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El Triunfo del NO y del SI *

Publicado el 06 Octubre 2018
Escrito por Juan Pablo Cárdenas

Algunos han tenido la honestidad de decirlo: ¡qué lamentable que el Frente Patriótico Manuel Rodríguez no haya podido ultimar a Augusto Pinochet hace tres décadas! De haberlo logrado, se habría cumplido lo que el Tirano señaló muchas veces cuando perseguía a sus opositores: “hay que matar a la perra para acabar con la leva”. Y, claro, si el atentado hubiera prosperado no tendríamos que lamentar hasta hoy la existencia de esa leva de políticos que lo siguieron en vida o lo han seguido después, consolidando el régimen jurídico, económico y social de esos diez y siete años de dictadura cívico militar.

 

 

Los hechos hablan por sí mismos. A treinta años de ese 5 de octubre, tanto en el Palacio Presidencial como en el Museo de la Memoria se celebra o se conmemora el Triunfo del No en ese histórico plebiscito que efectivamente marcó el principio del fin de Pinochet en la sede del Gobierno, después de transferirle el poder a su sucesor, convertirse en senador vitalicio y por largos meses continuar como comandante en jefe del Ejército. Todo lo cual de ninguna forma significó un cambio sustantivo, cuando hasta hoy nos rige la Constitución de 1980 y el modelo ultra neoliberal ha sido completamente sacralizado por todos sus sucesores. Realidad que en la práctica se expresa en el crecimiento de la brecha entre los ricos y los pobres, la consolidación del sistema previsional más escandaloso del mundo, así como uno de salud en que esta actividad es garantizada por ley como una gran oportunidad de negocio, y no un derecho del pueblo.

 

Que a lo anterior se sume un sistema electoral y la práctica del sufragio con cada vez menos ciudadanos animados de concurrir a las urnas. Tanto que todavía son menos los que votan en comparación con los que concurrieran ese 5 de octubre, pese al crecimiento de la población. Actitud que se explica, entre otras causas, en que los partidos políticos de verdad parecen esperpentos del pasado, realidades virtuales, más que organizaciones de masas e instancias ideológicas y de cambio.

 

Aunque la palabra “soberanía” da pábulo a nuestra vergonzosa carrera armamentista, y le permite a gobiernistas y “opositores” cumplir con una serie de liturgias patrioteras, lo cierto es que nuestro territorio está hoy, mucho más que antes, dominado por las transnacionales, así como estrictamente vigiladas por Estados Unidos y las potencias mundiales que cuidan de sus grandes consorcios. Precisamente en estos últimos días, China ha sido facultada para entrar como socio a la empresa Soquimich (SQM) que explota un recurso que será todavía más estratégico que el cobre en los años venideros.

 

En efecto, los chinos, asociados con empresas norteamericanas, quedaron recién facultados para hacerse de una buena parte de nuestras ricas reservas de litio, gracias a una insólita resolución del Tribunal de la “Libre Competencia”, que desestimó todas las objeciones que se le hicieron ver, a la vez que buscar convencernos de que los asiáticos que se sentarán en el directorio de esta empresa van a inhibirse de transmitir los acuerdos de esta empresa al exterior si éstos pudieran favorecer a otras empresas del rubro en que los mismo chinos y estadounidenses están asociados. Dejando de estúpidos, con esto, a todos los periodistas televisivos y de la farándula que rápidamente salieron a celebrar el ingreso de una nueva potencia mundial al banquete donde se tranzan nuestros recursos naturales. A vista y paciencia siempre de nuestras Fuerzas Armadas y clase política.

 

Es cosa de imaginarse cuantos nuevos jueces y fiscales se han enriquecido de la noche a la mañana con una nueva resolución que traiciona al país y lo deja todavía más a merced del exterior. Sospecha que podría parecer insolente y temeraria si el país no hubiera comprobado como la misma SQM destinaba millonarios recursos a todo el espectro político para que a su principal dueño, el ex yerno de Pinochet, no le fuera expropiada su mal habida empresa.

 

Mucho se repite que el Dictador acrecentó su desprestigio cuando se le conocieron los ingentes recursos que le había robado al Estado para ponerlos a resguardo en la banca extranjera. Que los mismos partidarios suyos, contestes con sus crímenes y campos de tortura y exterminio, no estuvieron dispuestos a avalar sus fraudes y el enriquecimiento ilícito de sus familiares y amigos. Es de esperar, consecuentemente, que los políticos que se corrompieron enseguida en el poder sufran el mismo descrédito y este reciente 5 de octubre nos augure realmente tiempos nuevos en que pinochetistas, concertacionistas y otros salgan definitivamente de la escena política. Y el país asuma realmente que sus héroes no están entre los negociaron con los militares y los civiles golpistas, sino en los miles y chilenos que dieron su vida y padecieron en la lucha contra la opresión. Como los combatientes del FPMR, del MIR y del pueblo movilizado; los que actuaron desde los medios de comunicación democráticos que fueran posteriormente aniquilados por el gobierno de Patricio Aylwin. Agregando también a las heroicas organizaciones de Derechos Humanos que han venido recibido los constante e implacables portazos de los nuevos moradores del Poder Ejecutivo y del Congreso Nacional tutelados por el poder económico, el Tribunal Constitucional y las Fuerzas Armadas.

 

Ya asoman por algunos medios de comunicación y viejos archivos los espurios acuerdos entre los que salieron temporalmente y sin rasguño alguno de La Moneda y los que entraron a administrar, de buenas cuentas, el legado de sus antecesores. Aunque hayan debido renunciar a la completa impunidad que le prometieron a los militares y a los más inescrupulosos empresarios. Lo que se debe, por cierto, a la presión de quienes continúan en la disidencia y han podido lograr algunas reformas sólo cosméticas para aplacar la decepción ciudadana. Entre ellas las educacionales, que todavía toleran el lucro y la desigualdad entre los niños y los jóvenes chilenos.

 

Los personajes más cínicos de la clase política nacional nos aseguran que la Transición ya terminó, y el propio Sebastián Piñera dice que el 5 de octubre es una fecha “luminosa” en el advenimiento de nuestra democracia. Mientras que de otros, más cautos, escuchamos y leemos en estos días que todavía no concluye este proceso republicano… Aunque no sabemos a ciencia cierta si lo dicen honestamente o como una simple triquiñuela que les permita acceder nuevamente al poder en la promesa de continuar esta tarea. Faena electoral que no descarta en postular por tercera vez a la señora Bachelet como candidata presidencial para que ésta vuelva, si es preciso, a colgarle la piocha presidencial a Piñera. En una rotativa que ciertamente no habla bien de nuestros pergaminos políticos e institucionales.

 

Si hubo un puñadito de arrogantes y nostálgicos que se atrevieron a rendirle un homenaje callejero a Pinochet, este hecho se debe a que la inmensa mayoría de sus adeptos estima que su líder sigue conduciendo loa destinos de nuestro país. Que por nada hay que declararlo muerto, cuando sus obras hablan de su vigencia y de cómo se han hecho carne en el conjunto de la clase política. Aunque le falte todavía una estatua o algo así como un Valle de los Caídos para perpetuar su memoria.

 

*En homenaje a nuestro dilecto amigo Víctor Pey que justamente decidió abandonarnos este 5 de octubre.

IP: 35.175.190.77
Country: United States

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