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J. A. Kast: A la vanguardia de las extremas derechas de Occidente

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Pese a lo que afirma su consejero comunicacional, Eugenio Tironi, el gobierno de Gabriel Boric terminó con una derrota aplastante en las urnas. La coalición que encabezó no solo abandona La Moneda, sino que lo hace con el estigma de un contundente y humillante fracaso frente a un adversario histórico. Cuatro años después de su derrota ante Gabriel Boric en 2021, José Antonio Kast conquistó la presidencia con un dato apabullante: cosechó alrededor de 7.2 millones de votos (el 58.17%). Este resultado lo consagra como el mandatario electo con más sufragios en la historia del país, una marca que debe leerse en el contexto de un padrón electoral masivo y la primera elección con voto obligatorio en décadas. Lo que es giro político brutal, sin embargo, no se explica solo por el factor institucional o el desgaste del gobierno saliente.

Pues no hay que olvidar que el triunfo de Kast se asienta con fuerza en el registro ideológico. Representa la victoria de una corriente política de extrema derecha que recupera y actualiza para el siglo XXI las bases centrales del pinochetismo, heredadas directamente del gremialismo de su fundador, Jaime Guzmán. Esta ideología se articula en tres pilares: 1) La defensa del orden autoritario, expresada en promesas de «mano dura» en seguridad y el endurecimiento del Estado penal; 2) La ortodoxia neoliberal heredera de los Chicago Boys (su propio hermano, Miguel Kast, fue ministro de Pinochet), que promete realizar la agenda empresarial de ajustes fiscales y desregulación; y 3) El ultraconservadurismo valórico religioso que se opone al aborto, el matrimonio igualitario y limita los derechos de la mujer. Este proyecto, que articula a los sectores más reaccionarios de la sociedad chilena con la oligarquía empresarial, ha encontrado en Kast —formado en la cantera gremialista de la Universidad Católica y antiguo militante de la UDI— su vehículo político perfecto para conectarse con la red mundial de las extremas derechas.

Mientras la izquierda chilena procesa su colapso, el presidente electo, desde enero de 2026, ejecuta un movimiento en clave estratégica: despegar su mirada de la coyuntura local para anclarse en la red transatlántica que hoy gobierna o aspira al poder desde Washington hasta Budapest. Su objetivo es fusionar este proyecto de reordenamiento interno con las corrientes globales que desafían el orden liberal, una alianza que hoy encuentra un eco inesperado en el apoyo de los nuevos señores de la Tech como Elon Musk a la AfD alemana, un megáfono global que normaliza su agenda de derecha, y que se nutre de estrategias coordinadas con figuras como el ideólogo estadounidense Steve Bannon, ex estratega jefe de Trump y fundador de Breitbart News, quien desde su influyente podcast «WarRoom» actúa como un «reforzador» y arquitecto mediático de esta misma red transnacional.

Esta red se cimienta en un ideario profundamente compartido. José Antonio Kast y el partido alemán Alternative für Deutschland (AfD), cuya figura clave Beatrix von Storch actúa como puente directo entre ambos, han forjado una connivencia estratégica basada en tres pilares fundamentales: un nacionalismo identitario que defiende una soberanía absoluta contra lo que llaman «globalismo», una «guerra cultural» activa contra los movimientos progresistas y una visión euroescéptica y anti-establishment que busca desmantelar las estructuras de cooperación internacional.




La gira del empoderamiento y los vínculos históricos

Apenas dos meses después de su victoria, Kast emprendió una gira europea que es mucho más que un viaje protocolar. Es un ritual de integración en la internacional conservadora. En Bruselas, clausuró la VII Cumbre Transatlántica organizada por la Political Network for Values, organización que él mismo presidió entre 2022 y 2024, y que reúne a la derecha dura del continente. Luego, en Budapest, se reunió con el primer ministro Viktor Orbán, el artífice del «iliberalismo» (una ideología política que, manteniendo formalmente instituciones democráticas como elecciones, pone límites sustanciales a las libertades individuales, los derechos de las minorías y la separación de poderes en nombre de valores como la soberanía nacional, la seguridad o la tradición) dentro de la Unión Europea. Cada apretón de manos, cada foto, es un mensaje claro: Chile bajo Kast será un aliado firme del bloque que desafía el consenso progresista occidental.

Este alineamiento no es casualidad. Se nutre de conexiones personales y familiares que revelan la profundidad de los lazos entre las extremas derechas. Para entender el nexo con Alemania, es clave la figura de Sven von Storch, un empresario chileno-alemán originario de Osorno que es, junto a su esposa Beatrix von Storch, una de las líderes más polémicas del partido ultraderechista alemán Alternative für Deutschland (AfD). Sven von Storch, descrito por el influyente diario económico Handelsblatt como alguien que «sirve la política en pequeños trocitos […] para apelar a distintos intereses», es el arquitecto de think tanks y portales de noticias que alimentan ideológicamente al AfD. En 2021, fue presentado en la prensa brasileña como el «asesor internacional —tras bambalinas—» de Kast, actuando como conector clave con el entonces presidente Jair Bolsonaro.

Su esposa, Beatrix von Storch, nieta de un ministro de finanzas de Adolf Hitler, es la cara pública y confrontacional de la dupla. Ella personifica la «guerra cultural» (Kulturkampf) que el AfD y sus aliados promueven: un combate frontal contra la inmigración, el feminismo, el ambientalismo «ideológico» y los derechos LGBTIQ+. La sintonía con el discurso que Kast despliega en Europa es total. Esta conexión germano-chilena, tejida a través de los Von Storch, es un puente de doble vía: proporciona a Kast acceso a los círculos de poder europeo de extrema derecha y le otorga al AfD un aliado estratégico en América Latina. Su ascenso en Alemania, donde se perfila como posible fuerza de gobierno en varios estados en 2026, encuentra ahora un eco inesperado en el apoyo del magnate-Tech Elon Musk, quien ha llegado a afirmar que «sólo la AfD puede salvar a Alemania» y ha realizado una extensa entrevista con su líder, Alice Weidel, legitimando su discurso ante una audiencia global.

El vínculo con el pasado y la red estadounidense

Mientras proyecta poder hacia el futuro, Kast nunca ha renegado de su pasado. Al contrario, los analistas sostienen que su victoria se explica, en parte, por su capacidad de «reactivar un pinochetismo dormido«. Una encuesta reciente mostró que un tercio de los chilenos considera que Pinochet fue uno de los “mejores líderes” del país. Con un padre que fue miembro del partido Nazi y un hermano que fue ministro de la dictadura, Kast participó activamente en la campaña del «Sí» para prolongar el régimen en 1988 y, en 2017, visitó a agentes condenados por violaciones a los derechos humanos. Aunque en la campaña de 2025 evitó el tema para mostrarse pragmático, los sobrevivientes de la dictadura viven con angustia la posibilidad de indultos y un retroceso en las políticas de memoria.

Completa este cuadro la conexión con el núcleo duro de la política estadounidense. Kast, declarado admirador de Donald Trump, mantiene vínculos con el estratega Steve Bannon. Sven von Storch, su conector con Europa, también participó de la asunción de Trump en Washington en enero de 2026, donde se fotografió junto a Bannon y Santiago Abascal, líder del partido español Vox. Von Storch afirma trabajar con el grupo asesor de Trump desde hace años en estrategias para Europa y Sudamérica. Esto configura un triángulo de influencia perfecto: el movimiento MAGA de derecha a la Trump, el nacionalismo iliberal a la Orbán, y la derecha pinochetista latinoamericana, coordinándose a través de figuras como Kast y operadores trasnacionales como Von Storch y Bannon. En este triángulo, la inesperada pero significativa incursión de Musk, quien actúa como un aliado y asesor cercano a Trump, agrega una capa de influencia mediática y financiera sin precedentes.

El ideario común: la columna vertebral de la alianza

La eficacia de esta red transatlántica se sostiene en gran parte sobre un conjunto de creencias fundamentales compartidas que tanto Kast como la AfD han convertido en el eje de su acción: nacionalismo identitario y rechazo al «globalismo». Ambos movimientos basan su discurso en la defensa de una identidad nacional percibida como amenazada. La AfD promueve un nacionalismo alemán de carácter völkisch (étnico-popular) y se opone ferozmente a la inmigración, especialmente musulmana. Kast replica este marco con su eslogan «Chilenos primero«, dirigiendo su retórica contra la migración venezolana y haitiana. Juntos, comparten un profundo euroescepticismo y rechazo a la gobernanza global: la AfD aboga por la salida de Alemania de la UE y se opone a cualquier ampliación, especialmente de Ucrania, mientras Kast ataca sistemáticamente a organismos como la ONU.

1. La «guerra cultural» (Kulturkampf) como eje central: Este es el núcleo más activo de su connivencia. Beatrix von Storch, la estratega de la AfD, tiene como lema explícito «ganar la Kulturkampf para que la población acepte un programa extremo«. En la práctica, esto se traduce en una ofensiva coordinada contra lo que ambos lados del Atlántico etiquetan como «ismos radicales»: el feminismo, el ecologismo, el «marxismo cultural» y la «ideología de género». Kast, en su discurso en Bruselas, atacó precisamente estos frentes, alineándose perfectamente con la agenda que von Storch promueve desde Alemania. El antifeminismo y la defensa de un modelo de familia tradicional son el denominador común que une a las diversas facciones de esta internacional, un mensaje que también resuena con las críticas de Musk y Weidel a lo que ellos llaman la «política woke».

2. Populismo anti-establishment y desmantelamiento del Estado: Tanto Kast como la AfD construyen su relato (con pinceladas muy oportunistas pues forman parte de éstas) sobre la oposición a las élites políticas tradicionales, acusándolas de haber traicionado a la nación. Promueven una agenda de desregulación económica extrema y recorte del Estado de bienestar, inspirada en modelos como el «Project 2025» del think tank estadounidense Heritage Foundation, con el que ambos tienen vínculos. En política exterior, coinciden en un escepticismo hacia la OTAN, con la AfD pidiendo el cese de los envíos de armas a Ucrania.

3. Carl Schmitt (jurista alemán afiliado al Partido Nazi en mayo de 1933) es una referencia intelectual clave compartida por las extremas derechas por su crítica al liberalismo parlamentario y su defensa del «decisionismo«: la idea que en momentos de crisis, un líder soberano debe tener el poder de tomar decisiones excepcionales, incluso suspendiendo el orden legal ordinario. Tanto Kast (con su discurso de «gobierno de emergencia» y «mano firme») como la AfD (con su retórica sobre la necesidad de medidasdrásticas) apelan a esta lógica. La frase vincula esta admiración teórica con una acción política concreta que ambos promueven o justifican: la concentración de poder y el gobierno por decreto.

El escenario hacia adelante

La gira europea de 2026 es, por lo tanto, la confirmación pública de que el gobierno de Kast buscará gobernar con una mano puesta en el legado autoritario local y la otra firmemente entrelazada con las corrientes de extrema derecha del poder global. El desafío para la oposición y la sociedad chilena será monumental: contrarrestar no solo una agenda doméstica que promete ser profundamente agresiva y reaccionaria en lo valórico y lo social, sino también la potencia legitimadora que otorga pertenecer a una de las redes políticas internacionales más cohesionadas y poderosas (financiera y mediáticamente) de este siglo. Una red que ahora, de manera decisiva, cuenta con el respaldo público de una de las voces tecnológicas y financieras más influyentes del planeta.

Kast deja en claro que su mandato no será un asunto meramente chileno. Será un capítulo más en la batalla cultural que se libra desde Washington y otras capitales de Europa y América Latina y que ahora, irónicamente, encontrará en el Palacio de La Moneda, un escenario revestido de la historia más controvertida de Chile, uno de sus campos de operación más resonantes. La batalla, como demuestra el apoyo de figuras como Elon Musk a sus aliados ideológicos en Europa, ya se está librando en el plano global de las ideas, las narrativas y la influencia digital, mucho antes de que cualquier ley sea promulgada en el Congreso.



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