
Joan Garcés: «Me reservo la opinión sobre Boric»
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Fue asesor de Salvador Allende. Estaba con él el día del bombardeo del palacio presidencial de Chile por los golpistas de Pinochet. Sobrevivió y desde entonces se considera «en términos mercantiles sobregirado»: libre para dedicarse a lo que cree. Como perseguir judicialmente a Pinochet. «Conozco al cabrón que está detrás de esto», dijo el dictador al ser detenido en 1998. Hablaba de Garcés, cuyo ensayo ‘Soberanos e intervenidos’ se sigue reeditando. Participó en la fundación del PSPV.
«Conozco al cabrón que está detrás de esto, es ese comunista de Garcés». Eso dijo Pinochet cuando lo detuvieron en Londres. Ese Garcés es Joan E. Garcés (Llíria, 1944), un abogado de 81 años que se libró por los pelos de morir en 1973 al lado de Salvador Allende, de quien era asesor, y que sigue ejerciendo y dando guerra legal. La entrevista tiene lugar en su despacho en una calle estrecha de Madrid, al lado del Congreso de los Diputados, en un edificio con solera, de escaleras de madera crujiente y silencio sepulcral. Al lado de la mesa, enmarcado, un premio británico de 1999 por coordinar la causa contra el dictador chileno.
¿Se equivocaba Pinochet al acusarle a usted cuando lo detuvieron en Londres, según relata Philippe Sands en Calle Londres 38?
Él sabía que la estrategia política, judicial y mediática que llevó a su detención la dirigía yo.
¿Era un odio mantenido en el tiempo?
Odio, no. Simplemente fui testigo de un gran crimen y una tragedia nacional y durante años construí la estrategia que permitió su detención. Él sabía que era yo. Lo tenía muy claro.
¿Pinochet? Hay batallas que hay que darlas, tarde lo que tarde el desenlace
¿Un ejemplo de perseverancia que no suele ser habitual?
Hay batallas que hay que darlas, tarde lo que tarde el desenlace.
¿Cuántas veces se ha preguntado por qué se salvó en aquel golpe?
En primer lugar, fue gracias a Allende, que me pidió que saliera del palacio minutos antes de que bombardeara la aviación. Después, a la ayuda de Joaquín Leguina, que se encontraba en Santiago, a la de Enrique Iglesias, director de la Cepal, y al embajador Enrique Pérez Hernández, que también me acogió.
No sé si ha tenido mucho la sensación de vivir de propina.
Desde aquella fecha me considero en términos mercantiles sobregirado. He hecho mi vida sabiendo que no tenía ya que preocuparme por otras cosas más que hacer lo que me interesaba y en lo que creía.
Y ahora, 50 años después, llega a Chile un presidente que no condena el régimen de Pinochet. ¿Cómo lo explica? ¿No hay memoria de la represión?
El paso de la dictadura a un régimen de pluripartidismo en Chile a partir de 1990 sigue el modelo español, en el que las estructuras económicas, militares y mediáticas construidas durante la dictadura se perpetúan. El segundo factor son los errores de la izquierda desde 1990, acumulados y agravados en los últimos años.
¿Alguna opinión sobre Boric?
Me la reservo.
En el libro de Sands también se dice que le hicieron a Pinochet lo que no pudieron hacer a Franco.
Esa es la respuesta del fiscal Carlos Castresana. Aquí el legado del franquismo estaba vivo y sigue vivo, y es lógico que algunos pensaran eso.
El modelo de la Transición española contribuyó a, entre comillas, legitimar el régimen de la dictadura
Tal vez porque es más fácil ver los delitos en el ajeno.
El cambio político en España se hizo sobre la base de asumir y aceptar las consecuencias del régimen de dictadura. Entre ellas, los crímenes cometidos.
¿Un error, para usted, de modelo?
Sí, porque contribuyó a, entre comillas, legitimar el régimen de la dictadura y que muchos de sus partidarios se presentaran como adalides de la democracia sin cargar con el peso de los crímenes.
¿Tiene una mirada negativa de la Transición?
Tenemos tendencia a mirar los hechos en función de lo próximo, pero no se da la importancia que merece a los condicionantes externos de lo que ha pasado en España, no solo durante la Transición, sino aún ahora.
¿Aún ahora? ¿A qué se refiere?
Estamos en guerra en Europa. Por el momento está perimetrada en Ucrania. Pero se dan todas las circunstancias para que de forma deliberada o por accidente se generalice a Europa.
¿Con Rusia como enemigo?
El pretexto es Rusia, pero lo que hay detrás es la continuidad de la subordinación de la Europa occidental a lo que significa la OTAN, es decir, a Estados Unidos.
Estamos en guerra en Europa. Está perimetrada, pero se dan todas las circunstancias para que se generalice
¿Después de lo que está pasando en Groenlandia, que es otro factor de riesgo, la OTAN es un proyecto en vía muerta?
La voluntad del presidente de Estados Unidos de tomar Groenlandia tiene raíces muy profundas en la historia norteamericana.
Pero Groenlandia es territorio de un país de la OTAN.
Sí. Lo que destaca en Trump es que se vanagloria de lo que casi todos los presidentes anteriores han hecho, envolviéndolo con palabras y justificaciones.
¿Incluso los presidentes progresistas, desde Roosevelt a Obama?
Roosevelt es una excepción, representaba a una generación de norteamericanos que tenían una concepción que hoy llamaríamos progresista. Trump no solo incumple la Carta de Naciones Unidas, sino que acaba de promover una especie de comité para la paz, que podría convertirse en alianza militar para apoyar una política mundial de Estados Unidos al margen de las normas de las Naciones Unidas.
¿Es el fin de todo lo creado después de la Segunda Guerra Mundial?
No es el fin, es la adaptación a un mundo nuevo marcado por la emergencia de una gran potencia económica que es China.
Trump es una actualización de una corriente conservadora tradicional en EE UU, pero personificando los principios del caudillo
¿China es la ganadora de este tiempo, porque se está imponiendo un autoritarismo bajo un modelo capitalista?
Mucho va a depender de cómo evolucione internamente Estados Unidos. Roosevelt ganó las elecciones de 1933 frente a una candidatura conservadora que simpatizaba con el Tercer Reich alemán. ¿Qué hubiera pasado en el mundo si hubiera ganado esa candidatura opuesta? El mundo hoy sería diferente. El presidente actual de EE UU es una actualización de esa corriente interna que siempre ha habido en el país de carácter conservador, pero personificando lo que era el führerprinzip: un caudillo que está por encima de las leyes y cuya voluntad es ley.
¿Trump es un fascista?
En España tenemos caudillismo en el siglo XIX y en el siglo XX, no necesariamente vinculado al fascismo. O caudillismo o democracia participativa, esa es la lucha que se está desarrollando en EE UU y que va a influir mucho en Europa, porque somos países estratégicamente controlados por Estados Unidos.
¿Momento determinante entonces las próximas elecciones, porque ya sucedió aquel intento de tomar el Capitolio?
El 6 enero de 2020 es un golpe de Estado frustrado para impedir que se proclamara vencedor de las elecciones el que había ganado. Es la primera vez en la historia de Estados Unidos. Lo que está haciendo en su segundo mandato Trump es un desarrollo de esa voluntad de caudillismo que no reconoce la ley interna ni la internacional.
El gran peligro actual es que la guerra económica desemboque en una militar entre potencias atómicas
Hay un factor social, que es una población cada vez más numerosa atraída por ese modelo, en EE UU y en otros muchos países.
No hay que dejarse impresionar por los resultados electorales en muchos países donde ganan los sectores conservadores. El tiempo transcurrido desde los años 60 y 70 del siglo pasado ha significado el afianzamiento de instituciones y normas muy importantes. El derecho es una fuerza por más que en determinadas coyunturas se intente burlarlo. La situación actual tenemos que verla con esa profundidad. Lo singular es que el 3 de enero hay una acción de guerra en Venezuela, pero que no ha significado un cambio de régimen. Trump ha hecho respecto a Venezuela lo mismo que hizo el Gobierno Truman con España a partir del 45.
Sin extraer a Franco en el caso español.
La oposición esperaba entonces que los que derrotaron al fascismo en Europa les ayudaran a derrotarlo en España. Pero Estados Unidos tuvo en cuenta quién controlaba el territorio, que eran las Fuerzas Armadas, pedirles lo que le interesaba, que era el control militar, se lo dieron y el régimen de Franco continuó 30 años más tranquilamente. En Venezuela lo que importa es el petróleo. ¿Y quién controla el territorio y las Fuerzas Armadas? El movimiento de Chávez. Y la oposición a Chávez se ha quedado esperando como se quedó la oposición al franquismo en 1945.
Trump ha hecho en Venezuela lo mismo que hizo Truman con España a partir de 1945
¿Hay una línea de continuidad también con todo lo que pasó en Chile, Argentina, y la Operación Cóndor?
En Chile lo que importaba a Estados Unidos eran el control del cobre e impedir que se consolidara un sistema democrático. Y eso se ha mantenido tanto bajo el régimen de dictadura como bajo el multipartidista.
¿Ha cambiado el uso de los bulos, el manejo de los hechos reales, para desestabilizar democracias o hay un exceso de presentismo?
La manipulación de los hechos por parte de los dictadores es constante en la historia. En Chile, el mismo día del golpe militar silencian todas las radios, las televisiones, los medios que apoyaban el sistema democrático y lanzan una gran campaña mediática diciendo que el gobierno derrocado estaba preparando un golpe. La manipulación de la verdad está presente siempre.
Trump no ha cometido hasta el momento los crímenes de la magnitud de la administración Nixon
¿Cuando se dice que la democracia liberal está en peligro, es una exageración?
En la medida que Europa occidental está intervenida por Estados Unidos está en peligro, en el sentido de que desde EE UU salen directrices, recursos y acciones que ayudan a los adversarios de la democracia representativa. Pero el desenlace no tiene por qué ser fatalmente negativo, porque hay dentro de EE UU sectores reales que sostienen los valores democráticos y también los hay en Europa occidental. Se critica mucho a Trump y con razón, pero no ha cometido hasta el momento los crímenes de la magnitud de la administración republicana de Nixon y particularmente bajo la dirección de Kissinger: millones de personas fueron desplazadas, centenares de miles asesinadas…

Joan E. Garcés, en su despacho. / José Luis Roca
Ahora hay bastantes miles de inmigrantes desplazados y expulsados.
Sí, pero son medidas represivas que son resistidas también dentro de Estados Unidos. Las luchas políticas siempre las ha habido, las continuará habiendo. No hay que ser pesimistas, sino realistas.
¿Con todo lo que ha vivido, es optimista con respecto al futuro?
No está escrito, pero hay un gran peligro: que la actual guerra económica, con los aranceles de EE UU para doblegar a países que quieren seguir su propio camino, desemboque en una guerra militar entre potencias atómicas.
¿Los grandes protagonistas serían Estados Unidos y China o hay que tener en cuenta también a los grandes imperios digitales que acumulan millones de ganancias y quieren poder?
Es difícil de contestar. Son dos capitalismos de Estado los que se están enfrentando. Lo nuevo en este momento es que muchos países de América Latina, Eurasia y África se están apoyando en China. El control de los recursos económicos de América Latina por parte de Estados Unidos es uno de los termómetros de la proximidad de una eventual guerra entre potencias hegemónicas. En la medida que Latinoamérica resista, está retrasando y quizás impidiendo una guerra.
Ideológicamente soy igual que cuando fundé el sindicato clandestino de estudiantes en la Universitat de València
¿Cómo se definiría ideológicamente hoy?
Igual que cuando era estudiante en la Universitat de Valencia y fundé junto con otros amigos el sindicato clandestino de estudiantes. Estaban reunidos jóvenes de ideologías diversas, pero teníamos una alianza amplia frente al sindicato fascista. Es evidente que hoy estamos mucho mejor en términos democráticos.
¿Y se siente mejor en esta España polarizada y crispada que en la de la Transición?
En la medida en que el Estado de derecho se mantiene, es una garantía para todos.
¿Cómo ve la Comunitat Valenciana después de la gran riada que nos arrasó y abrió muchas heridas?
Sigo diariamente la evolución de la vida política en Valencia. Que haya disputas políticas es consustancial a la vida misma. Otra cosa son las deficiencias y las irregularidades. Las insuficiencias y los errores cometidos por quienes reivindican de la democracia es lo que utilizan los sectores antidemocráticos.

Joan E. Garcés, durante la entrevista. / José Luis Roca
¿La gran lucha del siglo XXI será contra la exclusión de los inmigrantes pobres y por sostener la democracia participativa?
Lo que será, no lo sé. Sí hay que tener claro que la democracia participativa nace en la Europa occidental en un desarrollo lento y tenemos instrumentos legales desde 1945 que no existieron nunca antes favorables a esta democracia participativa. Son el derecho internacional y el derecho interno. Debemos luchar por mantenerlos.
¿Usted cree en el derecho?
Efectivamente, creo. Pero el derecho es lucha. Si no se combate por él, se convierte en papel mojado, en una norma moral. Por consiguiente, tiene que ser defendido y cuando es necesario, de manera coercitiva, impuesto. Es lo que está pasando en Valencia después de la riada. Ahí tiene un ejemplo concreto de la lucha por el derecho.
¿Ejemplo de una victoria?
Ninguna victoria es definitiva ni ninguna derrota tampoco. Y hay batallas que duran generaciones y no hay que abandonarlas.
Alfons Garcia
Fuente: Levante





