
Manuel Cabieses, el periodista que llamó «cínico» y «sádico» a Pinochet
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Vivíamos en democracia, decían, pero no era tan cierto, porque por ahí andaba merodeando Augusto Pinochet. Desde el edificio de las Fuerzas Armadas, ubicado casi al frente del Palacio de la Moneda, el dictador hacía y decía lo que se le antojaba. Así lo hizo el 4 de septiembre de 1991 cuando le pidieron su opinión por el hallazgo de restos humanos en el Patio 29 del Cementerio General. Los cuerpos estaban siendo exhumados por orden judicial ya que existía evidencias de que se trataba de detenidos desaparecidos.
Entre los periodistas que buscaban una declaración de Pinochet estaba Mirna Schindler, del departamento de prensa de TVN. La reportera preguntó y el comandante en jefe del ejército respondió:
-¿Qué le parece que hayan encontrado incluso en una sola tumba dos cadáveres?
-¡Pero qué economía más grande! -contestó con sorna.
Así era él. Burdo y burlón. No se guardaba nada porque se sabía protegido por sus leyes de amarre que lo mantendrían durante ocho años en la comandancia en jefe y luego asumiría como senador vitalicio.
Cinco días después llegaría la respuesta de Manuel Cabieses a través de la portada de Punto Final, revista que había cofundado en 1965 junto a Mario Díaz y de la que seguía siendo director luego de haber vivido la prisión política en diversos campos de concentración, el exilio en Cuba y la militancia clandestina en Chile a partir de 1979.
“Cínico y sádico” fue el título de la edición número 247 del lunes 9 de septiembre de 1991. Los dos calificativos iban acompañados de una interpelación que pocos se atrevían a hacer en ese período denominado “transición a la democracia”. Mientras algunos suavizaban su lenguaje para no ofuscar al capitán general, Manuel Cabieses persistía en su línea de confrontación.
“¿Qué hace el gobierno y el parlamento que no exigen la renuncia de Pinochet?”, se preguntaba el director de Punto Final. Para reforzar su decisión editorial incluyó una fotografía de uno de los cuerpos exhumados desde la tumba rotulada con el número 2595 del Patio 29. Esta portada puede ser leída como un manifiesto en el que Manuel Cabieses enmarca la esfera moral del dictador (es cínico y además es sádico) y refuerza esa calidad a través de una caricatura irreverente que lo muestra sonándose con la bandera chilena.
Era tan absurdo todo lo que sucedía en el Chile de la transición que, una vez finalizadas las celebraciones de fiestas patrias, el gobierno decidió querellarse en contra de Manuel Cabieses. El 22 de septiembre de 1991 el ministro del Interior Enrique Krauss presentó un escrito en la Corte de Apelaciones de Santiago en el que aludía a una presunta violación de la Ley de Seguridad Interior del Estado.
Según el gobierno, la caricatura y las expresiones referidas al dictador debían considerarse como injuriosas y difamatorias. Así era el poder de Augusto Pinochet en esos días. Así cedían a sus presiones quienes habían diseñado el retorno a la democracia. En 1995 la Corte de Apelaciones de Santiago absolvió a Manuel Cabieses y cerró el caso. El cinismo y el sadismo que denunciaba en aquella portada de 1991 no es asunto pasado. El antiguo pinochetismo está aquí y va entrando nuevamente a la Moneda.





