soldados lo lanzaron, con silla de ruedas y todo, por las escaleras de la Municipalidad de París. (Esperemos que ese caso no se repita en la persona de Lenin Voltaire Moreno y el traidor viva muchos años  vendiendo al Ecuador a los yanquis)

 

 Tanto Vladimir Lenin y Voltaire, ambos personajes despiadados y de baja moralidad, por ejemplo, Voltaire se hizo rico vendiendo pertrechos militares, y también falsificó un libro con el nombre con el nombre de J.J. Rousseau a fin de indisponerlo con los protestantes de Ginebra; V. Lenin, por su parte, no tuvo ningún empacho en asesinar a quienes discreparan de la mafia de los bolcheviques, en especial, los social-revolucionarios, mayoritarios en la Revolución Rusa.

 

Con muy mal criterio, Rafael Correa  y el Partido País apoyaron la candidatura de Lenin Voltaire Moreno, quien como vicepresidente durante el gobierno de Correa progresista y que sólo por medio del diálogo corregiría algunos defectos de la Revolución Ciudadana, pero al poco andar, y una vez instalado en el gobierno, con palabras floridas que, a veces, usan los hipócritas, comenzó a traicionar a Correa,  a perseguirlo y a aliarse con los banqueros, (siempre dueños de Ecuador) y, sobre todo a constituirse en lacayo de Estados Unidos.

 

El socialcristiano Jamil Mahuad, durante su gobierno, arruinó a Ecuador provocando el éxodo más grande de su historia, y para tratar de solucionar la crisis económica reemplazó el sucre por el dólar. Lenin Moreno, que repitió “hazaña” de sus predecesores banqueros, tiene arruinado al país y entrado al Fondo Monetario Internacional, (al igual que Mauricio Macri, en Argentina).

 

Julian Assange, asilado en la embajada de Ecuador desde el 2012, y con nacionalidad de ese país durante el gobierno de Rafael Correa, siempre fue un clavo en el zapato por las malas relaciones con Estados Unidos, Suecia e Inglaterra: los yanquis se morían de ganas de asesinarlo por revelar secretos del Pentàgono y de la campaña de Hillary Clinton; los suecos lo requerìan por acusaciones de delitos sexuales; y la “pérfida Albión”, siempre vendida a los yanquis, estaba dispuesta a complacerlos.

 

Assange sabía que  si Inglaterra lo extraditaba a Suecia, al final llegaría a una cárcel de Estados Unidos, y nada de raro que le aplicaran una inyección letal; en este escenario decidió asilarse en la Embajada de Ecuador, ubicada en el centro de Londres. Durante siete años estuvo confinado en una  pieza de 26 metros cuadrados, beneficiándose de algunos rayos de sol cuando aparecía en el balcón de la embajada y, para no volverse loco, se entretuvo con un  gato como mascota.

 

Durante el gobierno de Correa tuvo acceso privilegiado a Internet, como también prestó colaboración a Wikileaks, pero al asumir el poder Moreno recibió el trato, poco  menos, que de preso y no de asilado, y lo privaron de su gato y del computador.

 

El traidor Lenin Moreno pretextaba que el inquilino Assange estaba perjudicando la política exterior del Ecuador al inmiscuirse en asuntos políticos de otros países. La verdad es que Wikileaks publicó los robos de Lenin Voltaire Moreno y su familia probando la indignación del Judas Iscariote. Moreno se ha burlado del derecho de asilo que, incluso, ha sido respetado por gobiernos dictatoriales, por ejemplo, Víctor Raúl Haya de la Torre estuvo asilado muchos años, en la embajada de Colombia y a nadie se le ocurrió entregarlo.

 

Los derechos humanos son siempre violados por el poder. Los gobiernos de Estados Unidos hacen caso omiso del respeto de lo que ellos llaman “un papelucho”, y les importa muy poco los dictámenes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y los organismos surgidos a partir de la Segunda Guerra Mundial.

 

La personalidad de Julian Assange ha sido muy discutida desde 2010, cuando se diera a conocer las brutalidades del Pentágono durante las invasiones, especialmente Iraq y Afganistán, (un video mostraba cómo desde un helicóptero asesinaba a dos reporteros de la Agencia de Noticias Reuter). Posteriormente, publicó las declaraciones sobre crímenes de Estado del ex agente de C.I.A. Edward Manning, (en prisión cambió de sexo, haciéndose llamar “ Chelsea Manning”). Al final del gobierno de Barack Obama fue amnistiado.

 

Durante la última campaña presidencial en Estados Unidos se hizo famoso por publicar los correos electrónicos de la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, donde la acusaban del asesinato del líder libio, Mohamad  Gadhafi y la destrucción de Libia. En ese entonces Donald Trump aplaudía a Wikileaks y sus publicaciones, y no faltaba quien  acusara a Assange de favorecer la candidatura de Trump.

 

El tema central en este entramado es la libertad de prensa, que està en la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, pero los yanquis Assange no es un periodista, sino un espía y hábil operador de internet; para otros que lo admiran no sólo es un notable periodista, sino también un valiente defensor de la verdad.

 

Las publicaciones de Wikileaks han sido utilizadas por The Guardian, Times, Le Monde, el País, Washington Post, y otros importantes Diarios del mundo, grandes empresas que no defienden la libertad de prensa pretextando que Wikileaks es sólo una fuente y que Assange  no es un  periodista.

 

El problema que suscita la extradición de Julian Assange es que gobiernos con tantos secretos, que funcionan sobre la base de los crímenes de Estado, difícilmente pueden ser catalogados como democracias. La “palabrota Libertad de Prensa” es una de las tantas mentiras contenidas en la Declaración de los Derechos Humanos, cuya contradicción con la realidad es flagrante.

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

13/04/2019                        

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