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Subsecretarías de Previsión Social y Justicia: neoliberalismo y nostalgia pinochetista

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En pocas de las recién anunciadas subsecretarías del próximo gobierno de José Antonio Kast queda ilustrada en forma tan clara la convivencia entre una corriente neoliberal en lo económico y una línea derechamente fascista en lo político como ocurre al observar las carteras de Trabajo y Justicia del venidero gabinete.

En el Ministerio del Trabajo y Previsión Social, la subsecretaría del Trabajo será ocupada por el abogado Gustavo Rosende, independiente vinculado con la UDI, y la subsecretaría de Previsión Social quedará a cargo de la economista María Elisa Cabezón, independiente e investigadora de Pivotes, el centro de estudios iniciado por el ex presidente de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), Bernardo Larraín Matte.

Una propuesta relevante de Cabezón es la de reducir los montos de indemnización por años de servicio en Chile, los que a su juicio son demasiado altos y por lo tanto desincentivan la contratación formal y limitan la movilidad laboral. La economista propone bajar esos montos a fin de entregar “más libertad” a los trabajadores y permitir a los empleadores reducir los “costos de contratación para facilitar la creación de empleos formales”. La iniciativa es un ejemplo de qué puede significar la previsión social en manos de una partidaria de precarizar estas conquistas laborales ―que ya fueron afectadas en dictadura― por medio de políticas neoliberales.

Contrario es el caso del Ministerio de Justicia, donde será el cuño más conservador del gobierno de Kast el que domine la cartera. No contento con nombrar ministro del ramo al abogado Felipe Rabat, defensor literal del dictador Augusto Pinochet, el futuro gobierno entregó la subsecretaría de Justicia al abogado Luis Alejandro Silva, ex consejero constitucional del Partido Republicano y recordado por declaraciones como “¿Por qué cresta, siendo mayoría, tenemos que llegar a acuerdos con la minoría?”, proferidas a propósito del predominio ultraderechista en el Consejo Constitucional de 2023, segunda instancia constituyente luego de la Convención Constitucional de 2021.




No terminan ahí las intervenciones citables del futuro subsecretario de Justicia. Silva también soltó en esa temporada declaraciones sobre Pinochet, a quien llamó «estadista». “Hay un dejo de admiración por el hecho de que creo que fue un estadista. Definitivamente fue un hombre que supo conducir el Estado. Supo rearmar un Estado que estaba hecho trizas”, dijo, con Cristián Warnken como interlocutor en un encuentro en el instituto Icare. Adepto pinochetista, numerario del Opus Dei, calificado por su hermano el cineasta y músico Sebastián Silva como “peligro nacional”, Luis Silva en la subsecretaría de Justicia califica como provocación. La jugada es equivalente al nombramiento de la ultraconservadora Judith Marín, una persona opuesta a los derechos de las mujeres, en el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género.

De la misma cartera de Justicia depende la subsecretaría de Derechos Humanos, que estará a cargo del abogado Pablo Mira. Proveniente del centro de pensamiento IdeaPaís, donde fue director de desarrollo y director ejecutivo entre 2023 y 2025, Mira ya trabajó en los ministerios de Desarrollo Social y Segpres entre 2020 y 2022, pero, en relación con la nueva subsecretaría que ocupará, su currículo es menor, con antecedentes como el curso Introducción a los Derechos Humanos para Funcionarios y Funcionarias Públicos que tomó en el Ministerio de Justicia en un ya lejano 2020.  Por otra parte no hay rastros en sus columnas de opinión sobre temas claves de este ámbito como el Plan Nacional de Búsqueda – Verdad y Justicia propuesto por el Gobierno saliente, ni sobre su punto de vista acerca de las violaciones a los derechos humanos perpetradas durante la dictadura.



  1. Felipe Portales says:

    Precisamente el terror y la gran mortandad provocada por la dictadura y su dilatada permanencia tuvo como objetivo fundamental generar una democracia nominal y arraigar en Chile estructuras económicas, sociales y culturales de un neoliberalismo extremo, ¡las que fueron legitimadas, consolidadas y profundizadas por nuestros seis gobiernos de «centro-izquierda» desde 1990!…

  2. Sr Portales:
    De acuerdo con lo que usted menciona,pero todos los cambios que se hicieron, fueron gracias al uso de una ametralladora. Hubo miles de muertos y desaparecidos. Ahora quiero ver mi pobre país en manos de pechoños católicos y conservadores evangélicos. Viene una gran revuelta del pueblo chileno se lo doy firmado.

  3. Felipe Portales says:

    Entre los muchos líderes de nuestra «centro-izquierda» que han elogiado la obra económica de Pinochet -además de legitimarla, consolidarla y profundizarla a través de sus seis gobiernos desde 1990- resalta Eugenio Tironi, quien en 1999 escribió (haciendo suya, además, ¡las tesis de Adam Smith!): «La sociedad de individuos, donde las personas entienden que el interés colectivo no es más que la resultante de la maximización de los intereses individuales, ya ha tomado cuerpo en las conductas cotidianas de los chilenos de todas las clases sociales y de todas las ideologías. Nada de esto lo va a revertir en el corto plazo ningún gobierno, líder o partido (…) Las transformaciones que han tenido lugar en la sociedad chilena de los 90 no podrían explicarse sin las reformas de corte liberalizador de los años 70 y 80 (…) Chile aprendió hace pocas décadas que no podía seguir intentando remedar un modelo económico que lo dejaba al margen de las tendencias mundiales. El cambio fue doloroso, pero era inevitable. Quienes lo diseñaron y emprendieron mostraron visión y liderazgo» («La irrupción de las masas y el malestar de las elites. Chile en el cambio de siglo»; Edit. Grijalbo; pp. 36, 60 y 162).

  4. Felipe Portales says:

    Quienes defendieron «exitosamente» a Pinochet para «rescatarlo» de Londres no fueron sus abogados de derecha como Fernando Rabat, sino los políticos de «centro-izquierda» como Frei RT., Lagos, Insulza y Juan G. Valdés. Y si Luis Silva calificó de «estadista» a Pinochet, Alejandro Foxley calificó su modelo económico como «una contribución histórica que va perdurar por muchas décadas en Chile»; y que Pinochet «ha pasado el test de lo que significa hacer historia, pues terminó cambiando el modo de vida de todos los chilenos, para bien, no para mal. Eso es lo que yo creo, y eso sitúa a Pinochet en la historia de Chile en un alto lugar. Su drama personal es que, por las crueldades que se cometieron en materia de derechos humanos en ese período, esa contribución a la historia ha estado permanentemente ensombrecida» («Cosas»; 5-5-2000).

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