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Delcy Rodríguez ante el vacío: la línea de mando chavista tras el secuestro de Maduro

Tiempo de lectura aprox: 3 minutos, 57 segundos

La escena política venezolana entró en un territorio excepcional desde que el presidente Donald Trump afirmó que fuerzas estadounidenses ejecutaron una operación militar en Venezuela y “sacaron” del país al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores. Para Caracas —y para buena parte de la región— no se trata de una “captura” sino de un secuestro y, sobre todo, de una violación de la soberanía venezolana y del derecho internacional, un punto que atraviesa casi todas las condenas diplomáticas y que vuelve a poner en primer plano un debate que los especialistas llevan años advirtiendo: cuando el uso de la fuerza se normaliza como herramienta de política exterior, el multilateralismo queda debilitado y se abre un precedente difícil de contener. Ese diagnóstico aparece con fuerza en la cobertura internacional y en voces jurídicas consultadas por medios globales.

Pero, puertas adentro, la pregunta inmediata es otra: ¿quién manda en Venezuela cuando el jefe del Estado es removido por la fuerza y trasladado al exterior? El chavismo respondió con una fórmula que combina institucionalidad controlada y disciplina de aparato: el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) ordenó que la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, asuma como presidenta interina para garantizar “continuidad administrativa” y la “defensa integral de la nación” frente a la “ausencia forzosa” del mandatario. El fallo, además, anunció que se abrirá un debate jurídico para encuadrar el funcionamiento del Estado bajo esta situación extraordinaria.

Quién es Delcy Rodríguez y por qué importa ahora

En las horas posteriores al operativo, Rodríguez intentó fijar una línea política clara: el secuestro de Maduro no crea un nuevo orden legítimo. “Hay un solo presidente… y se llama Nicolás Maduro”, dijo en un mensaje transmitido por radio y televisión, mientras exigía su liberación inmediata y presentaba la acción de Estados Unidos como una agresión incompatible con la legalidad internacional.

Ese gesto —subrayar continuidad simbólica mientras asume funciones ejecutivas— revela el núcleo del momento: Rodríguez debe administrar un poder sin jefe, sostener la cohesión del chavismo y, a la vez, lidiar con el actor que produjo la crisis. El País la describe como la figura que se mueve “a medio camino” entre la supervivencia del régimen y una transición, con un rol decisivo en la relación del chavismo con Trump. En ese marco, la presenta menos como “moderada” (etiqueta que circula desde hace tiempo) y más como una dirigente con capacidad de adaptación: conoce los resortes del poder real, en particular el sector petrolero, y desde 2024 controla la cartera de Hidrocarburos, un detalle clave cuando Washington habla abiertamente de influir en la industria energética venezolana.




The Guardian coincide en que Rodríguez camina por una cuerda floja: endurece el discurso para marcar “líneas rojas” ante la intervención —no ser “colonia”, no aceptar tutelajes—, pero su supervivencia depende de mantener apoyos internos, en especial los militares, mientras la presión externa se concentra en “estabilizar” el país bajo parámetros que Estados Unidos considera aceptables.

La arquitectura del mando: TSJ, Ejecutivo y Fuerza Armada

En crisis de esta magnitud, la “línea de mando” importa tanto como la retórica. El TSJ, órgano central del entramado institucional chavista, funcionó como cerradura jurídica: al ordenar que Rodríguez asuma, procura evitar un vacío formal y envía un mensaje a los cuadros del Estado —gobernadores, ministerios, empresas públicas, sistema judicial— sobre quién firma y decide.

El segundo pilar es la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y el aparato de seguridad. En la práctica, la continuidad del poder en Venezuela suele descansar en el triángulo Ejecutivo–FANB–servicios de inteligencia. La cobertura de The Washington Post subraya que Rodríguez apareció respaldada por figuras consideradas “duras” del chavismo, entre ellas el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, y Diosdado Cabello, un actor clave del oficialismo, lo que sugiere que su autoridad inmediata se sostiene por alineamiento del núcleo coercitivo del Estado.

Al mismo tiempo, reportes de agencias internacionales y medios globales describen un clima de incertidumbre social y tensión contenida, con Caracas paralizada, cierres de comercios y temor a nuevas escaladas. AP lo retrata como “calma tensa”, con ciudadanos intentando descifrar quién gobierna realmente y qué consecuencias tendrá el choque con Washington.

La paradoja Rodríguez: continuidad “con Maduro” y gobierno “sin Maduro”

Desde el chavismo, la fórmula elegida es paradójica pero funcional: Rodríguez gobierna, pero Maduro “sigue siendo el presidente”. En términos políticos, esto busca evitar dos riesgos: (1) que el chavismo reconozca tácitamente que el secuestro produjo un cambio de régimen; (2) que sectores internos interpreten la ausencia de Maduro como oportunidad para disputas sucesorias. Ese equilibrio —ejercer el mando operativo sin declararse “la sucesora definitiva”— intenta congelar ambiciones y mantener disciplina.

Los especialistas citados por El País apuntan a que las próximas horas y días medirán si Rodríguez puede consolidarse como interlocutora inevitable (para adentro y para afuera) o si emergerán fracturas en un oficialismo que, sin su figura principal, queda expuesto a tensiones latentes. En un punto crucial, el diario señala que el anuncio de Washington de “gobernar” Venezuela y tomar control de la industria petrolera sugiere un involucramiento de largo plazo, y que la llave de ese vínculo —técnico y político— pasa por Rodríguez y su control sobre Hidrocarburos.

Soberanía en disputa y el peso de lo “externo”

Más allá de las disputas de poder internas, el secuestro de un jefe de Estado por fuerzas extranjeras reinstala una discusión de fondo: la frontera entre “operación de seguridad” y acto de fuerza internacional. En la reconstrucción de The Guardian y The Washington Post, el operativo aparece como una acción militar con objetivos políticos, ejecutada sin el marco clásico de autorización multilateral y con consecuencias regionales impredecibles. La controversia sobre legalidad —tanto en derecho internacional como en derecho interno estadounidense— ya se convirtió en parte de la crisis.

Por eso, incluso análisis críticos del chavismo enfatizan que el hecho constituye una agresión contra un Estado soberano. El País lo formula con crudeza: puede haber alivio en sectores que celebran la salida de Maduro, pero eso no borra que se cruzó una línea que puede derivar en “protectorado” o en una transición tutelada, con legitimidades frágiles y violencia latente.

Qué mirar ahora

Si el conflicto se estabiliza o escala dependerá, en buena medida, de tres tableros simultáneos:

  1. el control efectivo del territorio por parte del Estado venezolano y su mando militar;

  2. la negociación (visible o subterránea) entre la cúpula chavista —con Rodríguez al frente— y Washington;

  3. la presión multilateral en Naciones Unidas y en los mecanismos regionales para frenar la normalización del uso de la fuerza

Delcy Rodríguez queda, así, en el centro de una ecuación incómoda: debe ser a la vez garante de continuidad y administradora de una posible transición, jefa de gobierno interina y símbolo de que el secuestro no “cambió” al presidente. En esa tensión —entre supervivencia del régimen y reconfiguración inevitable— se jugará el futuro inmediato de Venezuela.

 

Fuentes: The Guardian, The Washington Post, El País, AP, Reuters y Redacción del Clarín.



  1. LUNES 05, enero 2026

    ¿Quién gobernará ahora?

    Saludos a todos,

    Escrito por Don Juan Carlos, ex editor

    Las Operaciones Especiales en Venezuela habrían involucrado al 160.º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales (Aerotransportado, en inglés, SOAR) que proporciona apoyo de aviación mediante helicópteros para fuerzas de propósito general y fuerza de operaciones especiales, cazas furtivos y a la Fuerza Delta. La operación militar de Estados Unidos en Venezuela, neutralizó bases aéreas, cuarteles y nodos (se refiere a puntos clave o estratégicos de conexión dentro de una red comunicación, logística o inteligencia), Estratégicos del país. Cumplió su objetivo de desalojar a Nicolás Maduro del poder y dejó al descubierto una de las principales debilidades estructurales de las Fuerzas Armadas venezolanas: la fragilidad de su sistema de defensa aérea de origen chino frente a un adversario con supremacía en guerra electrónica, inteligencia y ataques de precisión.

    Otros componentes relevantes de la campaña fue el ataque a centrales eléctricas y a infraestructura energética, una acción orientada a degradar las capacidades de comando, control y comunicaciones del adversario. La interrupción del suministro eléctrico en zonas clave habrían afectado el funcionamiento de radares, sistemas de defensa aérea y enlaces de comunicaciones militares, facilitando el avance de las fases posteriores de la operación conjunta.

    Un escenario similar afectó a los medios de apoyo de fuego, unidades blindadas y otros elementos, que parecen haber quedado estáticas frente a la operación militar de Estados Unidos. Se puede estimar que carecieron de información de blancos y coordinació (o posibles sabotajes internos) efectiva en un entorno saturado por guerra electrónica. La imposibilidad de integrar sensores, fuegos y maniobras en tiempo real dejó a estas unidades sin capacidad de influir de manera significativa para brindar una respuesta defensiva acorde.

    La neutralización de los radares impidió cualquier empleo efectivo de los sistemas antiaéreos de mayor alcance, incluidos los complejos S-300 y Buk-M2, adquiridos a Rusia para conformar una defensa escalonada. A su vez, el ataque de supresión sobre algunos sistemas Buck-M2, al menos 2 confirmados, anulados por completo su capacidad de una respuesta defensiva. Sin enlaces de datos funcionales ni control del espacio aéreo, las unidades antiaéreas quedaron desconectadas del comando central, facilitando la obtención de superioridad aérea total por parte de las fuerzas estadounidenses en cuestión de minutos.

    Desde el punto de vista militar, analistas coinciden en que el resultado no se explica por la falla de un sistema puntual, sino por la incapacidad del esquema de comando y control de diseño chino para operar bajo interferencia intensa y ataques multidominio. La operación estadounidense expuso las limitaciones de estas arquitecturas cuando se enfrentan a fuerzas capaces de integrar inteligencia, guerra electrónica, aviación de combate y operaciones especiales dentro de un mismo ciclo operativo, confirmando que la superioridad no reside únicamente en el hardware, sino en la coherencia y silencia del sistema en conjunto.

    En el aspecto internacional, la Carta de las Naciones Unidas (ONU), determina que los Estados miembros deben abstenerse, en todo momento, «de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado» (art. 2.4), de ahí que este recurso quede limitado a dos supuestos (art. 51): la legítima defensa previo ataque (aquí se encuadraría la agresión rusa a Ucrania) y el cumplimiento del mandato del Consejo de Seguridad para restaurar la paz (véase la guerra del Golfo de 1991).

    Por consiguiente, ¿qué consecuencias cabría esperar? Todas y ninguna. Todas porque esta violación podría dar lugar a la adopción de sanciones, pero ninguna porque Estados Unidos dispone de veto en el Consejo de Seguridad y porque los Estados podrían decidir unilateralmente no secundarlas. Ahora bien, Washington ha adoptado una serie de decisiones que, correctamente ensambladas, podrían llegar a armar la justificación del ataque en legítima defensa, evidentemente no enfocada como una agresión militar, pero sí, ante una contra la seguridad nacional.

    Basándonos en estos postulados y tomados de manera aséptica Washington ha adoptado argumentar que la operación militar del 3 de enero es en base: a la narco dictadura venezolana, que según la Secretaría de Estado, «son los responsables de la violencia terrorista» que sacude el hemisferio americano en su totalidad; además que se les acusa de ser usurpadores del poder y secuestradores de la soberanía nacional, tras haber cometido un fraude masivo sobradamente acreditado el 28 de julio de 2024, por Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, el cartel de Soles y el tren de Aragua, su mujer Cilia Flores (abogada) y el hijo del dictador, popularmente conocido como ‘Nicolasito’.

    Fuente: Ministerio de guerra de EE. UU. 

  2. Serafín Rodríguez says:

    Ex analista de la CIA revela los planes A y B para Venezuela y cómo la intervención de Trump tiene como objetivo asegurar el predominio del dólar en el mercado del petroleo para contrarrestar las políticas de China y Rusia en contrario:

    https://www.youtube.com/watch?v=7y8CaS8HgC4

    También explica e lpapel que se supone Delcy Rodríguez tendría que jugar.

    Vale la pena escucharlo si se tiene el tiempo y la paciencia para ello.

  3. Los EEUU están perdiendo terreno en el mundo, principalmente ante China, India, Rusia que afianza su posición hacia euro-Asia y también frente a alianzas internacionales como los BRICS que desarrolla su propio sistema de pagos y que excluye al dólar de los intercambios. El derrumbe del control del comercio que EEUU ejerce sobre las economías del mundo con los petrodólares se acelera. So pena de derrumbarse rápidamente Estados Unidos trata de consolidar por la fuerza y agresiones lo que siempre consideró como su patio trasero, proveedor de materias primas y mercados, y que hoy discute y negocia con China o India como alternativas reales al imperialismo estado unidense. Ningún imperio pujante necesita del uso de la fuerza para expandirse. Al contrario, usa de la negociación y/o de la simple compra de mandatarios para conseguirlo. La agresión contra Venezuela es el comportamiento típico de un imperio que se descompone y que trata desesperadamente de mantenerse a flote.

  4. Serafín Rodríguez says:

    Trump se salió con la suya en cuanto a Maduro. Sin embargo, el aparato político-militar madurista sigue en control de Venezuela con todas las grandes preguntas que plantea el artículo. Con todo, hay otras preguntas que no parecen estar resueltas desde el puntode vista de Trump: ¿Es que con la captura de Maduro se terminó el Cartel de los Soles, el narco Estado y el narco tráfico a EE.UU.? ¿Y en qué quedó el petroleo para pagar los costos de la operación de captura?

    • Serafín Rodríguez says:

      «En este mundo traicionero, nada es verdad ni mentira; todo depende del color del cristal con que se mira…» —Calderón de la Barca

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