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Dictaduras de segunda división (Maduro en Venezuela) y de primera (Pinochet en Chile)

Publicado el 07 Febrero 2019
Escrito por Luis de Velasco

 

O para decirlo con las muy recientes palabras del que fue vicepresidente del gobierno español con el PSOE tras su triunfo electoral en 1982, Alfonso Guerra, “a veces las dictaduras liquidan la libertad de los pueblos, pero al menos tienen eficacia en el terreno económico” añadiendo que “entre la dictadura de Pinochet, horrible y la de Maduro, horrible también, hay una diferencia. Que en un sitio la economía no se cayó y en otro sí se ha caído. Venezuela está sufriendo una dictadura, además incompetente”.

 

Ha leído Ud. bien amigo lector y si esta declaración muy clara le ha asombrado , incluso indignado, comparto su asombro e indignación. Resulta que “a veces”, según afirma Guerra, las dictaduras liquidan la libertad etc. y que con la dictadura chilena la economía no se cayó sin duda porque, contrariamente a la “incompetente” de Maduro, fue, se supone que en lo económico, una dictadura “competente”. No he leído ni escuchado ninguna crítica a estas afirmaciones por parte de gente importante del PSOE por lo que hay que suponer que están de acuerdo con lo dicho por alguien con gran importancia en ese partido hace años pero hoy con menor peso.

 

Está claro que las dictaduras siempre liquidan la libertad de los pueblos ( ese es su principal objetivo) y que la dictadura de Pinochet fue incompetente en lo económico, al menos para la inmensa mayoría de su población y fue muy “competente” (permítaseme la expresión) en la represión medida en muertos, detenidos-desaparecidos, damnificados, encarcelados. No sé si en este tema, fue más o menos competente que la de Maduro pero para mí ese no es el tema importante aquí. Para mí lo importante es esa dualidad que se pretende establecer, esa pretendida contraposición entre “éxito económico” y represión brutal de un pueblo con enormes costes de todo tipo, concretamente para sus clases más humildes y desposeídas. Dicho más sencillamente: “Señores, esa represión , sacrificios y muertes se compensan con la mejora económica en el caso de Chile (dictadura de primera en la que no todo es malo) y no así en el de Venezuela (dictadura de segunda en la que todo es malo)”. Razonamiento falaz y, sobre todo, muy arriesgado que por ejemplo podría llevar a justificar la dictadura de Franco y darle incluso Matrícula de Honor. Pero eso lo dejamos para otro día. Hoy toca comentar lo ocurrido en Chile, país en el que viví en el período 1967-73 y que creo conocer bien, seguramente algo mejor que el exvicepresidente socialista.

 

Tras el triunfo del golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 se instaló en el poder absoluto una Junta Militar con el general Augusto Pinochet a la cabeza y con poderes omnímodos una vez decretado el estado de guerra. Todo ello naturalmente con el beneplácito y la ayuda total de gobierno de Estados Unidos con Nixon y Kissinger en cabeza y con intentos y acciones de desestabilización, sobre todo mediante la CIA, incluso antes de las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1970 que dieron la victoria en las urnas al senador Salvador Allende, socialista y candidato de una coalición de partidos, la Unidad Popular(la UP).Las acciones desestabilizadoras aumentaron tras ese resultado porque la norma atribuía al Congreso Pleno( en el que la UP no era mayoría)la decisión entre los dos primeros en las urnas. El segundo era el senador Radomiro Tomic del ala izquierda de la Democracia cristiana (DC) y la gran incógnita era a quien iba a votar esa formacíón. Si esa decisión dependía del expresidente de Chile, el senador Eduardo Frei, ese voto no sería para Allende pero se impuso la opción Tomic y Allende fue proclamado presidente. Esa misma noche, en una manifestación delante del local de la Federación de Estudiantes de Chile (FECH), Allende advirtió que se avecinaban jornadas muy difíciles para Chile y para su gobierno porque los derrotados y sus amigos foráneos, sobre todo EEUU, tratarían por todos los medios de alterar la vida del país y desequilibrarlo. “Tiempos muy difíciles en los que Chile se va a mover como el balón en un disputado partido de fútbol. Lograr el gobierno no significa llegar al poder y los enemigos del gobierno popular son muy poderosos”.También afirmó que “podremos meter la pata gobernando pero nunca meteremos la mano”. Textualmente. Yo estuve allí presenciando esa intervención.

 

El presidente acertó plenamente. Los meses que van desde esa fecha hasta el golpe militar del 11 de septiembre de 1973 son vertiginosos y para un observador externo, sin duda apasionantes aunque eso suene frívolo. Cualquier análisis de lo ocurrido entonces, necesita absolutamente integrar lo ocurrido tanto en el ámbito puramente político ( interno y externo) como en el económico y el social. Están todos ellos totalmente interrelacionados con enormes influencias reciprocas. El denominado y propagado por algunos “éxito económico” lo fue efectivamente para una minoría ( los llamados “momios”) mientras que para la gran mayoría de la población( los “rotos”), los más pobres y marginados, esas medidas que integraban el experimento llamado “tratamiento de choque” al que luego nos referimos, fueron elemento decisivo de represión, de terror, de forzado exilio, de muerte.

 

La idea y articulación de ese denominado “shock treatment” surge en la Universidad de Chicago y es creación sobre todo del bien conocido economista Milton Friedman (años después Nobel de economía, ahí queda eso) que tenía esos años alumnos chilenos procedentes de la Escuela de Economía de la Universidad Católica de Santiago a los que evangeliza y que son los que , a partir de que él mismo va a Santiago y convence a Pinochet de la necesidad de este modelo, ocupan los cargos principales en Ministerios económicos, Banco Central de Chile etc, y aplican las verdades reveladas sin piedad y sin oposición política debido a la prohibición de partidos, sindicatos, manifestaciones, anulación de todas las libertades. o sea terreno ideal para este “experimento despiadado“ como se calificó por algunos y nunca antes aplicado en país alguno. Las estrellas e ídolos de la oligarquía chilena son,entre otros, los Sergio de la Cuadra, Alvaro Bardón, Hernan Buchi, Sergio Castro, Jorge Cauas etc..Insistimos en esto: ese modelo despiadado solo se puede intentar aplicar bajo el terror de una dictadura también despiadada. Además eso es condición necesaria aunque no suficiente para que triunfe. Si hubiera triunfado, la economía chilena hoy sería puntera en el mundo y no lo es. Lo es en América Latina pero eso ya lo era antes de la llegada del evangelio liberal friedmanita. Lo era en campos como la educación, la salud pública, la administración pública, la acción de organismos públicos como la Corporación de Fomento (CORFO) creación del gobierno radical del presidente Aguirre Cerda, decisivo en la industrialización. Como también Chile era ya modelo de sociedad democrática, libre, ajena a asonadas militares, bien integrada y por supuesto no exenta de conflictos políticos y sociales que se resolvían negociando y acordando. Algo, lamentablemente, excepcional en América Latina como es bien sabido.

 

La esencia del tratamiento de choque es bien sencilla teóricamente. Reducción y debilitamiento del Estado regulador y dejar que mande absolutamente el mercado, dominado claro está por los importantes poderes económicos del país con sus ramificaciones en centros formadores de opinión muy limitada que se dedica a propagar las excelencias del sistema. O sea liberalismo “ a lo bestia”.Concentración máxima y rápida de la riqueza y la renta en segmentos oligárquicos de la población mientras la mayoría de la misma aumenta su desempleo,hambre, pobreza y marginación. Todo ello con la comprensión y ayudas de quien tiene el poder, desde siempre, en la región es decir el gobierno de turno en Estados Unidos con Nixon y Kissinger a la cabeza, actores destacados en el golpe y en la brutal represión posterior. Como antes se indica, este experimento despiadado solo puede ensayarse en una sociedad, en un país sometido por la brutal represión y el terror. Todo eso posibilita que “La economía no se caiga”, por lo menos para unos pocos, los “momios” del Barrio Alto de Santiago ( una especie de La Moraleja madrileña). Mientras tanto , las grandes mayorías (los pobladores de zonas marginales, los campesinos pobres, los desempleados y sus familias y un etcétera mayoritario, los ¨rotos”)pasan hambre, sufren, mueren, son represaliados,”desaparecidos” o muertos.

 

El número total de las víctimas del régimen pinochetista no se sabe exactamente todavía. Un primer recuento se plasma en el llamado Informe Rettig que abarca el período 1973 hasta 1990, cuando un inmediatamente anterior plebiscito desfavorable , entre otros factores, lleva al dictador a retirarse (no sin antes plantear al resto de los altos mandos militares desconocer el resultado y seguir en el cargo, lo que fue rechazado por ellos).El informe lo lleva a cabo y lo aprueba la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación creada en 1990 por el presidente Patricio Aylwin.

 

Recopilaron más de tres mil denuncias concluyendo que un total de 2920 casos estaban dentro de su mandato. Reconociendo 2.279 muertes en manos de la fuerzas de seguridad durante la dictadura. Aylwin pidió perdón en nombre del Estado en emisión televisada a toda la nación afirmando que “en lo posible” se haría justicia. Las asociaciones de victimas tras esos anuncios expresaron su desacuerdo total con las conclusiones y números del informe. Otra comisión posterior, la comisión Valech, presidida por el obispo Sergio Valech recibió 32.000 solicitudes de las que certificó 9800 tras exámenes rigurosos. Hubo también muchas quejas por casos rechazados. La comisión en un primer informe en noviembre 2004 reconoció 30.000 víctimas y un segundo informe en agosto 2011 reconoció más de 40.000 victimas.

 

Las cifras varían y mucho, algo normal en este tipo de situaciones. Sea cual sea la cifra final, si es que se da a conocer, la verdad es que la represión fue enorme y los costes de todo tipo para la mayoría de los chilenos muy altos y de muy larga duración. Recordemos que la población del país en 1970 según censo oficial era de poco más de 9.5 millones de habitantes. Cifra indispensable de conocer para constatar la magnitud de la cifra de víctimas. Sin duda, fue una dictadura eficaz en este terreno y también en el económico… para los ricos y poderosos.

 

PS. Los interesados pueden escuchar en las redes sociales el último discurso del presidente Salvador Allende desde el palacio presidencial (“La Moneda”) pocas horas antes de morir, el 11 de septiembre de 1973. Vale mucho la pena escuchar sus palabras llenas de sinceridad y de dignidad dirigidas al pueblo chileno. Su última lección a los traidores.

 

Publicado en República.com (Blog El Replicante)

 

 

 

Comentarios   

 
-1 #1 Jaime Norambuena 07-02-2019 21:17
UN increible artículo del Sr. Velasco
Primicia aventurada que llena estos vacíos.
Se le felicita.
 

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